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domingo, 30 de octubre de 2016

Manco Capac y Mama Ocllo, fundadores del imperio de los incas

"Un día apareció en las orillas del Lago Titicaca una pareja de seres rodeada de un halo de luz misteriosa, sobre una balsa dorada y declaró a los naturales que su padre el Sol les había enviado con la misión de remedir a los hombres de la behetría. El varón se llamaba Mayco Qapa o gobernante activo y la mujer se llamaba Mama Ojilo o madre que cría a mis hijos en su regazo.

Desde el Qenqo, lugar situado en las orillas occidentales del lago, en el que aún se conservan vestigios, cumplieron la misión de devolver a los hombres la paz y el progreso mediante la educación por el trabajo.
Manco enseño a los nombres a cultivar la tierra, criar animales y construir; casas. Y su consorte, enseño a las mujeres a cocinar y a criar hijos y todas las demás habilidades domesticas.
Esto de enseñar conlleva práctica pedagógica, y en esencia mecanismo educativo. Por tanto, Manco Cápac y Mama OcIlo, fueron los más grandes educadores de América de aquellos tiempos, los creadores de un sistema social masivo de educación, en la que la vida social era una vasta escuela y todos en la medida de su condición eran educadores.

Es el único caso en la historia de los pueblos del mundo, en que una pareja de seres, hombre y mujer realizan la proeza de fundar juntos un imperio y educar a los pueblos. En todos los pueblos del mundo la mujer y el nombre se han presentado siempre en distintos planos.
Una horda selvícola vino a turbar la paz del pueblo de Mayco Qapa que después de cometer latrocinios huyeron hacia el norte siendo perseguidos por Mayco con la cooperación de Ashuanqari. Ambos encontraron a la horda después de atravesar el Vilcanota, cuando estaban atacando a los naturales del valle del Huatanay. Los atacaron y los redujeron. Los naturales rindieron homenaje de gratitud a sus salvadores y acordaron unirse para vivir juntos en ese valle feraz. Mayco Qapa fue designado como jefe de las tribus unidas. Y así nació el Imperio de los Incas".
(Extractos de "Historia de la Educación en Puno", de José Portugal Catacora)

domingo, 7 de agosto de 2016

Escuela Normal anexa al Colegio San Carlos

Ha quedado en el olvido que el Glorioso Colegio San Carlos de Puno, albergó entre los años 1925 y 1937, una Sección Normal para la formación de maestros de niños indígenas. A continuación presentamos algunos extractos del capítulo dedicado a esta experiencia en el libro "Historia de la Educación en Puno de José Portugal Catacora:
La Sección Normal para la preparación de maestros de niños indígenas, anexa al Colegio San Carlos, se creó por Resolución Suprema Nº 597 del 14 de Mayo de 1925 du­rante el Gobierno de Augusto B. Leguía. La iniciativa de su creación le correspondió al maestro Humberto Luna.
De sus aulas egresaron maestros dotados de una actitud vertical y progresista que alcanzaron gran prestigio profesional y cultural, como Emilio Vásquez, escritor y poeta; además de ser un gran educador que llegó hasta la cátedra universitaria y el Ministerio de Educación, además de ser autor de varios libros; Raúl Bue­no que también llegó a ser funcionario, como Coordinador de los Núcleos Escolares Campesinos e inspector de Educación; Francisco Deza Galindo que además de realizar  una excelente tarea en la Brigada de Culturización, incursionó en la política y llegó a ser Senador, Néstor Molina Galindo, quien llegó a ser funcionario y un extraordinario músico dedicado a la captación de motivos folclóricos; Castor Vera  músico autor de muchas captaciones folclóricas y Director de Conjunto; Ricardo García, profesor primario y de la Escuela Normal.

Contaba con una sección de aplicación o de práctica docente con niños auténticamente indígenas, procedentes de las comunidades aledañas a la ciudad de Puno, como el legendario Laicakota, Azoguini, Yuraj Urko, etc., a cargo de Humberto Paca, un maestro egresado de la propia Escuela Normal a quien hemos mencionado entre sus alumnos brillantes.
La presencia de niños indígenas, permi­tió realizar una práctica real y concitó sentimientos de compromiso con la liberación de la raza indígena, marginada a pe­sar de sus elevadas cualidades culturales y su capacidad para el estudio y el aprendizaje.
Cuando alguna vez se escriba la Historia de la Edu­cación Peruana, la Escuela Normal de Puno deberá ocupar un capítulo importante porque de sus aulas egresaron verdaderos pioneros de la Educación Rural en el Perú.
El liderazgo de Luna, Palacios y Rivarola o la capacidad y actitud ejemplar de Torres Luna o Valencia, lograron imprimir a los egresados de esta pequeña Escuela Normal una fuerza espiritual de altas proyecciones, pues todas las innovaciones educacionales que se han producido en Puno posteriormente, son obra indudable de los normalistas de la Sección Normal de San Carlos.

