sábado, 26 de julio de 2014

ACADEMIA DE LAS LENGUAS AYMARA Y QUECHUA (1935-1965)

Mural de la Municipalidad Distrital de Acora (Puno)
 Del libro "Historia de la Educación en Puno", de José Portugal Catacora, extraemos la siguiente nota sobre la Academia que fundó Julián Palacíos Ríos en 1935, precediendo a la que se fundó en el Cusco en 1937.
Un selecto grupo de educadores primarios se reunió en 1935, en Puno, bajo la iniciativa del Maestro Julián Palacios para fundar la Academia de la Lengua Aymara. Ya este educador había insinuado crear la primera academia en Lima, en 1914, pero debido a su precaria permanencia no continuó su iniciativa [1].
Los fundadores de la academia que componían aquel grupo fueron Julián Palacios, Francisco Deza Galindo, Anselmo Molleapaza, Asunción Galindo y Nora Luz Díaz de Deza [2]; todos maestros primarios. Julián Palacios era un pozo de sabiduría de cuantos conocieron la cultura indígena; es lamentable que solo haya dejado pequeños opúsculos, los cuales, como la pedagogía de Manco Cápac, el Cancionero bilingüe para niños y el alfabeto en el que tuvo activa participación, los estudiamos en este mismo capítulo.
Francisco Deza, otro pionero de la educación rural que tiene una vasta experiencia en el trato con los sobrevivientes de las culturas antiguas y esperamos que dejará escrita las informaciones de su larga actuación magisterial.
Anselmo Molleapaza, cuzqueño de nacimiento y puneño de corazón, como él solía decir, dominaba las lenguas quechua y aymara y tenía una extraordinaria habilidad para llegar y entrar a la conciencia y al corazón del indio. Murió sin dejar nada escrito.
Asunción Galindo, la educadora por antonomasia de niños campesinos, habría sido menos maestra en la ciudad. Su dominio de la lengua aymara era excepcional.
Nora Luz Díaz de Deza, maestra que le seguía en vocación a Asunción Galindo. Su calidad cultural la elevó hasta las funciones del Ministerio de Educación. Ahora vive retirada del servicio. Ojalá  que con su esposo Juan Francisco Deza dejen algo escrito, no exclusivamente para que las futuras generaciones los conozcan, sino para que conozcan las características de las culturas que pueblan todavía el Altiplano.
Todos los fundadores tuvieron por lengua materna las lenguas nativas aymara unos y quechua otros, pero al final fueron trilingües. Es oportuno expresar que en los pueblos del interior y particularmente en el Altiplano, las lenguas nativas son la lengua que se hablaba en el seno de la familia y el castellano solo en público. De este modo muchos hablábamos hasta los 10 o 12 años solo aymara o quechua.
FUNCIONAMIENTO DE LA ACADEMIA
Fundada la Academia en 1935, en un ambiente honesto de silencio, sin estridencias publicitarias, sus integrantes trabajaron disciplinadamente en ambiente de laboratorio hasta 1939, en que la creación de las brigadas de culturización, de la cual fueron miembros, les abrió la oportunidad de hacer más funcional su labor. En 1942 publican su primer alfabeto, en 1952, tras un periodo de dispersión por las labores de la brigada, se reorganizan. Y en 1960 el Ministerio de Educación reconoce su existencia oficial por R.M. Nº 16052 del mes de octubre.
Primera Etapa. La Academia de las Lenguas Aymara y Quechua de Puno, fue una organización de estudio, a la manera de las primeras universidades de Padua y Boloña. Una congregación de hombres y mujeres, pequeña, pero dedicada al estudio de un aspecto específico del problema indígena, las lenguas maternas.
Uno de sus sobrevivientes, Francisco Deza Galindo cuenta que todos los domingos se reunían con una disciplina y responsabilidad poco comunes. No se posponía, por ninguna causa ningún domingo, ni el horario se retrasaba, ni ninguno faltaba, se servían como incentivo mental un coctel de huevo con jugo de frutas cítricas y luego empezaban a trabajar, desde las nueve de la mañana, hasta las doce del día.
Reunieron toda la bibliografía existente hasta entonces, particularmente las producciones antiguas como las obras de Bertonio o Diego Torres Rubio; estudiaban el problema, sistemática y progresivamente. Esta forma de trabajo de la primera etapa es interrumpió después de cuatro años de labor cuando se crean las Brigadas de Culturización, cuyo personal lo formaron todos.
Segunda etapa. Aunque aparentemente se interrumpieron las labores de la Academia, el hecho de que todos asumieran nuevas y similares funciones, solo cambió el sistema de trabajo de la Academia; pasando del estudio en laboratorio al de trabajo de campo en contacto con el propio elemento vivo, los campesinos [3].
Juan Francisco Deza se detuvo en la comunidad aymara de Qota Cuchu y Anselmo Mollepaza, en la comunidad quechua de Qollana, en las que ambos pusieron en práctica en el proceso de alfabetización el primer alfabeto que elaboraron. Y Asunción Galindo realiza su primera experiencia en la escuela de Ojherani con niños.
Estas comunidades fueron los laboratorios funcionales de investigación, donde se probó la eficacia de gran parte del alfabeto elaborado, incluyéndose nuevas innovaciones especialmente en lo que concierne a la escritura  de las palabras específicamente nativas. Después de esta labor cambian e intercambian correspondencia con los nativos, en los que encuentran una oportunidad más para hacer nuevas rectificaciones, observando la forma como escribían los que habían aprendido a leer y escribir.
Anselmo Molleapaza Coello, con sus alumnos.
Participó en las Brigadas de Culturización Indígena
en Puno y representó a Manco Capac en las primeras
 escenificaciones de la salida del Lago Titicaca.
Y finalmente, observaron cómo los naturales leían las directivas que, en su lengua repartían desde la brigada, sobre temas de trabajo agropecuario, salud y civismo, encontrando los síntomas inequívocos de la eficacia del alfabeto preparado.
En 1944, Deza es nombrado Jefe de la Colonia de Vilque Chico y el personal de la brigada se dispersa entrando la Academia en un estado de inevitable receso.
Tercera etapa. Después la Academia, se reorganizó en 1952 con el fin de seguir estudiando y perfeccionando el tema que los preocupaba. En esta tercera etapa se incrementa su personal con Eustaquio Aweranqa Rodríguez, Alberto Paniagua Daniells, Estanislao Arce, José Patrón, José Portugal Catacora y otros más; pero perdió en mucho su tónica inicial.
En esta etapa la labor se redujo a revisar los instrumentos preparados y publicados. En este periodo se logró el reconocimiento oficial de la Academia por Resolución Ministerial expedida en el mes de octubre de 1960, con la denominación de “Academia de las Lenguas Aymara y Quechua de Puno”.
Si bien esta última etapa la academia tuvo un funcionamiento irregular, en cambio ella ha tenido la virtud de crear una mística por el problema y una actitud ejemplar por el sistema de trabajo.
VALORACION PEDAGOGICA
Su carácter pionero. Podemos calificar sin reservas de pionera la labor realizada y la existencia misma de la Academia de las Lenguas Aborígenes de Puno. Si la iniciativa nació en Lima en 1914 por inspiración de la misma persona que la fundó veinte años más tarde, la Academia de Puno tuvo una gestación anterior a la del Cuzco, que se fundó posteriormente.
La Academia del Cuzco tuvo filiales. La de Lima fue filial del Cuzco, pero la de Puno, por las razones que exponemos no fue filial del Cuzco, no solo por la cuestión cronológica, sino porque la Academia de Puno estudió dos lenguas la Aymara y el Quechua, estableciendo  afinidades básicas y principios fonéticos comunes, aunque es de suponer que el Aymara es una lengua de una cultura anterior al mismo Quechua, la cual el Imperio Inca la mantuvo reducida al Collasuyo. Las toponimias del área andina hasta el Ecuador y Colombia en el norte y de Chile y Argentina en el sur, ofrecen expresiones testigo que sustentan esto. Por ejemplo, Ambato es españolización  de  amoato en el Ecuador  y Maury es el nombre de una variedad de peces en el lago Titicaca y así se llama un río en el sur.
Identificación con el castellano. La convivencia cultural de aborígenes y españoles durante cuatro siglos y medio ha producido inevitablemente un modo de expresarse en el que entra el vocabulario nativo y español en forma indiferenciada. Algunas voces han sido catalogadas como americanos o como peruanismos por Juan de Arona primero y últimamente por Martha Hildebrandt.
Este fenómeno de mezcla o combinación de vocabulario en el habla del hombre peruano, debe considerarse como base de disposición para pronunciar palabras nativas castellanas por el órgano vocal correspondiente. Por esta razón simple y comprensible a la vista, es que el alfabeto de las lenguas aborígenes debe ser lo más similar posible al del castellano y en la realización de este tipo de alfabeto ha acertado en forma indiscutible la Academia de Puno. El alfabeto que hemos comentado llena esta condición, diferenciándose en soloen doce fonemas que son inevitables de emplear para las palabras fuertes y guturales propia de las lenguas nativas.
Facilidad de su aprendizaje. Diríamos mejor, facilidad de su uso debido a que la lengua que se desea aprender incluye el  empleo de sonidos de otra lengua ya conocida. En este caso el castellano, que es la conocida en su escritura y las lenguas nativas cuya escritura no ha sido conocida, dígase porque no la tuvo o dejó de emplearse por falta de funcionalidad, ya que como hemos indicado en otros capítulos, existen síntomas de su existencia como el verbo qelqaña  que literalmente significa escribir, repetimos, en este caso se facilita enormemente el aprendizaje y uso de la nueva lengua.
Si consideramos un alfabeto que por ser muy científico con W y la supresión de dos vocales, llevaremos a las lenguas nativas a un terreno difícil de aprender, cometiendo de este modo un atentado de lesa cultura de nuestra patria profunda. De manera que desde el punto de vista pedagógico es favorable aceptar el alfabeto elaborado por la Academia de Puno e impracticable lo que los lingüistas y algunos seguidores de éstos proponen.
José Patrón Manrique, José Portugal Catacora, Francisco Deza Galindo
Alberto Paniagua, en una actividad en Lima.
Además, hay que preguntarse qué interesa más, la ciencia o el hombre. Si es la redención del hombre lo que buscamos, hay que dar preferencia al problema humano, ya que las ciencias con el criterio de su sentido universalista se han desarrollado en forma muy abstracta.
Finalmente, no podemos olvidar que el castellano es la lengua común de los peruanos, en el que está impresa la cultura, en sus múltiples manifestaciones, lo cual determina que mientras el quechua y el aymara no tengan su alfabeto no habrá una literatura para la difusión del saber en sus múltiples manifestaciones y eso no podemos permitirlo. Hay que conducir a los campesinos al campo de la captación de la ciencia, el arte, y la filosofía, para realizar su liberación plena.

