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domingo, 30 de agosto de 2015

Mi hermano Pepe

Strasbourg - Francia 28/Junio/1963
"Siempre me ha gustado mirar lejos en busca de nuevos horizontes y de superación, pero aquí estoy buscando, en la lejanía de un paisaje extraño, el amor y el abrigo de nuestro hogar, para mi lejano, pero presente siempre en mí, como una fuerza inspiradora y vivificadora de ideales" (Reverso de la foto).

Pepe nació el 1° de setiembre de 1934, en Ayaviri, Puno. Hace algún tiempo le dedicamos en este blog una nota que hemos actualizado con fotos de cuando viajó a estudiar a Francia (1962).

La emotivas postales que enviaba desde allí, reflejan bien la ternura de nuestra madre y el idealismo de nuestro padre. Se le extraña.


viernes, 15 de marzo de 2013

José María Arguedas en el recuerdo (iii): educación bilingüe

Arguedas en una actividad de la Casa de la Cultura 1963
De izquierda a derecha: Francisco Miroquesada, Washington Delgado, Carlos Cueto Fernandini

En 1963 José María Arguedas fue nombrado Director de la Casa de la Cultura puesto desde el cual realizó una importante actividad plasmada, por ejemplo, en la publicación de la revista Cultura y Pueblo y otras iniciativas.

Los aires renovadores que parecía ofrecer el primer gobierno (1963-1968) del arquitecto Belaunde Terry, hicieron pensar a Arguedas que quizás era oportuno poner en el tapete un tema largamente pendiente en la educación peruana, como era el empleo de la lengua nativa, quechua y aymara, en la educación de los niños indígenas, iniciativa que fue motivo de un entusiasta intercambio de ideas con José Portugal Catacora, a quien había conocido en 1950 y trabajaba en el Ministerio de Educación.  

Desde la dirección de la Casa de la Cultura, Arguedas promovió la realización de una “Mesa Redonda sobre el Monolingüismo Quechua y Aymara y la Educación” [1] que se realizó en tres sesiones el 20, 21 y 24 de noviembre de 1963 en el local de la Casa de la Cultura. Se trató de un evento de alto nivel y las ideas que allí se expusieron repercutieron a la larga en lo que ha sido la política educativa intercultural en el Perú, la cual obtuvo partida de nacimiento recién en 1972 con la “Política Nacional de Educación Bilingüe” del gobierno militar de entonces.

En la Mesa participaron 20 distinguidos intelectuales en tres grupos. Los lingüistas entre los que se encontraban Luis Jaime Cisneros, Alberto Escobar, Martha Hildenbrant, José Jiménez Borja, Teodoro Meneses, Inés Pozzi Escot y Eugenio Loos; los educadores con Emilio Barrantes, Carlos Cueto Fernandini, Salazar Bondy y los funcionarios del Ministerio de Educación, Alejandro Rivera Ramírez, Director de Educación Elemental y del Adulto, Luis Marroquín, Director de Educación Normal y Portugal Catacora, Coordinador Pedagógico de la Dirección de Educación; y los antropólogos con el propio José María Arguedas, John Murra, Luis E. Valcárcel, José Matos Mar, Oscar Núñez del Prado y Aníbal Buitrón.

El objetivo de Arguedas era que el evento culmine con un acuerdo sobre la necesidad  que el Ministerio de Educación iniciará, al menos a nivel experimental, el uso de las lenguas maternas en la educación elemental y la alfabetización de adultos. Pero, no fue así, pues no sólo no asistió la Directora General de Educación, sino que los otros Directores del ministerio estuvieron presentes sólo en la primera sesión. Por ello, sin ocultar su desazón, Arguedas señaló en la clausura de la Mesa:

 “La Dirección de la Casa de la Cultura, alentaba como una de sus esperanzas principales la  posibilidad que se demostrara lo que aquí se ha demostrado, es decir que la educación en el Perú es un problema muy complejo que no compete únicamente a los educadores sino igualmente a los lingüistas y a los antropólogos. Las conclusiones a las que llegáramos debían ser trasmitidas al Ministerio de Educación; pero nuestra aspiración era que los señores Directores del Ministerio de Educación estuviera aquí con nosotros; desventuradamente es gente muy ocupada y sólo los tuvimos la primera noche. Nos ha acompañado, por fortuna, en estas fechas un funcionario del Ministerio de Educación que técnicamente tiene una jerarquía muy alta aunque no desde el punto de vista ejecutivo, me refiero al Profesor José Portugal Catacora” [2].

 Los vaivenes de la burocracia y la política, habían colocado por entonces al maestro puneño, en el cargo de Coordinador Regional, un cargo ciertamente menor, pues antes había desempeñado el puesto de Sub director de Educación y más tarde llegaría a ser Director de Educación de Lima Metropolitana (1967).
Portugal Catacora en el Ministerio de Educación, en los años sesenta-
A su derecha el maestro puneño José Patrón Manrique


Aunque el evento no tuvo la acogida esperada en el caso del Ministerio de Educación, lo cierto es que el rico intercambio de ideas y el alto nivel de la Mesa Redonda, permitió dilucidar diversos puntos de vista, no sólo en relación a la conveniencia del uso de las lenguas maternas, sino también diversos aspectos prácticos para llevarla adelante.