Cada lección que transferían los maestros a sus discípulos, estaba impregnada de una fuerza espiritual que hablaba a la vocación docente y a la responsabilidad  con un lenguaje emocional y una penetración humana que generó raíces profundas en la actitud de los futuros educadores del niño indio.
Por eso la Normal fue un semillero de inquietudes estudiantiles pues, generaciones de estudiantes formaron grupos compactos de inquietud cultural y editaron revistas, como el boletín de la Escuela normal, El Carolino Normalista y la Revista del Grupo Kolla.
Los maestros egresados de sus aulas demostraron una capacidad creadora que se  objetivó en múltiples experiencias pedagógicas, realizadas u­nas con el auspicio del Estado y otras por propia inicia­tiva, al margen de las directivas del Ministerio y más bien en franca oposición al espíritu conservador que por siempre ha revelado el Ministerio de Educación.

Anécdotas de la Escuela Normal del Colegio San Carlos

lunes, 30 de mayo de 2016

Puno en la historia del teatro infantil en el Perú

Obra de Alfredo Macedo Arguedas en la exposición
La exposición “Unos señores que parecen de verdad, pero son de mentira” de la Casa de la Literatura Peruana, ha permitido reconocer la importancia del aporte de los autores puneños y en particular de Alfredo MacedoArguedas en la historia del teatro infantil en nuestro país. 


Macedo Arguedas se inició como autor teatral en los años 30 como parte del Centro Cultural Melgar, en el cual estrenó su obra teatral “Jatun Ayllo”. Luego de una extensa actividad cultural en Puno y Cusco, y de haber publicado en 1950 su drama "Mariano Melgar"se trasladó a  Arequipa, donde como profesor de de teatro escolar dirige grupos de escuela y escribe dramas, publicando en 1953 su pionero "Teatro Infantil: comedias, sainetes, diálogos, versos y canciones" [1].  

La exposición dedica un espacio especial a su obra en el campo del teatro infantil; también puede apreciarse el texto del profesor de teatro escolar Mario Franco Inojosa, “Historia del Colegio San Carlos de Puno”. Asimismo, en el marco de la exposición se presentó el 2 de junio, el radioteatro “La Malika y la fundación española de Puno” [2] de José Portugal Catacora. 
Narra el romance entre Malika, descendiente inka y el español
Salcedo, como transfondo de los hechos que llevaron a la
fundación de Puno en 1564. (Foto Casa de la Literatura) .

"La Malika" fue escrita primero para su puesta en escena en el teatro de títeres del Instituto Experimental de Educación de Puno, que fundó y dirigió Portugal Catacora, siendo publicada en 1955 para su dramatización en el Instituto y las escuelas de Puno. Al respecto, en su libro "Una Escuela por Niveles de Aprendizaje en el Perú"[3], que sistematiza la experiencia del Instituto, Portugal Catacora recuerda: "En teatro de títeres dramatizamos para el día de Puno, el 4 de noviembre, la historia de la fundación de la ciudad. El interés que despertó esta presentación en los niños nos absorvió y nos dedicamos exclusivamente a él teatralizando muchas piezas para niños y por niños". 

Además de las actuaciones escolares, los niños ponían en escena obras para la comunidad: "Creamos un género nuevo de teatro que podemos llamar teatro al aire libre...en este género presentábamos como los actos más cultivados la Leyenda de la Cantuta en el Estadio de Puno y la Fiesta del Huarachico...los niños ejecutaban las acciones y un locutor comentaba el desarrollo de los hechos y su significado con música de fondo" 

A lo largo de la muestra de la Casa de Literatura Peruana, que como vemos no deja de lado el aporte del interior del país, se puede apreciar la historia del teatro infantil peruano, desde sus inicios en 1902 con  la compañía teatral Baroti hasta los años noventa con las obras dedicadas al público infantil por la compañía de Osvaldo Cattone, pasando por los importantes aportes de grupos como “Los Grillos” de Aurora Colina, la “Familia Piqueras”, "Kusi Kusi" de Felipe Rivas Mendo, "Grupo Yuyachkani" y la autora y actriz Sara Joffre.