También puede ver el Alfabeto de la Academia.

Notas: 
[1] En 1914 cuando Julián Palacios Ríos era alumno de la Escuela Normal de Lima fundó la Academia Quechua Aymara en ese centro de estudios, pero no prosperó. Ese mismo año Francisco Chukiwanka Ayulo con el apoyo de Julian Palacios en lo que corresponde al aymara publicó en el N° 5 de la revista "La Escuela Moderna" el Syentifico Qeshwa Aymara Alfabeto o Alfabeto Inka de 37 letras, con 5 vocales y 17 consonantes comunes al castellano, aymara y quechua;cinco vocales fuertemente espiradas y 10 consonantes propias sólo del quechua y aymara, quedando suprimidas las H,C,V,X y Z. (Francisco Deza Galinco, "Gramática de la Lengua Aymara".1992.)
[2] Francisco Deza Galindo, incluye en el grupo fundador tambien a la maestra Maximiana Molina Galindo. Asimismo señala que inicialmente iban a trabajar con el Alfabeto Inka, pero decidieron hacer un alfabeto fonético.  
[3] En 1939 Julian Palacios, Deza y Molleapasa fueron nombrados en la Primera Brigada de Culturización Indígena en Puno. En 1940, la Brigada se publicó la Cartilla de Divulgación del Alfabeto Quechua Aymara de 32 signos. Ese mismo año la Brigada fundó la escuela de Ojerani encargando su conducción a la maestra Asunción Galindo.  

viernes, 25 de julio de 2014

Alfabeto Aymara Quechua Castellano

El problema del estudio de una lengua hay que concebirlo desde los puntos de vista del alfabeto, la gramática, el diccionario y la literatura, a lo que habría que agregar la técnica o las técnicas del aprendizaje y de su enseñanza desde el punto de vista educativo.