La Mesa se inició con una exposición de Alberto Escobar que estableció la diferencia medular entre alfabetizar y castellanizar, señalando la dificultad que esto creaba para los niños de lengua quechua y aymara:

“…resulta más coherente que tanto al niño como al adulto analfabeto, se le enseñe a transcribir en grafías la lengua materna del estudiante, es decir que se cumpla la fase de alfabetización (escritura y lectura) como un primer paso en el proceso educativo del educando. La relación que existe entre sonido y la letra, que es símbolo gráfico del sónico, le resulta al estudiante menos dura y mucho más accesible que si tuviera que entender a producir sonidos y grafías que pertenecen a un sistema lingüístico distinto del que habla…”[3].

Para Escobar luego de alfabetizar en quechua o en aymara, seguiría una fase de aprendizaje de una segunda lengua, o sea la castellanización, la que pasaría progresivamente de ser una asignatura a convertirse en la lengua de comunicación normal en la escuela.

Esta idea, fácil de entender, presentaba ciertamente dificultades prácticas para su ejecución, como la necesidad de un alfabeto adecuado, de diccionarios para las variantes del quechua, de material educativo apropiado y de maestros capacitados; pero el problema principal era sobre todo la absurda creencia de las elites peruanas en la superioridad de la cultura occidental y el temor a empoderar a los indígenas a través del reconocimiento de su lengua y cultura.
Cabe señalar que, como lo señaló el profesor Escobar, los prejuicios en contra de la educación bilingüe no provenían sólo de los mestizos, sino también de los propios quechua hablantes, como fue referido en varios casos por los asistentes a la Mesa Redonda [4].

Portugal Catacora coincidió con Escobar en las posibilidades que abría para la educación el uso del quechua y el aymara, mencionando las experiencias desarrolladas en Puno, en los Núcleos Escolares Campesinos y en la comunidad de Ojerani por la maestra Asunción Galindo, mencionando asimismo su propia experiencia en el Instituto Experimental de Puno que fundara en 1947 con el apoyo de José Antonio Encinas.

La segunda sesión de la Mesa tuvo como expositor principal al Doctor Oscar Núñez del Prado, quien refirió las conclusiones de su experiencia en la comunidad cusqueña de Cuyo chico donde empleó el quechua en la alfabetización de adultos y niños, logrando que en 6 meses, con apenas unas 6 horas de clase, pasaran del quechua al español. Esta manera práctica de usar el quechua, no para aprender a escribir y leer esta lengua, sino para utilizarla para acelerar el transito al castellano fue criticado por un sorprendido Arguedas, que esperaba de Núñez del Prado un mayor compromiso con el quechua dados sus antecedentes de estudioso de dicha lengua.

A esta segunda Mesa no asistieron ya los Directores de Educación. Tal como se lo hizo saber Portugal Catacora de manera confidencial a Arguedas [5], su inasistencia respondía al deseo de la alta dirección del Ministerio de Educación, conducido entonces por Francisco Miro Quesada Cantuarias, de no comprometerse con promover una educación bilingüe,  postura que se mantuvo a lo largo del gobierno de Belaunde. Portugal Catacora continuó asistiendo, prácticamente de manera personal y las autoridades del Ministerio no podían  impedírselo, pues las sesiones de la Mesa se realizaban partir de las 6 de la tarde.   

La tercera sesión tuvo como ponente al maestro Emilio Barrantes, cuya exposición permitió clarificar las posturas en torno a los alcances que debía tener el uso de las lenguas nativas en la educación. Si bien existía cierto consenso en la necesidad de utilizarla por su eficacia lingüística como medio para enseñara a escribir y leer, es decir alfabetizar, no todos pensaban igual respecto a su práctica luego de producida la castellanización de los educando, y más aún sobre el significado cultural que su aprendizaje y uso debían tener en relación a la constitución de la nacionalidad.

Barrantes recordó la importancia del respeto a la personalidad del educando como un principio pedagógico universal y la necesidad de considerar y respetar a la comunidad de origen como un factor esencial y el primero de los medios educativos. Por ello, reconociendo como valido el objetivo de integrar lo más rápidamente a la población quechua hablante que se encontraba marginada, entre otros aspectos por el desconocimiento del español, Barrantes señalaba que:

“La incorporación o la integración de que hablábamos no puede significar, desde luego, el sacrificio de una cultura del grupo menos favorecido a aquél que se ufana de marcar la tónica de la vida nacional. Si un hombre es respetable, lo que es mucho más un pueblo, una comunidad humana…en forma tal que suprimir su cultura significaría…nada menos que quitarle la vida” [6].

Respaldando la postura de Barrantes, Portugal Catacora intervino sosteniendo que: 

“Yo creo que el niño es el ser más conculcado de todos los tiempos…Si esto ocurre con el niño digamos universal, con el niño de habla nativa…el atropello que se hace de su personalidad es realmente grande, porque hay que considerar que este niño no solamente es tal, con todas sus posibilidades físicas y mentales, y la capacidad creadora que se está gestando en su personalidad, sustentada por una herencia cultural de siglos que él trae…sino porque se ha truncado el proceso de la evolución cultural del sector demográfico del que procede; entonces si nosotros con sentido más o menos transitorio, queremos enseñar o utilizar las lenguas nativas y luego hacemos que se promueva el aprendizaje del castellano y de la escritura en castellano sin darle los elementos necesarios…para que pueda expresarse plenamente con todas las palabras que pueda traducir todas las cosas, todos los elementos de su mundo personal, de su mundo familiar, de su mundo social, de su mundo cultural, seguramente que no solamente estamos conculcando su persona, sino estamos conculcando el medio cultural que él trae a la escuela” [7].

En general los pronunciamientos de los participantes ratificaron la necesidad de que el uso de la lengua materna en la educación signifique no sólo un medio para aprender el español sino fundamentalmente como medio para promover una integración bilateral, entre la cultura occidental y la nativa, como lo recordó John Murra al señalar que la integración nunca es unilateral, pues ambos grupos aprende uno del otro.