Audición del Radioteatro "La Malika" José Luis Ayala Olazabal, Carlos Portugal Mendoza
y Milagros Saldarriaga Feijoó Directora de la Casa de la Literatura Peruana
Notas:
[1] "Teatro Infantil: comedias, sainetes, diálogos, versos, canciones". Alfredo Macedo Arguedas. Imprenta Camacho Avila. Puno, 1953.
[2] "La Malika y la fundación española de Puno". José Portugal Catacora. Imprenta del Instituto Experimental de Educación de Puno". 1955.
[3] "Una escuela por niveles de madurez en el Perú". José Portugal Catacora. Concytec, 1990.

jueves, 7 de enero de 2016

Academía de las Lenguas Aymara y Quechua de Puno 1935-1965

 
Salida de Manco Capac y Mama Ocllo (década del cincuenta)
(Una poca conocida experiencia en el estudio y el uso de las lenguas nativas en la educación, es la desarrollada por la Academia de las Lenguas Aymara y Quechua. En "Historia de la Educación en Puno" se recoge este importante esfuerzo, antecedente de la educación intercultural bilingüe. Aquí un extracto)
 

Un selecto grupo de educadores primarios se reunió en 1935, en Puno, bajo la iniciativa del Maestro Julián Palacios para fundar la Academia de la Lengua Aymara. Ya este educador había insinuado crear la primera academia en Lima, en 1914, pero debido a su precaria permanencia no continuó su iniciativa.
Los fundadores de la academia que componían aquel grupo fueron Julián Palacios, Francisco Deza Galindo, Anselmo Molleapaza, Asunción Galindo y Nora Luz Díaz de Deza; todos maestros primarios. A cada uno le hemos dedicado nuestro juicio enaltecedor en este libro en diversos capítulos en cuyos hechos tuvieron activa participación. Reiteramos en esta vez una breve síntesis de juicio.

Julián Palacios era un pozo de sabiduría de cuantos conocieron la cultura indígena; es lamentable que solo haya dejado pequeños opúsculos, los cuales, como la "Pedagogía de Manco Cápac", el "Cancionero bilingüe para niños" y el "Alfabeto" en el que tuvo activa participación. 
Francisco Deza, otro pionero de la educación rural que tiene una vasta experiencia en el trato con los sobrevivientes de las culturas antiguas y esperamos que dejará escrita las informaciones de su larga actuación magisterial.


Anselmo Molleapaza, cuzqueño de nacimiento y puneño de corazón, como él solía decir, dominaba las lenguas quechua y aymara y tenía una extraordinaria habilidad para llegar y entrar a la conciencia y al corazón del indio. Murió sin dejar nada escrito.
Asunción Galindo, la educadora por antonomasia de niños campesinos, habría sido menos maestra en la ciudad. Su dominio de la lengua aymara era excepcional.


Nora Luz Díaz de Deza, maestra que le seguía en vocación a Asunción Galindo. Su calidad cultural la elevó hasta las funciones del Ministerio de Educación. Ahora vive retirada del servicio. Ojalá  que con su esposo Juan Francisco Deza dejen algo escrito, no exclusivamente para que las futuras generaciones los conozcan, sino para que conozcan las características de las culturas que pueblan todavía el Altiplano.
Fundada la Academia en 1935, en un ambiente honesto de silencio, sin estridencias publicitarias, sus integrantes trabajaron disciplinadamente en ambiente de laboratorio hasta 1939, en que la creación de las brigadas de culturización, de la cual fueron miembros, les abrió la oportunidad de hacer más funcional su labor. En 1942 publican su primer alfabeto, en 1952, tras un periodo de dispersión por las labores de la brigada, se reorganizan. Y en 1960 el Ministerio de Educación reconoce su existencia oficial por R.M. Nº 16052 del mes de octubre.
Primera Etapa
Uno de sus sobrevivientes, ya que la mayoría de los principales ha dejado el escenario de la existencia, Francisco Deza Galindo cuenta que todos los domingos se reunían con una disciplina y una responsabilidad poco comunes. No se posponía, por ninguna causa ningún domingo, ni el horario se retrasaba, ni ninguno faltaba, se servían como incentivo mental un coctel de huevo con jugo de frutas cítricas y luego empezaban a trabajar, desde las nueve de la mañana, hasta las doce del día.
Reunieron toda la bibliografía existente hasta entonces, particularmente las producciones antiguas como las obras de Bertonio o Diego Torres Rubio; estudiaban el problema, sistemática y progresivamente.
Esta forma de trabajo de la primera etapa es interrumpió después de cuatro años de labor cuando se crean las Brigadas de Culturización, cuyo personal lo formaron todos.
Segunda etapa
Aunque aparentemente se interrumpieron las labores de la Academia, el hecho de que todos asumieran nuevas y similares funciones, solo cambió el sistema de trabajo de la Academia; pasando del estudio en laboratorio al de trabajo de campo en contacto con el propio elemento vivo, los campesinos.
Foto histórica: La escuela de experimentación de
Ojherani y su directora Asunción Galindo, el maestro
Julián Palacios y José Portugal Catacora.
Juan Francisco Deza se detuvo en la comunidad aymara de Qota Cuchu y Anselmo Mollepaza, en la comunidad quechua de Qollana, en las que ambos pusieron en práctica en el proceso de alfabetización el primer alfabeto que elaboraron. Y Asunción Galindo realiza su primera experiencia en la escuela de Ojherani con niños.
Estas comunidades fueron los laboratorios funcionales de investigación, donde se probó la eficacia de gran parte del alfabeto elaborado, incluyéndose nuevas innovaciones especialmente en lo que concierne a la escritura  de las palabras específicamente nativas.
Después de esta labor cambian e intercambian correspondencia con los nativos, en los que encuentran una oportunidad más para hacer nuevas rectificaciones, observando la forma como escribían los que habían aprendido a leer y escribir.
Y finalmente, observaron cómo los naturales leían las directivas que, en su lengua repartían desde la brigada, sobre temas de trabajo agropecuario, salud y civismo, encontrando los síntomas inequívocos de la eficacia del alfabeto preparado.
En 1944, Deza es nombrado jefe de la Colonia de Vilque Chico y el personal de la brigada se dispersa entrando la Academia en un estado de inevitable receso.
Tercera etapa
Después del receso obligado, la Academia, se reorganizó en 1952 con el fin de seguir estudiando y perfeccionando el tema que los preocupaba. En esta tercera etapa se incrementa su personal con Eustaquio Aweranqa Rodríguez, Alberto Paniagua Daniells, Estanislao Arce, José Patrón, José Portugal Catacora y otros más; pero perdió en mucho su tónica inicial.
Si bien creció la academia en cantidad, en cambio la calidad de su trabajo bajó por la irregularidad de la asistencia de sus nuevos miembros, quienes posiblemente debido a que también tenían otras obligaciones, dígase profesionales e institucionales, no pudieron dedicarle su absoluta preocupación.
En esta etapa la labor se redujo a revisar los instrumentos preparados y publicarlos.
En este periodo se logró el reconocimiento oficial de la Academia por Resolución Ministerial expedida en el me de octubre de 1960, con la denominación de “Academia de las Lenguas Aymara y Quechua de Puno”. 