La Academia de las Lenguas Nativas de Puno empezó por el estudio del alfabeto, por que indudablemente es la primera cuestión básica, sin el cual no es posible llegar a su utilización. Los demás problemas los tocó subsidiariamente como el vocabulario y la guía didáctica e implícitamente la gramática.
El alfabeto
El alfabeto elaborado por la academia consta de cuarenta signos gráficos y acústicos. A continuación se presentan los cuarenta signos, con ejemplos iniciales de palabras aymara y castellano, así como quechua y castellano.
Para seguir leyendo presione Más Información:

jueves, 24 de julio de 2014

Encinas y Arguedas

José Antonio Encinas y José María Arguedas cultivaron una gran amistad y un común ideal por la educación andina. En la foto, juntos en un homenaje a la URSS en 1944, años de la segunda guerra mundial. Los invitamos a leer la historia de su encuentro en: Encinas y Arguedas.

Homenaje a la URSS en Radio Nacional. De izquierda a derecha: Ovidio García
Rossell, Enrique Barrantes Castro, María Luisa Oquendo, Jose María Arguedas
Luis Eneique Galván, Jorge Basadre, Jorge del Prado. 7 de mayo 1944.
Foto Matilde Nuñez, en "Diseñando el Perú". CILSE 1991.

lunes, 16 de junio de 2014

La Escuela luego de la Guerra del Pacífico


Parque Pino (Puno)
Del libro "Historia de la Educación en Puno" de José Portugal Catacora presentamos extractos del capítulo sobre la escuela puneña luego de la guerra con Chile, al que hemos añadido fotos y notas. 

Es poco conocida la participación de los patriotas puneños en este conflicto, aunque la segunda plaza principal de la ciudad de Puno lleva el nombre del Dr. Manuel Pino (15-12-1927 - 15-01-1881), insigne hombre de leyes quien participó y murió en la batalla de Miraflores en la defensa de Lima. Un importante trabajo del Dr. Nuñez Mendiguri ha rescatado el aporte de Puno en suministros a las lineas de defensa del Perú en el sur y en especial su contribución con numerosos hombres y mujeres, la gran mayoría campesinos quechuas y aymaras, a las fuerzas patriotas [1].