La Mesa culminó con un corto resumen de Arguedas, quien lamentó que no hubieran seguido asistiendo los directores del Ministerio de Educación, dijo: "las conclusiones a las que llegárabamos debían ser transmitidas al Ministerio de Educación ; pero nuestra aspiración era que los propios Directores del Ministerio de Educación  estuvieran aquí con nosotros, desventuradamente son gente muy ocupada y no los tuvimos sino la primera noche. Nos ha acompañado, por fortuna, en todas estas fechas un funcionario del Ministerio de Educación que técnicamente tiene una jerarquía muy alta, aunque no desde el punto de vista ejecutivo, me refiero al profesor José Portugal Catacora". 

Arguedas, propuso la formación de una Comisión para elaborar las conclusiones y recomendaciones, encabezada por el mismo  y conformada por José Portugal Catacora, Carlos Cueto Fernandini, Martha Hildebrant y Alberto Escobar.

Luego de la Mesa, Arguedas escribió en el diario El Comercio una nota sobre las ideas expuestas en el evento, puntualizando sus puntos de vista sobre el tema:

“Se ha confundido invariablemente alfabetización con castellanización. Pretender la alfabetización de un pueblo en un idioma extraño que interpreta un mundo cultural diferente no es racional. El fracaso de la escuela peruana en las áreas monolingües aborígenes se ha debido al grave error de haberse tratado de imponerle el castellano. Por consiguiente es necesario que el Estado adopte una política lingüista adecuada a la realidad del país: tal política debe fundarse un estudio previo de los idiomas….

No es acertado considerar las lenguas aborígenes de la población andina como un simple instrumento para la castellanización, dichas lenguas pueden constituir al mismo tiempo que un instrumento para alcanzar la castellanización real y legitima, un medio de expresión suficientemente adecuado y vasto para el desarrollo pleno de la personalidad de las poblaciones ahora monolingües” [8].

Luego de algunas reuniones, la Comisión encargada de las conclusiones y recomendaciones de la Mesa las presento al Ministerio de Educación sin mayor resultado, como otras tantas propuestas importantes pospuestas por el prejuicio y la mentalidad burocrática.

En 1964, Arguedas renunció a su cargo de Director de la Casa de la Cultura, en  solidaridad con Cueto Fernandini, Presidente de la Comisión Nacional de Cultura, pasando a dirigir el Museo Nacional de Historia a cuyo cargo estaría hasta 1966. José Portugal Catacora continuó trabajando en el Ministerio de Educación hasta que en 1969 se jubiló,  no sin cierta frustración tras 12 años de tratar de impulsar algunos cambios en dicho ministerio.

De esta experiencia dijo Francisco Ríos: "Hay que imaginarse a un hombre y maestro de la calidad de Portugal, luchando en esa babel de papeles, y deprimente conglomerado de cortesanos sometimientos que es, sensiblemente, el Ministerio de Educación" [9].

Puede ver también Lenguas indígenas en la escuela




[1]“Mesa Redonda sobre el Monolingüismo Quechua y Aymara y la Educación”. Documento Regionales de la Etnohistoria Andina N° 2. Casa de la Cultura del Perú. 143 pp. 1966.  Las actas de la Mesa se publicaron casi tres años después, cuando la Dirección de la Casa de la Cultura estuvo a cargo de Fernando Silva Santisteban. Diversos estudiosos coinciden en la importancia de la Mesa como antecedente de la “Política Nacional de Educación Bilingüe”, aprobada en el marco de la Ley de Reforma Educativa del gobierno de Velasco Alvarado, la cual si bien no incluyó el concepto de interculturalidad, fue la primera en establecer, en su tercer lineamiento, que “La educación bilingüe se dirige a evitar la imposición de un modelo exclusivo de cultura y a propiciar la revalorización dinámica de la pluralidad cultural en términos de igualdad”.
[2] Ibid. pp. 129.
[3] Ibid. pp. 26. 
[4] Al respecto Escobar señaló que “los propios quechua hablantes adultos quienes estiman que no envían a sus hijos a la escuela para que se les enseñe quechua sino para que aprendan español”. En este caso…opera el prejuicio del aborigen que se sabe discriminado y circunscrito en el plano social que, precisamente, desea aprender el español como un vehículo de movilidad social... Los prejuicios expuestos…irán desvaneciéndose con el correr del tiempo y el remozamiento de hombres e ideas…”. Ibid. pp. 27.
[5] La información sobre los detalles de la participación de José Portugal Catacora en la Mesa Redonda me fueron referidas por él mismo (Carlos Portugal). 
[6] Ibid. pp.99.
[7] Ibid. pp.117.
[8] “Educación y lingüística” José María Arguedas. Dominical del diario El Comercio, 29 de diciembre de 1963.
[9] Francisco Izquierdo Ríos en Prologo al libro "Los Padres, los Niños y la Vida". José Portugal Catacora. Lima 1974. 
 

lunes, 31 de diciembre de 2012

José Maria Arguedas en el recuerdo (II)

Arguedas, Celia Bustamante y Pepe Portugal
Pepe Portugal

En 1958, una feliz coincidencia permitió un mayor acercamiento entre Arguedas y el escritor puneño cuando Pepe, el hijo mayor de Portugal Catacora y Estela Mendoza Treviños, ingresó a estudiar antropología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y tuvo como profesor a Arguedas, quien iniciaba su labor docente en esa casa de estudios.
En ese año, Arguedas acababa de publicar su libro “Los Ríos Profundos” (1958), por el cual recibió el Premio Nacional de Fomento a la Cultura “Ricardo Palma”. Este libro es quizás su mejor obra literaria y en él, siempre bajo un sello autobiográfico, Arguedas integra las voces de indios y mestizos en una nueva forma de entender el desarrollo cultural y social del Perú bajo tensiones y conflicto, pero con un horizonte de unidad.