La educación en general del país, en sus tres niveles, renació sobre los escombros de la guerra con Chile. Carente de recursos materiales, sin embargo estuvo impulsado por una fuerza espiritual más fuerte que la fuerza que proviene de la energía material.
En locales destartalados, sin muebles y sin ningún elemento didáctico para niños, volvió a trabajar la escuela peruana como yerba sobre el campo eriazo.
En Puno la escuela surgió igual que las demás. Dos maestros personificaron a los educadores que le dieron vida a estas es­cuelas: don José María Miranda [2] y don Eduardo Pacheco. Si hubo al­guie
Libro del Dr. Mario Edmundo
Nuñez Mendiguri (2012)
n más, no dejo huellas como éstos.
La práctica del chauvinismo
Es indudable que la filosofía de la escuela de post-gue­rra del Pacifico fue chauvinista. Acaso fue la única vez en la historia que se utilizó el chauvinismo como instrumento educativo para formar el espíritu patriótico. Pero se redujo a menos de un cuarto de siglo.
Pues el Perú fue, es y será siempre un pueblo pacifis­ta, ya que por este espíritu los conflictos que, por razón de límites, hemos tenido con nuestros vecinos de los cuatro lados, siempre hemos arreglado, cediendo materialmente, es decir, sacrificándonos.
El chauvinismo se practicó en las escuelas de Puno en una forma emocionalmente perseverante. Cada día, al ingresar a las aulas, después de entonar el himno patrio con fervor, se re­petia con énfasis "Tacna, Arica y Tarapacá, del Perú son. Viva el Perú, muera Chile."
Durante los años que siguieron a la terminación de la guerra miles de voces infantiles han repetido esta frase y a e­llos se redujo el chauvinismo que se torno, poco a poco en algo mecánico hasta que se diluyo en la nada andando los tiempos.
Los planes de estudios
Si bien la elaboración de los programas estaban librados a la concepción libre de quienes conducían los planteles educaciona­les, el contenido de ellos no incluía nada especial que reflejase el chauvinismo de que hablamos; pues dichos planes de estudios no contenían cursos que sirviesen de instrumento al espíritu chauvinista.
Los educadores de aquella época conocían poco o nada de pedagogía; por tanto, la enseñanza era muy rutinaria. Los niños estudiaban la mayor parte de libros, como la gramática de Salazar, la historia de Caivano o la psico­logía de Jaime Balmes, en forma mecánica, memorizando páginas y páginas con puntos y comas, muchas veces sin entenderlo.
Hemos oído a nuestros padres repetir páginas de la historia de Tomas Caivano y todavía hemos conocido algunos textos como aquello de “lecciones de cosas" que eran un texto que contenía la mayor parte de las Ciencias Naturales concebidas en forma global.
Interesante obra sobre los aymaras
en el plebiscito por el retorno de Tacna
y Arica al Perú en 1921 .
Si bien aquellos maestros enseñaban en forma poco didáctica, en cambio, creemos con seguridad que eran educadores por intuición. Aunque su concepción era puramente formal y moral, cuidaban del comportamiento de los niños, las buenas maneras y costumbres, la higiene personal y el cumplimiento de la hora, con verdadero celo hasta rayar en imponer fuertes castigos a los niños de conducta "mala ó regular". En el aspecto cultural cuidaban que el niño sepa leer y escribir y las cuatro operaciones matemáticas más que los otros conocimientos.
Por ejemplo, cuidaban que los niños leyeran el “mosaico” porque en aquellos tiempos no se usaba la máquina de escribir y era más práctico que la escuela enseñara a leer las numerosas clases de letras con que la gente escribía.
Podemos afirmar sin temor a dudas que aquellos maestros, eran más educadores que nosotros en esta época, pues eso significa el cuidado de la conducta. Lo único que habría que reprocharles es el uso del castigo. Pues en esto había formas diversas de imponerlo desde la palmeta, hasta los cuartos lle­nos de calaveras.
Maestros Miranda  y Pacheco
Desde 1884 en que se reabrieron las escuelas hasta 1904 en que Juan Manuel Polar, como ministro de José Pardo, sistematizó la organización y funcionamiento de los planteles educativos, pasaron posiblemente varios maestros por las escuelas de Puno, pero la memoria social conserva mejores recuerdos de la acción de dos maestros y no de todos, porque esos dos maestros impusieron el signo de su personalidad en su obra educativa. Estos fueron Don José María Miranda y don Eduardo Pacheco.
José María Miranda  nació en Puno, era miembro descendiente de una de las familias de mayor raigambre puneña y, por tanto, insuflado del más acendrado cariño por la tierra y por la patria; dos senti­mientos que demostró plenamente en su vida posterior.
En su primera juventud fue testigo presencial de la cruel y despiadada invasión chilena al Perú. La remembranza de los ultrajes que sufrió en carne propia engendró en su espíritu un indisimulable odio por Chile, que afloró con sentimiento sincero en la orientación que dio a la escuela cuando le tocó la suerte de ser maestro. Muy Joven asumió la dirección de la única escuela popular que existía en Puno; al reabrirse esta después de la guerra del 79, le toca en suerte reconstruir la escuela destruida por los chilenos. Sobre los escombros de la guerra abrió su escuela en 1884, sin local y sin muebles, pero con esfuerzo denodado volcó todo su empeño y la escuela insurgió y los niños puneños acudieron a sus aulas y sus enseñanzas.
Su mayor preocupación fue preparar a los nuevos puneños y peruanos para rescatar Tarapacá, Tacna y Arica, que se nos despojaron injustamente. Aunque en todos los planteles se repitieron, posiblemente fue él quien acuño aquellas expresiones para hacer vibrar el patriotismo de las generaciones que educaba: "Tacna, Arica y Tarapacá del Perú siempre serán. Viva el Perú. ¡Muera...Chile!
Cuando más tarde fue elegido diputado por Puno, en el parlamento insistió en su idealismo, desde el punto de vista político. Pero la política internacional y la presencia mediadora de los Estados Unidos, se sobrepuso a la política de Miranda.
Hoy, ya nadie piensa en el rescate, aunque la descon­fianza en la actitud de Chile, renace en todo momento; parece que el destino de los pueblos de América, especialmente del sector Andino, cambiará y los ideales de Bolívar acaso se tornen en realidad.
De Eduardo Pacheco se sabe poco o nada de su nacimiento y su niñez. Lo único que se sabe de él es que fue un maestro a carta cabal. Desde muy joven se inició, en la escuela de Miranda y de él heredo el patriotismo chauvinista con que insufló su labor.
Cuando Miranda fue elegido diputado, Pacheco tuvo su propia escuela y por sus manos discurrió la vida infantil de de­cenas de generaciones.
Le llegada de Encinas a Puno y el auge que tomó la Es­cuela 881 bajo su dirección absorbió a la niñez puneña y Pacheco tuvo que cerrar su escuela, pasando a ocupar un auxiliarato en el plantel 881, donde aún hemos tenido la suerte de conocerlo [3].
Pacheco y Miranda, le dieron la misma tónica chauvinista a la escuela peruana de post-guerra en Puno, pero Pacheco era más docente que Miranda. La prueba está en que Miranda resbala hacia la política que siempre desnaturaliza al maestro, los bue­nos maestros que llegaron al parlamento, salvo Encinas, siempre distorsionaron su personalidad por lo menos en el consenso social. En cambio Pacheco siguió en su puesto de lucha, como los antiguos espartanos hasta caer sobre el escudo.
Las escuelas de Miranda y Pacheco exigen unas páginas en la historia de la educación de Puno y del Perú. Con este criterio emocional juzgamos la obra de la es­cuela de post-guerra del pacífico, dirigidos por estos dos edu­cadores guiados por el mismo idealismo.
Miranda y Pacheco fueron dos héroes civiles porque so­bre los escombros de la guerra levantaron una escuela, la sostu­vieron y le dieron prestigio y prestancia.
Hubo en la vida y la obra mucho de sacrificio y hasta de heroísmo. Pues, educaron en tiempos en que el erario nacional no contaba con un centavo, pero las nuevas generaciones exigían a gritos educación. Como en su niñez asieron la leche con amor, sin plata, pero con gran espíritu humano y nacionalista.

NOTAS

[1]  En un libro muy bien documentado, Nuñez Mendiguri señala el aporte económico y material de los hacendados de Puno y de la población en general. En especial destacan sus referencias al aporte de las mujeres que organizaron en muchos pueblos talleres de producción de uniformes entregados gratuitamente.  "Un rol muy importante de las mujeres durante la guerra fue el de las mal llamadas rabonas, mujeres que acompañaron a las tropas...estas mujeres quechuas y aymaras que descalzas siguieron el desplazamiento de la tropa durante las batallas de Tarapaca, siguiendo al batallón Zepita N° 1 y más tarde al batallón Victoria N° 15 en Arica y Tacna, también estuvieron en la batalla del Alto de la Alianza". (Nuñez Mendiguiri, Puno 1912).

[2] José Maria Miranda fue maestro de José Antonio Encinas quien lo menciona y reseña su labor en "Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú".

[2] Pacheco fue profesor de José Portugal Catacora cuando éste terminaba la primaria en 1926 y cuenta esta anécdota en el libro: "Un día me asomé a la puerta de la clase del maestro Pacheco, los niños, en un griterío de más de cincuenta voces, le pedían ¡cuento! ¡cuento!.  Y el maestro, no sé si porque se le agotó el repertorio o por que debían hacer otra labor, se desgañitaba gritando su negativa, sin lograr poner el orden. Tímidamente entré y le dije, yo puedo contarles cuentos, señor...Les conté unos de esos cuentos largos que nunca terminan y los niños estuvieron calladitos...Desde aquella tarde frecuentemente iba a contar cuentos a los niños del maestro Pacheco, quien cierto día me toco por el hombro y me dijo: El que sabe contar cuentos a los niños puede ser un buen maestro; porque no te dedicas a ser maestro, más tarde. La insinuación del maestro fue indudablemente profética".

domingo, 4 de mayo de 2014

Niños del Altiplano

CAZA DEL LIBRO

A Luis Xxxx con especial distinción intelectual. Lima 1979. J. Portugal, así reza la dedicatoria de mi más reciente pesca submarina: Niños del Altiplano de José Portugal Catacora, un educador puneño, discípulo de José Antonio Encinas, autor de varios textos para estudiantes en los que rescata prácticas sociales tradicionales, flora, fauna, magia de la meseta con el lago más alto. Relatos étnicos es la nomenclatura con la que especifica el género en el subtítulo.

Lo hallé entre rumas empolvadas. Siempre lo mejor en remate. Entre sus páginas avizoraba la promesa… palabras, prácticas, conceptos del mundo aymara que desconocía: chijma, lari, qepi, huichuña… que quizás se encuentren en desuso por significar retraso para algunos muchos. Narra las costumbres y el sentir altiplánico desde el enamoramiento, la concepción, el nacimiento… con naturalidad.

Puedo imaginar a partir de los retazos. Por los demás títulos desperdigados… revistas de etnografía, geografías de Puno, compendios históricos del sur peruano… imagino la biblioteca de Luis Xxxx, violentada por los descendientes y peseteada al borde del Rímac… Así, una de las esquirlas, una pieza arqueológica, llega a mis manos y se abre toda una puerta.

No sabía nada de Portugal Catacora. Hoy, día del libro, tomo el suyo y cuento su trayecto hasta mí sin resistirse; este objeto anticuado y eterno es la llave. No conozco mucho de la incansable gesta del profesor Portugal por legar a sus estudiantes un hilo hacia sus orígenes, hacia la construcción de su identidad, hacia la justa medida de las maravillas que el ser humano puede lograr más arriba de los 4000 metros, allí “donde los hombres blancos creen que los “indios” viven como bestias".


(Tomado del post de madrepora . Venciendo el tiempo "Niños del Altiplano" (1979) sigue cumpliendo su propósito de hacer conocer y apreciar el rico mundo de los niños aymara. El cuento que se cita al final del post se puede leer en Idilio Pastoril )

sábado, 3 de mayo de 2014

Remembranzas de Acora


Acora en los años cuarenta del siglo XX (Foto del albúm de Martín Portugal Catacora)
En 1954 José Portugal Catacora escribió su libro inédito "La Villa de Acora", en cuyo prólogo dice "Este libro ha sido inspirado por esas fuerzas internas que nos unen a la tierra en que nacimos. Y sus paginas han sido escritas con la actitud mística con que nuestros yatiris, los magos del Ande, ofrendan a la tierra libros de oro y plata con hojas de coca. Nosotros hemos hecho un libro solamente con hojas de papel, pero en sus páginas hemos puesto todo el oro y la plata que brotan del corazón y del cerebro como devota ofrenda a la tierra nativa"

En el 160 aniversario de la creación política de Acora como distrito de la Provincia de Puno, publicamos esta remenbranza extraída de "La Villa de Acora", que se suma a los textos de dicho libro incluídos en este blog en la página ACORA con la historia y leyendas de este antiguo pueblo, corazón de la cultura aymara en el altiplano.

La carretera panamericana atraviesa el altiplano peruano, en su tramo Puno-Desaguadero,como una gigantesca sierpe que se desenvuelve plizando pampas y praderas, quebradas y colina, que circundan el lado occidental del milenario Titicaca. A la vera de esta majestuosa autovía abierta por los nervudos brazos del indio de las punas se levantan numerosos poblados a manera de nidos de cóndores. Uno de estos centros poblados es Acora situado a 3,941 metros sobre el nivel del mar y a 35 kilómetros de la ciudad de Puno.


Para los ojos del viajero que se dirige hacia la frontera con Bolivia, al cruzar el pueblo de Chucuito, emergen sobre la pendiente de una colina situada a la derecha del camino carretero y limitando una dilatada pampa, las torres de los templos que anuncian la presencia de una población de prosapia colonial. Y para quienes se dirigen desde los pueblos de la frontera hacia la capital del departamento, apenas se han cruzado los linderos de Ilave, aparece Acora como un conjunto de casas de techos grises y de paredes rojas o blancas esparcidas a la caida de una colina de grandes proporciones, a manera de un pueblo indio. Sólo visto del lado oriental, desde la inmensa pampa que rodea a la colina que lo protege, se observa su auténtica calidad de pueblo mestizo, mezcla de lo indio y lo español, en que se puede apreciar fácilmente las épocas de su evolución histórica.
Plaza de Acora en la actualidad: Iglesia San Juan

El primitivo pueblo de nativos queda al pie de la colina en Olleria o en Tancani; yendo más lejos Quellojani y Chunchulaya hacia el sur o en Chusamarca y Chamchilla, hacia el norte. Es que los nativos peruanos levantaron sus viviendas al pie de cerros, apus totem tutelares protegidos por el familiar de estos elementos que representaban la encarnación de sus antepasados hechos dioses. En cambio, el pueblo que edificaron los españoles se ubica sobre la pendiente de la colina, porque ellos levantaban sus tiendas de conquista siempre en las partes altas, con criterio de dominio, con finalidad estratégica para defenderse. Por eso Acora, como Chucuito, Juli y Pomata, que adquirieron influencia colonial, se ubican sobre colinas pétreas en su fase que parte desde la conquista.


Ahora, sí lo indio aparece a los costados y lo español en la parte alta de la colina, el pueblo devenido de la conjunción de ambas esencias raciales, se edifica en la parte baja de la colina.


La carretera panamericana cruza el pueblo por el corazón mismo del barrio bajo, por la plaza del barrio cholo, el barrio nuevo. Este barrio denota a las claras la lucha por sobrevivir y renovarse con su plaza pavimentada con cemento y en cuyo centro se yergue una artística pila de piedra.

En el frente norte se encuentra el templo de San Juan de sillar blanco con techo de calamina. Hacia el oeste se levanta la casa municipal con dos pisos y rodeada de casas de nueva edificación, hacia el sur esta la casa de los Arroyo con dos pisos, casa que tiene tradición histórica y familiar. Y hacia la parte oriental se hallan casas de paja y calamina.