Pepe Portugal estudió en San Marcos entre 1958 y 1962, colaborando activamente desde 1959 con el Instituto de Etnología y Arqueología de esa casa de estudios, relacionándose con personajes como Luis E. Valcárcel, Alberto Escobar y Matos Mar y el autodidacta Emilio Choy, entre otros distinguidos intelectuales.
Arguedas menciona a Pepe en varias de sus cartas al investigador norteamericano John Murra y en 1961 lo tiene como Secretario del Instituto, cuando lo dirige reemplazando temporalmente a Matos Mar. Lamentablemente Pepe cayó enfermo de hepatitis y pasó varios meses en cama.  

 “¿Te acuerdas del alumno Portugal?, era el mejor de Etnología, lo habíamos hecho Secretario del Instituto en reemplazo de Rosalía. Se nos ha enfermado seriamente”. (Carta a John Murra, 28 de setiembre 1961) [1].

Con gran afecto el escritor lo visitaba en la casa paterna en la calle Carlos Arrieta en Santa Beatriz, donde la familia vivió entre 1959 y 1962 tras el traslado de Portugal Catacora de Puno a Lima para trabajar en el Ministerio de Educación. En una de esas visitas Arguedas incluso ofreció hacerse cargo de Pepe y de sus estudios posteriores, en una generosa conversación con Portugal Catacora [2].


De este singular y, para quienes conocieron a Pepe Portugal, merecido aprecio por parte del gran escritor, ha quedado la siguiente frase en una de las cartas de Arguedas.


"Hay dos recuerdos que me ennoblecen de mi permanencia en San Marcos: José Portugal y Usted". (Carta a Duccio Bonavia. 25 de Mayo de 1963) [3].

Promoción de Antropología Luis E. Valcarcel a la que perteneció Pepe Portugal
En el centro de la foto Luis E. Valcarcel, sentado al lado izquierdo, Arguedas y sentado a la derecha, Matos Mar

Antropología, literatura y Puno

La experiencia de docente universitario de Arguedas, nos recuerda su importante desarrollo tambien como antropólogo, profesión que estudio en San Marcos graduandose en 1957. Su obra literaria se nutrió de su conocimiento profesional de la cultura andina y a la vez su labor de antropólogo recibió el influjo de la sensibilidad del escritor para entender el mundo andino.

Entre las obras más importantes de Arguedas como antropólogo se encuentra su tesis doctoral “Las Comunidades de España y el Perú” (1968), y su estudio sobre las comunidades del valle del Mantaro, a los que sumó decenas de trabajos sobre lingüística, música, mitos y folklore andino [4]. En particular en su trabajo sobre el Valle del Mantaro encuentra que sus  comunidades son un testimonio de la capacidad de la población indígena para integrarse cuando están libres de la dominación de las haciendas y progresar socialmente bajo una nueva forma de mestizaje. 

 Entre sus trabajos de investigación figura uno inédito, “Las danzas y el cambio social en Puno”, escrito con ocasión de su participación como Jurado en el Tercer Gran Concurso Folklórico celebrado en Puno en febrero de 1967. Este estudio formaba parte de un esfuerzo conjunto de la Casa de la Cultura y la Universidad Nacional Agraria La Molina para recopilar el folklore del altiplano.[5].

Referencias sobre Puno se encuentran también en los artículos escritos con sus recuerdos de su vista a Puno en la época en que vivió en Sicuani, como son el referido al Charango y al Sikuri, "ppusa" en aymara, [6] ; sobre éste último señala.

“Este es hoy un instrumento propio del altiplano; en las otras regiones de la sierra del Perú está desapareciendo...Instrumento ritual y extraño, indio puro, significa fiesta, multitud, procesiones, vísperas de grandes borracheras y llantos; lo tocan soplando a pulmón lleno; el aire alcanza la base de las flautas, rebota y escapa por la boca de las cañas y silba; en los sicuris altos y gruesos suena con una gravedad profunda, en los pequeños y agudos produce un silbido fino y largo; todos juntos, los ppusas en una tropa de bailarines forman una orquesta de viento que oprime y sacude el alma de quien los oye…”. (“Los Sikuris”. La Prensa, Buenos Aires, 28 de marzo de 1943).

 Pero sin duda el artículo más importante sobre Puno es aquel producto de su mencionada participación en la Fiesta de la Candelaria en 1967, “Puno, Otra Capital del Perú”, que sirvió de antecedente para su designación como la Capital Folklórica de América. Dice en este artículo:

 “En ninguna región del Perú y sin duda de América latina pueden encontrarse tan variadas y tantas danzas como en Puno. El hecho tiene aparentemente una explicación clara: coexisten en el altiplano la tradición quechua y aymara, que son diferentes y, durante el periodo colonial y republicano, se formaron en esa gran área, tipos de mestizaje cultural entre los dos núcleos prehispánicos y el occidental, en grados de “mezcla”, más diversa que en otras áreas. Existe, por esa causa, una mayor complejidad y diversidad de tradiciones en la población puneña, y cada estrato, grupo o conjunto, encontró en la danza y el canto la manera más libre de expresar su mundo interior…”. (El Comercio 12 de marzo de 1967) [7].