Dos calles empedradas de regular inclinación conducen desde la plaza hacia la parte de arriba o barrio viejo. Subiendo por una de ellas se llega a la Plaza de San Pedro donde se levanta el templo de proporciones catedralicias. Hacia el sur se mantiene pulcramente conservada una casa pajiza de dos pisos, la casa de los Peñaranda otra casa de tradición histórica. Y en los frentes restantes solo quedan paredes de antiguos caserones que a juzgar por las proporciones de sus restos se advierte que fueron edificaciones de importancia.


Subiendo de esta plaza al cerro por una calle pendiente que aún conserva su antiguo empedrado, se llega varias cuadras arriba a la plazoleta triangular sobre la que apenas quedan muros derruidos de una pequeña iglesia, que existió en los primeros tiempos de la Acora conquistada.
Paredones de la casa de los cacique Catacora
Foto: J.L. Ayala, "Juan Basilio Catacora" 2009.

Por la otra calle que se desprende de la plaza San Juan, recorriendo siempre calles en pendiente, pero mejor empedradas, se llega a la plazoleta de la Inquisición, de forma rectangular donde se levantaba la picota para los herejes juzgados por el Santo Oficio. En un ángulo de esta plaza quedan unos paredones de la famosa casa de los Catacora, los caciques fundadores de Acora.  

Por una calle que se desprende de uno de los ángulos de la plazoleta hacia el sur se llega a otra plaza de forma rectangular de considerable extensión en cuyo extremo sur se halla un arco colonial, transponiendolo se encuentra el templo de la Concepción, hoy sólo en paredes que soportan una cúpula de piedra. 

Sobre la plaza queda aún casas, entre las cuales se encuentra la famosa casa del Colliuyo de los Vásquez en cuyo interior existe un árbol de ccolli que a juzgar por el extraordinario grosor del tronco y del follaje tupido y de grandes proporciones, es un árbol centenario.


Ahondando la observación del barrio viejo, presenta casas con portadas de piedra labrada y una que otras inscripciones nobiliarias cuyos interiores son patios amplios, rodeados de plantas de jardinería que le dan aspecto señorial. Algunas viejas paredes presentan cimientos de casas solariegas y vestigios de arquerías de las cuales se dice son restos de claustros de conventos jesuitas o dominicos. En cambio en el barrio nuevo, las casas presentan sencillas portadas, pequeños patios y una arquitectura simple.
Iglesia "La Concepción" en el camino principal desde Puno,
construido sobre el Qapaq Ñanm. Ya no existe.

Haciendo síntesis, la población de Acora debió ocupar en los tiempos de su mejor florecimiento hasta 400 hectáreas, aun más debió ser tan populosa que llegó a tener cuatro templos, tres plazas y dos plazoletas, amén de convento y hospital. 

Cada ciudad posee varios lugares de esparcimiento, son lugares para los paseantes y las citas amorosas. Acora cuenta también con esta categoría de lugares: Huacuypaja, con su pastizal perfumado de trébol y grama, Pacca.amaya con sus peñolerias lustradas por el tiempo en los barrios altos, y Chuchiri con su manantial cristalino y su arroyo rumoroso y Ancco Cruz con su cruz blanca situada a la vera del camino.

sábado, 12 de abril de 2014

Teatro Puneño III Folklore y teatro

Eustaquio Rodriguez Aweranka de pie en el centro
Sentados Alejandro y Arturo Peralta, 
Actores de teatro
Los elementos que han actuado y que han cumplido una labor estable en los conjuntos improvisados, son tan numerosos que sería difícil hacer siquiera una referencia enumerativa, no solamente por el hecho de que hayan tomado parte en las presentaciones teatrales como actores, sino por la razón especial de que se han advertido en aquellos elementos, notables aptitudes que  desgraciadamente se han perdido absorbidos por la vida monótona provinciana. En un ambiente de auspicio para dichas aptitudes cuántos artistas habrían descollado con grandes posibilidades.

Sin embargo, debemos mencionar a Eustaquio Rodriguez Aweranka [1] como prototipo del actor de teatro indigenista. Aweranka, además de su valioso y esforzada contribución coreográfica al teatro puneño se ha revelado como interprete fiel de temas vernaculares.

Entre los interpretes del teatro general que suscitaron gran animación en Puno tenemos a Julio Jesús Arguedas [2] a quien podemos considerar como actor y mentor del teatro en Puno. Hernán Burgos y Alfónso de la Quintana han dejado también huella de gratos recuerdos como actores de apreciable capacidad.

En la provincia de Melgar conocimos la magnifica capacidad de Enrique Bueno Morales y de Luis Bejarano. Cuántos actores de las demás provincias deberían ser mencionados con justicia.

Aquí cabe agregar la actuación de los artistas Alfredo Nava y Milagros de Briones, tenor puneño el primero y cantante española con residencia familiar en Puno la segunda. Ambos han sido en los últimos tiempo los participantes insustituibles e  infalibles de toda presentación teatral. Y su actuación siempre supo suscitar en cada oportunidad aplauso y admiración, tanto por la calidad de las piezas clásicas que ejecutaban como por el talento artístico con que las interpretaban.

Últimamente ha descollado Jorge Serruto, joven artista que seguramente es el primero de los aficionados puneños que llegará a ser actor profesional pues actualmente esta becado en la Escuela Nacional de Arte Escénico.
Maestros Puneños: Añberto Paniagua, autor de las obras "
"Luthatani" y "Florandina". Tercero de pie. Sentado en el
centro, Julián Palacios Ríos

La Coreografía y el Teatro

El teatro y la coreografía vernaculares se han desarrollado en forma consustanciada en Puno. La ingente heredad de danzas y bailes con que cuenta Puno y que actualmente son practicados por los pobladores nativos de la altiplania en general, han servido de material para incrementar el arte teatral, imprimiéndoles un sentido tipicamente puneño. Podemos especificar en tres sentidos, como lo coreográfico vernacular se ha utilizado en el teatro:  1° con carácter autónomo, 2° como aderezo de los temas teatrales, y 3° como fuente de producción teatral.
Manual A. Quiroga, notable
indigenista puneño

Desde el primer punto de vista, una serie de danzas y bailes han sido utilizados especialmente como número números de variedades con los que se matizan las interpretaciones de obras de teatro.

Desde el segundo punto de vista, la mayoría de las obras teatrales ya sea en sus finales o escenas intermedias están aderezadas con bailes y cantos incluidos en el nivel escénico, dando  su colorido y agilidad a las obras teatrales. 

Y desde el tercer punto de vista algunas danza nativas han servido de motivo para interesantes obras como es es el caso de "Los Choquelas" de Quiroga y con "Cachuas" de Alaiza.

El Folklore y el teatro

Además del tipismo que la coreografía ha impuesto al teatro puneño debemos agregar la motivación folklórica que domina en todas la obras de teatro de la altiplania.

El canto popular con sus vibraciones sentimentales que hablan del corazón y el espíritu del hombre altiplánico, hecho armonía y gritos de angustia, no falta casi en ningún juego escénico teatral. Muchas de las obras están inspiradas en toda su trama en cantos populares que arrastran la emoción canónica de los pueblos. 

Las anécdotas de la vida cotidiana con su salero que suscita emociones festivas contribuyen siempre a los aspectos cómicos de las obra sen general. 
Maestros en el Instituto Experimental de Educación
de Puno. Oswaldo Nuñez Geldres, segundo sentado.


Los apólogos son utilizados con frecuencia para dar a las escenas cierto sentido de seriedad admonitiva.

Las leyendas, las fábulas y los cuentos populares se hacen también presentes como la "Leyenda de la Kantuta" de Macedo Arguedas,  sutil interpretación de una bella leyenda nativa.

Dos palabras de Juicio

El mayor y más importante problema que nuestro país ha confrontado en nuestro siglo es el problema inígena. Hasta hace 20 o 25 años era de exclusivo carácter social, problemas de nuestros artistas, intelectuales y  escritores. Y si los políticos lo trataban con frecuencia en sus campañas era simplemente coo plataforma. Entonces era imperativo cultural que el movimiento literario, en todos sus aspectos, encarase elste problema. Y el teatro lo encará en forma manifiesta y eficaz. Ello explica por qué todos los autores puneños se inspiraron en temas indígenas e indigenistas, con el signo orientador de las caraterístcas a las que ya ns hemos referido. 

Pero en estos últimos tiempos el problema indígena ha entrado en a categoría de los problemas estatales. Ahora ya son nuestros gobiernos quienes se preocupan por su solución. Incluso se celebran congresos nacionales e internacionales sobre su planteamiento. Por lo tanto, la preocupación actual de las elites culturales es sólo de sentido colaborador, ya no agitador como antes.

Este proceso evolutivo ha influido poderosamente en la producción teatral. Por eso, nuestro teatro actual ya no es exclusivamente indigenista. Ya trata de encarar problemas de la vida mestiza o chola, como lógico resultado del estado de nuestros problemas sociales.

"Cholita flor de Aleli" de Macedo Arguedas, "Florandina" de Paniagua y las dos producciones de Nuñez Geldres son elocuentes expresiones de nuestra afirmación.

Tales son, en síntesis, las caracteristicas y la orientación social del teatro puneño de las últimas tres décadas.

JOSÉ PORTUGAL CATACORA. 1953. En el N° 2 de "Escena" Revista de la Escuela Nacional de Arte Escénico. Lima.


NOTAS

[1] Eustaquio Rodriguez Aweranqa (Puno 1890-1968) formó parte del Grupo Orkopata y del Grupo Teatral Orkopata.
[2] Julio Jesús Arguedas Cortavitarte (s.f - 1983). Activo promotor cultural y diputado por Puno (1956). Documentó la existencia de 460 danzas en Puno. 

domingo, 16 de marzo de 2014

Pleito entre el Pucu Pucu y el Gallo

 I
Fuente dibujos: Luz Marina Chahuares 
PUCUS, pucus, pucus…
Cantaba el Pucupucu todas las madrugadas.
Tenía la misión de dar la bienvenida al nuevo día.
Rendir culto al padre universal, el Sol, a su salida era su deber.
Durante siglos, sus antepasados habían hecho lo mismo.
Su vida sencilla y sobria transcurría en el campo.
Buscaba sus alimentos entre los granos de la pradera.
Nadie había perturbado su tranquilidad e independencia campesina.
 
II
Una mañana le sorprendió escuchar una voz estridente:
 -¡Cocorocó! ¡Cocorocó! ¡Cocorocó!
 Era el extranjero, Werajocha, que le disputaba su derecho de anunciar la llegada del nuevo día.  
La mañana siguiente se repitió el canto del Qoqoruchi.
Ya era intolerable esta situación.

III
Pucupucu estaba en la obligación moral de hacer respetar la tradición de sus antepasados.
No podía permanecer indiferente por más tiempo.
Se decidió a buscar al usurpador de sus derechos.
Se encaminó enseguida en busca del Gallo.
Lo encontró y le expuso el objeto de su visita: 
-Mi misión es la de anunciar el amanecer de cada día.
Nadie tiene derecho a hacer lo que me toca.
Esa ha sido la costumbre de mis antepasados.
-Usted, señor Qoqoruchi, no debe cantar en las mañanas.
El gallo como única respuesta sacudió sus alas, alargó el cuello y lanzó un grito enérgico:
-¡Cocorocó!
La disputa fue acalorada.
Ninguno cedía su derecho al canto mañanero.
Al fin acordaron llevar su queja a conocimiento de las autoridades del pueblo más próximo.

IV
Pucupucu entonó la mañana siguiente su acostumbrado canto:
-Pucus, pucus, pucus…
Era el anuncio de que emprendía el viaje a la ciudad.
Iba a exponer su queja ante el Juez. Estaba seguro de obtener la justicia.
El Gallo, por su parte emprendió también el viaje, pero tuvo que hacerlo por tierra, caminando.
Llevaba provisiones suficientes para algunos días.
Confiaba ganar el pleito con su arrogancia y buen tono de caballero.
A la vera del camino le salió al encuentro un Ratón.
-Werajocha –le interrumpió- permítame pedirle un favor.
-Diga su demanda –repuso el Gallo.
-Tenga la bondad de favorecerme con un poco de alimento para mis hijos que sufren hambre…
-Siento mucho. No puedo acceder a su demanda. Voy a la ciudad a sostener un pleito y no sé si mis provisiones me alcanzarán.
Insistió suplicante el Ratón:
-Si usted tiene asuntos judiciales –le dijo- yo puedo ayudarle eficazmente. Tengo experiencia y estudios especiales al respecto.
Con su insistencia y zalamería, convenció al Gallo y obtuvo un poco de cancha, pero tuvo que acompañar al nuevo amigo que consiguió.
Se presentó una dificultad en el camino. Había un río difícil de atravesar. El Gallo se quedó perplejo ante este inconveniente.
Pero el Ratón le enseñó la manera de pasar el río.
Tomó unas pajas y yerbas, formando un bulto, lo empujó al río y se prendió. Pataleando consiguió ganar la orilla del frente, aunque tuvo que dejarse llevar un buen trecho.
El Gallo hizo lo mismo y pasó el río.
Con esta acción se ganó la confianza del Gallo.