Con frecuencia se recuerda la obra de Arguedas olvidando que tuvo que  sobreponerse con coraje e indoblegable voluntad a los males nerviosos y la recurrente depresión que lo aquejaban. Por ello, consideramos pertinente citar aquí, lo que escribió unos días después de participar en la festividad de la candelaria en medio de un intenso trabajo:

“…el viaje ha Puno casi me ha aniquilado. Increíble. Recibí toda la voz, la presencia del hombre actual del altiplano y su inmensa fuerza me enardeció y luego me dejo exhausto. Es que llevo demasiados años de intranquilidad. Pero si venzo las dos o tres obsesiones  que todavía me agobian, podre hacer una gran novela, John, una gran novela, a mi vuelta del viaje que debo hacer a Apurímac, Huancavelica y Ayacucho." (Carta a John Murra, 28 de febrero 1967).

Arguedas en Huancayo
Nuevo Encuentro con Arguedas

A diferencia de Arguedas que fue sobre todo literato y antropólogo, Portugal Catacora enfatizó siempre su profesión de educador, más aún, de pedagogo, es decir de quien domina las ciencias educativas y la didáctica. De allí que de los 25 libros que publicó en vida, 17 se refieran a temas eminentemente educativos, muchos de ellos muy especializados como su “Psicopedagogía del Lenguaje”, “Psicopedagogía del Cálculo”, “Didáctica en la escuela Primaria” y los dos tomos de “Desarrollo Humano y Aprendizaje”.  El resto de su producción estuvo dirigida a la recopilación de mitos y leyendas del altiplano, al folklore, la infancia andina y la literatura con cuentos sobre los niños del campo y la ciudad.

Los modernos puntos de vista educativos de Portugal Catacora no se encontraban reñidos con su profundo conocimiento y compromiso con la realidad del indio y del niño indígena. Ya tempranamente, en 1934, había sostenido que:   

“El niño indígena emana de una raza dotada de gran fortaleza vital i de mayor longevidad que el miste...Desde el punto de vista psicológico el niño indígena no es de mentalidad inferior. La falta de desarrollo de algunas de sus facultades se debe a su estado social monótono y pobre de reactivos mental. En cambio tiene plenamente desarrollados otras capacidades psíquicas como la atención, la memoria i la voluntad” [8].


Desde el Instituto Experimental de Educación de Puno, que fundó con apoyo del maestro José Antonio Encinas y dirigió entre 1947 y 1957, hizo estudios sobre el uso de las lenguas quechua y aymara en la educación de los niños indígenas. Precisamente este tema lo llevaría a un nuevo momento de encuentro con Arguedas, quien en 1963 le participa de una importante iniciativa para poner sobre el tapete el uso de las lenguas nativas en la educación de los niños indígenas.

Para ello, Arguedas planeaba convocar desde su cargo de Director de la Casa de la Cultura una mesa redonda del más alto nivel que culminaría con recomendaciones para que el Ministerio de Educación, cuya burocracia era renuente al tema, lo aborde seriamente. La idea fue acogida con entusiasmo por Portugal Catacora y significó un nueva oportunidad de encuentro con el gran escritor, en la “Mesa Redonda sobre el Monolingüismo Quechua y Aymara y la Educación en el Perú”, importante antecedente de lo que hoy se conoce como educación intercultural bilingüe.

José Portugal Catacora en 1961, clausurando un cursillo para maestros en Lima.


VER JOSE MARIA ARGUEDAS EN EL RECUERDO PRIMERA PARTE
VER JOSE MARIA EN EL RECUERDOS: TERCERA PARTE


[1] Pepe Portugal es mencionado por Arguedas en otras cartas a John Murra: “Me quedo más solo en el Instituto, felizmente Portugal está dando buenos resultados” (7 de octubre de 1959); “Ahora estoy sólo en el Instituto, porque Martha se fue a Paramonga a hacer un estudio sobre cooperativas. Me acompaña Portugal que es fino e inteligente, pero con quien no he tenido tiempo de establecer vínculos de gran fraternidad…” (16 de noviembre de 1959). "Cartas de Arguedas". John Murra y Mercedes López. PUCP. Lima 1998.
[2] Recordamos, Edgar y Carlos Portugal Mendoza, las visitas de Arguedas a la casa de la familia en la Calle Carlos Arrieta 1384 en Santa Beatriz, Lima. El ofrecimiento de Arguedas me fue referido por mi padre y mi madre me contó que había dicho que quería adoptarlo porque no tenía hijos. En 1962, Pepe Portugal viajó a Francia a seguir estudios de postgrado; retornó en 1964, siendo en los inicios de su vida profesional profesor en San Marcos e investigador en el Instituto de Estudios Peruanos.

[3] La carta está dirigida a Duccio Bonavia, por esos años joven profesor de San Marcos. "Cartas del Archivo José María Arguedas de la PUCP". Antropológica Año XX Nº 20, Lima 2002.
[4] "Las comunidades de España y Perú". UNMSM 1968. La investigación comparativa fue fruto de una beca de la UNESCO en 1958, encontrando cómo la comunidad campesina peruana, formada a partir de las reducciones de indios del virrey Toledo, había recibido esa influencia en su organización. Este texto fue precedido de su estudio “Evolución de las comunidades indígenas. El valle del Mantaro y la ciudad de Huancayo, un caso de fusión de culturas no comprometida por la acción de las instituciones de origen colonial”. Revista del Museo Nacional Nº 26, 1957.