V
El Gallo y el Ratón llegaron al pueblo cuando el Pucupucu ya descansaba y distraía el tiempo con un amigo que le daba consejos.
Media hora después, los recién llegados, Pucupucu y el Gallo, acompañado del Ratón, estaban ante el señor Juez.
-Señor Juez –expuso el Pucupucu- yo tengo el derecho de anunciar la llegada de cada nuevo día con el canto. Mis antepasados hicieron lo mismo desde tiempos inmemoriales. Ahora este señor Gallo, un extranjero recién llegado trata de usurparme mi derecho.
-Bien, presente su demanda por escrito –dijo el Juez.
El Gallo, por su parte expuso:
-Señor Juez, yo he adquirido el derecho de cantar al amanecer del nuevo día, por los esfuerzos personales de mis padres en la conquista de este país.
…Presente su alegato por escrito, volvió a decir el Juez.
Asintieron ambos y fueron a buscar quién les haga el recurso en el respectivo papel.

VI
Una hora más tarde, los quejosos de ambas partes volvieron al Juzgado, llevando sus recursos escritos.
Pucupucu entregó su papel.
…Está bien –advirtió el Juez.
El Gallo, por su parte, entregó también su recurso.
…Bien dijo el señor Juez, debo anunciarles que mañana a la hora del despacho se verá y resolverá vuestra demanda. Pero es necesario que ustedes no molesten al vecindario con jaranas ni escándalos, como acostumbran hacer los que vienen del campo. Yo observaré si efectivamente son exactos en anunciar el amanecer del nuevo día. Espero que todas las señales las den a la hora exacta.
Al decir esto hizo ver su reloj.


VII
Al retirarse, dijo el Ratón al Gallo.
…El Juez tiene reloj. Es necesario que consigamos un reloj, para que cantes a las horas exactas, como ha advertido la autoridad. Si no hacemos eso, el pleito está en peligro de perderse.
En seguida buscaron el reloj y lo consiguieron después de vencer algunas dificultades.
En el alojamiento, cuando ya era de noche, el Ratón volvió a tomar la iniciativa, diciendo:
-¿Qué te parece, Gallo, si voy a sustraer el recurso del indio y lo hago desaparecer? 
…¡Magnífico! –repuso el Gallo.
El tinterillo fue al Juzgado, entró por un hueco, subió a la mesa, arrastró el papel hasta llevarlo detrás de unos cajones y lo ratoneó hasta hacerlo añicos. Pronto regresó y dio cuenta de lo que había realizado.
Luego volvió a proponer:
-¿Qué te parece si ahora voy y le robo la copia que Pucupucu debe tener en su equipaje?
-¡Espléndido! –dijo el caballero.
Y el Ratón fue al alojamiento del Pucupucu. Lo encontró durmiendo tranquilamente. Entonces le buscó el atado y consiguió sacar la copia y llevarla para destruirla a la vista del Gallo.

VIII
-¡Pucus! ¡Pucus! ¡Pucus!...
Cantaba el ave del campo, cada vez que despertaba y creía que era oportuno.
Mientras tanto el Gallo y el Ratón estaban consultando el reloj. A las cuatro de la mañana en punto, el español comenzó a cantar.
¡Cocorocó! ¡Cocorocó! ¡Cocorocó!
A las cinco y a las seis hizo lo mismo.

IX
A la hora del despacho, como había ordenado el Juez, comparecieron los litigantes sobre el derecho de hacer amanecer.
Sentado ante una mesa antigua llena de papeles, un tintero y un crucifijo encima, estaba el Juez.
Solemnemente, con voz firme y afectada, la autoridad requirió:
-¿Quién es el demandante?
-Yo, señor Juez –dijo el Pucupucu.
-¿Dónde está su escrito? –preguntó.
-Le entregué ayer a usted. Lo puso sobre la mesa.
El Juez buscó y no lo encontró.
-No está aquí –le dijo- ¿No tiene usted la copia?
-Sí debo tenerla –repuso con alguna esperanza el Pucupucu.
Buscó su atado y no halló la copia. Se desesperó el indio, pero no estaba el papel.
Entonces el Juez volvió al Gallo y le dijo:
-¿Dónde está su recurso?
-Debe de estar en su mesa señor Juez.
El Juez encontró inmediatamente el papel y lo leyó.
-Muy bien –dijo y prosiguió. Usted ha dado las horas con exactitud y su recurso está en forma.
Y refiriéndose al Pucupucu le dijo:
-Usted ha molestado con sus cantos a toda hora, a pesar de mi advertencia. Así siempre son los indios que vienen del campo. Se emborrachan y fastidian. Además no tienen sus papeles en su lugar. Luego, declaro, a nombre de la ley, que el señor Gallo es el que tiene el derecho de dar las horas, con su canto sonoro, todas las mañanas.

X
Así perdió el Pucupucu su derecho legal a saludar a la llegada del nuevo día.
Desde entonces, el Gallo es muy cuidadoso y engreído en la casa de los caballeros; come buenos granos de arroz, maíz, trigo, etc. Mientras el pobre Pucupucu vive en el campo, abandonado a la intemperie, sin casa, sin abrigo ni alimento seguro.

XI
¡Pucus! ¡Pucus! ¡Pucus!
Siguen cantando ahora muchos Pucupucus en el campo.
Esperan el amanecer de un nuevo día muy alegre.
Acarician la esperanza de ver alumbrar el Sol de la justicia para todos.
¡Ese día ha de llegar!.
No lo dudan los Pucupucus del mundo.


Julián Palacios Ríos

(Tomado de "El Cuento Puneño" (1955) de José Portugal Catacora)
Puede ver también la historia detras de este cuento: http://joseportugalcatacora.blogspot.pe/2014/03/pucu-pucu-y-el-gallo.html