[5] El Concurso de 1967 fue documentado con fotos y filmaciones, en un esfuerzo por recopilar las danzas y bailes del altiplano. Sin duda todo este material debería ser rescatado por su  gran valor, tanto porque refleja las características de la fiesta en esa época, como porque el trabajo estuvo dirigido por el propio Arguedas. En una carta a John Murra le informó que sólo tenia 32 días para elaborar “Las Danzas y Cambio Social en Puno”, una tarea que sólo Arguedas podía acometer en tan breve tiempo.    
[6] Los artículos “Los Sikuris” y el “Charango” publicados en el diario la Prensa de Buenos Aires en marzo de 1943 y 1940 respectivamente, se encuentran en el libro “Indios, Mestizos y Señores” de José María Arguedas. Editorial Horizonte, 1985. "Los Sikuris" se encuentran en internet en el blog aswan khari del difusor de la cultura puneña Bruno Medina
[7] “Puno, la otra capital del Perú”. Diario El Comercio, 12 de marzo de 1967. Sin duda este artículo refleja en parte el corto estudio  “Danzas y cambio social en Puno” de Arguedas. Una interesante comparación entre la fiesta de la candelaria que observó Arguedas el año 1967 y la que se realiza en la actualidad se encuentra en el artículo del intelectual puneño Guillermo Vásquez Cuentas "La otra capital de Arguedas". Asimismo puede verse una descripción de la visita de Arguedas y sus aportes "La otra capital del Perú", de René Calcín Anco.

[8] “Aspecto pedagógico del niño indígena”. Revista El educador Andino. Número 5 y 6. Puno, Agosto 1934.  Señala asimismo, la necesidad de que “el Estado debe legislar…creando granjas escuelas…dotando al indio de propiedad por medio de la venta a fortiori i a plazos de los   latifundistas sin explotar, i obligándolos a constituir entidades colectivas de producción y consumo...obligando a los hacendarios industrializantes a pagar salarios equitativos a los indios…”.

sábado, 15 de diciembre de 2012

José María Arguedas en el recuerdo (I)

arguedas
Arguedas, Celia Bustamante (su primera esposa) y profesor y alumnos del Colegio Pumacahua (Sicuani).
Foto: "Apuntes Inéditos. Celia y Alicia Bustamante en la Vida de JMA" 

El año 2011 se cumplió el centenario del nacimiento del gran escritor del Perú profundo José María Arguedas (Andahuaylas 18 de enero de 1911- Lima, 2 de diciembre de 1969) y del maestro y escritor del altiplano José Portugal Catacora (Acora 13 de febrero de 1911- Lima 21 de marzo de 1998). El año de nacimiento no es la única coincidencia entre ambos personajes, cuyas vidas guardan particulares similitudes y una preocupación común por la cultura y la educación indígena. En esta reseña presentamos algunas de esas coincidencias y la referencia a los momentos en que sus vidas se encontraron.

La Madre Ausente y el Acercamiento al Mundo Indígena
La perdida de la madre a temprana edad es una tragedia común que Arguedas y Portugal Catacora compartieron y que marcó sus vidas. Según su propia versión, Arguedas es separado de su madre apenas a los 2 años y medio [1]; Portugal Catacora, la pierde a los 6 años víctima de una epidemia de tifus que casi termina también con su vida.
Para Arguedas, ese doloroso suceso y la consiguiente vida traumática con su madrastra, fueron fuente de los trastornos que lo acompañaron a lo largo de toda su vida, pero también motivo para que se refugiará en el cariño de los indios que atendían la casa paterna y se identifique con su cultura milenaria, aprendiendo el quechua a temprana y conviviendo con ellos, especialmente cuando a los diez años de edad se escapa a la hacienda Viseca (Andahuaylas) y pasa allí dos años.
En el caso de Portugal Catacora, la pérdida de su madre, Eusebia, sería mitigada por la compañía y cariño de sus cinco hermanos, en especial de Teodosia su hermana mayor. A pesar de todo, el trauma lo llevarían a sufrir las depresiones que lo afectaron en su edad adulta.
A diferencia de Arguedas, su acercamiento al mundo indígena, aymara en este caso, sería más natural y amable. Su madre, descendiente de una familia aymara de larga tradición en Acora, Puno [2], le enseño el aymara y le dio oportunidad de conocer desde niño a los parientes y amigos indígenas de la familia. Si bien las familias mestizas e indígenas vivían en barrios separados en el pueblo, los niños compartían un mundo común, como lo recordaba Portugal Catacora, jugando en la bóveda de la vieja Iglesia de la Concepción y en las frescas aguas del estanque cercano al pueblo.      

Maestros y Escritores

Portugal Catacora inició en 1930, a los 19 años, su carrera de maestro en la Escuela de Varones de ciudad Ayaviri (Melgar, Puno), luego de graduarse como preceptor en la Normal Anexa al Colegio San Carlos de Puno, donde había ingresado con apenas quinto año de primaria. En Ayaviri, desplegaría una intensa actividad sindical y cultural, junto con la poetisa Mercedes Bueno Morales. 


josé portugal
Portugal Catacora (izquierda) con maestros y niños
En 1936 regresa a Puno donde enseña en la primaria del Colegio San Carlos, para luego ser Jefe de las Brigadas de Alfabetización y participar, junto con los grandes maestros puneños de la época, en la fundación y desarrollo de los Núcleos Escolares Campesinos (1947), impulsados por  Perú y Bolivia bajo el gobierno progresista de Bustamante y Rivero y su ministro Luis E. Valcarcel.
En 1947, con el apoyo del maestro José Antonio Encinas, por entonces Senador, funda el Instituto Experimental de Educación de Puno, hoy Institución Educativa Publica "José Portugal Catacora", donde desarrollaría un ensayo de educación basado en el nivel de madurez de aprendizaje de los niños, muy diferente a la educación masificante basada en la edad y la cantidad de conocimientos de los niños.
 José María Arguedas, una vez concluidos sus estudios de Licenciado en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde tuvo oportunidad de conocer a José Antonio Encinas (Ver Encinas y Arguedas) y luego de una intensa experiencia política y cultural, se estrena como profesor en 1939, a los 28 años, enseñando en la Secundaria del Colegio Mateo Pumachahua, en Sicuani, Cusco. Allí dicta clases de Castellano y Geografía, y desarrolla una entusiasta y vital experiencia educativa. Gracias a un ensayo presentado al Ministerio de Educación, regresa a Lima en 1941 para participar en la reforma de los programas de estudios secundarios, aunque por breve tiempo, volviendo a la enseñanza en 1942.

José María Arguedas y el padre Lira, reconocido quechuologo, en el Cusco
Arguedas en Puno

Es durante su estancia en Sicuani, que Arguedas tiene oportunidad de llegar por primera vez a Puno en 1939. La visión del lago lo impresiona:    
“El lago es mucho mejor de todo lo que nos han dicho; todavía me dura la emoción que sentí la primera tarde que vi llegar las balsas; hasta la última célula de mi cuerpo conservó la imagen de las balsas llegando al muelle…El día que ustedes vean el lago no podrán olvidarlo nunca. Es una belleza que domina y ya nada queda en el espíritu más que su imagen; hace levantar todo lo bello que hay en uno”. Carta Emilio Adolfo Westphalen, 9 de enero 1939. [3].

En su visita a Puno en 1939, que se repetiría al año siguiente, tiene oportunidad de visitar el Colegio San Carlos de Puno y conocer a su Director, el doctor Vizcarra [4]. En ese año, Portugal Catacora enseñaba en la sección primaria del Colegio, pero no sería esa la ocasión en que se encontrarían.
Para entonces Arguedas ya había empezado su importante carrera literaria, publicando en 1935 su primer libro “Agua”, con el cual ganó el segundo premio de la Revista Americana de Buenos Aires. Se trata de un conjunto de historias de las comunidades y los hacendados en Andahuaylas, en las cuales se hace evidente ya su calidad literaria y ensaya una manera para introducir el quechua en la redacción castellana.

Las motivaciones para escribir "Agua" son reveladas por el propio Arguedas:

 “Yo comencé a escribir cuando leí las primeras narraciones sobre los indios; los describían de una forma tan falsa escritores a quienes yo respeto…Yo tenía una convicción absolutamente instintiva de que el poder del Perú estaba no solamente entre la gente de las grandes ciudades, sino que sobre todo estaba en el campo…En estos relatos estaba tan desfigurado el indio y tan meloso y tonto el paisaje y tan extraño que dije: No, yo tengo que escribir tal cual es, porque yo lo he gozado, yo lo he sufrido” Primer Encuentro de Narradores Peruanos. Arequipa, 1965 [5].
Por su parte Portugal Catacora, publicó en 1937 “Niños del Kollao” bajo el aliento de Emilio Vásquez, uno de los miembros del Grupo Orkopata. El libro reunía un conjunto de anécdotas infantiles provenientes de su experiencia docente con niños mestizos e indios. Si bien es considerado uno de los primeros textos de literatura infantil en nuestro país, lo cierto es que fue escrito para defender al niño, tal como lo señalaría años mas tarde.
“Nuestro libro ha sido catalogado entre los de la literatura infantil y por eso algunos de sus capítulos circulan en selecciones dedicadas a los niños como aquel que hiciera nuestro inolvidable Sebastián Salazar Bondy…pero los relatos que contiene no fueron escritos para el niño, sino para defenderlo. Si los expertos lo aceptaran, podemos llamar cuentos pedagógico a los dramas escolares que forman las páginas de Niños del Kollao” Portugal Catacora, 1970 [6].

Luego de Sicuani, Arguedas se traslada en 1941 a Lima para trabajar en el Ministerio de Educación y luego continuó su labor como maestro enseñando en los colegios Guadalupe, Alfonso Ugarte y Mariano Melgar. En 1949 inicia sus estudios de antropología en el Instituto de Etnología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Realizaría numerosas publicaciones en revistas y periódicos haciendo conocer y defendiendo al mundo andino; publicaría sus libros “Yawar Fiesta” (1941) y “Diamantes y Pedernales” (1958), con los que definiría más su carrera de literato y profundo conocedor de la cultura andina.
Portugal Catacora, desde Puno escribió libros principalmente de corte educativo, tanto propuestas como “La Escuela Andina del Porvenir” (1945) como sendos estudios como su “Psicopedagogía del Lenguaje” (1949). Asimismo, textos dedicados a los niños, como “Puno Tierra de Leyenda” (1952) y “Mi Tirallo” (1954) convencido de la importancia de poner a su alcance, los mitos y leyendas del altiplano para aprovechar su mensaje educativo y fortalecer una identidad andina.

Encuentro en Lima 
“A su muy distinguido amigo, el señor José María Arguedas, como atento homenaje a su elevada calidad espiritual" José Portugal Catacora.

Así reza la dedicatoria con la que Portugal Catacora entregó a Arguedas su libro “Puno Tierra de Leyenda” en 1953, el cual pasó a formar parte de su biblioteca personal  [7]. Ambos se habían conocido en 1950, cuando el maestro puneño visitaba Lima y pronunció una conferencia sobre la experiencia que realizaba en el Instituto Experimental de Educación de Puno.

“Las vacaciones de 1950, como todos los años, las pasaba en Lima. Y en una de esas tardes ofrecí una de mis primeras disertaciones acerca del experimento pedagógico que venía realizando en Puno…Al término de mi disertación varios maestros del público me felicitaron y luego algunos me invitaron a comer…recuerdo que entre ellos estaba José María Arguedas y Antonio Arenas…desde aquella noche fuimos amigos con Antonio Arenas, como con José María Arguedas, amistad que se acrecentó con el tiempo…” José Portugal Catacora, autobiografía [8]. 
Ese año de 1950, Arguedas se desempeñaba como Jefe de la sección de Folklore, Bellas Artes y Despacho del Ministerio de Educación, ministerio en cual Antonio Arenas, natural de Puno, era funcionario y en donde llegaría a ser Viceministro en el segundo gobierno de Belaunde.

En los siguientes años, salvo la entrega de “Puno, Tierra de Leyenda” en 1953, no son conocidos otros encuentros entre Arguedas y Portugal Catacora, pues éste residía en Puno y sólo venía a Lima en los veranos.   
La situación cambio cuando en 1957, Portugal Catacora, que había realizado un viaje de estudios por México, Puerto Rico y Estados Unidos becado por la UNESCO, es llamado por el Ministro de Educación Jorge Basadre para venir a trabajar a Lima impartiendo orientaciones pedagógicas a los maestros de todo el Perú [9], tarea que se vio limitada, como lo recuerda en su autobiografía, por la vorágine burocrática y política del Ministerio.

Instalado en Lima, Portugal Catacora tiene en los siguientes años oportunidad para sostener algunos encuentros con Arguedas, especialmente con la mediación de Francisco Izquierdo Ríos, amigo de ambos, coautor con Arguedas de “Cuentos, Leyendas y Mitos del Perú” (1947) y autor del prólogo de la “Antología del Cuento Puneño” (1955) del maestro puneño.

JOSE MARIA ARGUEDAS EN EL RECUERDO (SEGUNDA PARTE)



[1] En los últimos años se viene señalando que más bien Arguedas habría sido separado de su madre, Juanita Tejada, domestica de la casa paterna, y criado por la esposa de su padre Victoria Altamirano Navarro, hasta que esta fallece dejándolo de dos años y medio. La información tiene punto de partida en las "Memorias" de Luis E. Valcarcel, donde el historiador señala que Arguedas era hijo ilegitimo.  Ver el artículo de Danilo Sanchez Lihón, Arguedas Apu Tutelar.

 [2] Su madre, Eusebia Catacora era descendiente de los curacas Catacora que desde antes de la llegada de los españoles habían gobernado Acora, una de las cabeceras del reyno Lupaqa (Ayala, 2010: José Portugal Catacora). Aún cuando luego de la conquista habían perdido sus privilegios, la población local mantenía una especial consideración a los descendientes de sus antiguos gobernantes. Portugal Catacora, recordaba que cuando acompañaba a su madre vendiendo mercadería por los pueblos cercanos a Acora, ella era recibida con variadas atenciones y que cuando falleció de tifus, numerosos indios llegaron al pueblo y ante la negativa del cura para velarla en la Iglesia San Pedro, abrieron sus puertas a viva fuerza para despedirla cristianamente.
[3] “El Río y el Mar. Correspondencia José María Arguedas – Emilio Adolfo Westphalen”. Fondo de Cultura Económica. Lima, 2011.

[4] "Conocí al Director del Colegio de Puno; el Colegio tienen más de 800 alumnos; y su director, un Dr. Vizcarra, después de que oyó decir a Moisés, que Diaz había gobernado 34 años México...él contó después una historia del tiempo del general Castilla "que gobernó l Perú 45 años". No quiso quedarse atrás...". Moises Sáenz fue embajador de México en el Perú y amigo de intelectuales como Arguedas, a quien de acuerdo a esta referencia habría acompañado a Puno.Carta de Arguedas a Emilio Westphalen. Ibid.  El Director Julio Francisco Viscarra, proveniente de Mollendo, condujo San Carlos entre 1938 y 1944, caracterizándose por imponer una severa disciplina, junto con el sub director, el capital Nicolás Santa Gadea.
[5] “Primer Encuentro de Narradores Peruanos - Arequipa, 1965”. En: Revista Peruana de Cultura. Casa de la Cultura, Lima diciembre de 1970.

[6] “Prologo a una segunda edición de Niños del Kollao”. Lima, 1970.Texto inédito.
[7] “Puno Tierra de Leyenda”. Editorial Laykakota. Puno, 1952. Ficha: 985.262 P78. Colección Arguedas en la Biblioteca Nacional.  Dedicatoria manuscrita.

[8] “Autobiografía de Portugal Catacora”. Inédito. Esta misma anécdota se encuentra en la biografía de Antonio Arenas “Maestros Peruanos del Siglo XX”. José Portugal Catacora. Lima, 1999.
[9] Basadre recuerda esto en el prólogo que escribió para el libro de Emilio Vasquez "La Rebelión de Juan Bustamante: " Ignoro porque circusntancias, la vida ha hecho que desde la juventud, me haya sentido muy cerca de los puneños...Cometí ingenuamente el error de traer a Lima al Ministerio de Educación a José Portugal Catacora, porque estimaba su obra como maestro de una escuela experimental y porque albergaba la ilusión, que resulto vana entonces, pese a la voluntad nuestra, de que en aquel monstruo de cemento y de papeles, se forjaran verdaderas orientaciones pedagógicas...".