domingo, 6 de diciembre de 2015

NIÑOS DEL KOLLAO COMPLETO

"Niños del Kollao" es considerado como uno de los primeros libros de literatura infantil en el Perú. Publicado en 1937, fue precedido por "Juguetes" (1929) de Alida Elguera Mac Parlin, "Contando Cuentos" (1930) de Angélica Palma,  y "Las canciones de Rinono y Papagil" (1932) de Luis Valle Goicochea. Cabe destacar que "Niños del Kollao" es de todos el único que tienen como sujeto particular a la infancia andina y las zonas rurales como contexto. Tiene, además, el mérito de haberse publicado en provincia,  fuera de Lima.

A ello se suma que se trata también de uno de los primeros libros de literatura infantil ilustrados en el Perú, por lo cual figura de manera destacada en la muestra. "Mi Casa es Linda" , de la CASA DE LA LITERATURA PERUANA, que entre el mes de julio y diciembre de este año 2015 ha venido presentado la historia y diversidad de la ilustración en la literatura infantil peruana. 

"Niños del Kollao" contiene xilografías de artistas puneños como Joaquín Chávez, Víctor Enríquez (Mateo Jaika, del Grupo Orkopata), Fernando Manrique, Florentino Sosa, Roberto Valencia, Luis Berríos y Francisco Camacho.

En este blog hemos presentado una nota más amplia sobre el libro y así mismo, algunos de los relatos que contiene. Esta vez, gracias a la copia producida por la CASA DE LA LITERATURA, podemos poner al alcance de quienes se interesen, el texto completo del libro, el cual puede bajarse, aunque un podo lento, con el siguiente link. Tambien puede obtenerse en Scribdoc.

miércoles, 1 de julio de 2015

Martin Portugal Catacora

Martín (Acora, 29 de junio de 1905 – Lima, 18 de julio de 1985) fue el penúltimo de los seis hermanos Portugal Catacora, cinco años mayor que José con quien fue inseparable compañero de juegos en la infancia, y quien lo recuerda afectuósamente en narraciones autobiográficas  como  esta:

"A la muerte de mi madre, que falleció con tifus exentematico, todos los miembros de mi familia cayeron enfermos con el mismo mal. Cuando a mí me tocó el turno me puse tan grave, que mi hermana Teodosia y mi hermano Martín, conversaron sobre cómo me enterrarían. Mi hermana expresó que ocurriría muy pronto mi deceso y para eso comentó que teníamos todavía algunos cajones y maderos para hacer el ataúd. Y mi hermano sugirió que sería bueno que me enterraran en la bóveda de la Iglesia de San Pedro de Acora. Yo escuche esta conversación y pensé "qué inteligente es mi hermano Martín, sabe que si me colocan en la bóveda subterránea, yo podría salirme, porque habíamos entrado allí con otros niños y conocía bien como escapar", así que ya no me preocupo si me moriría o no" [1]. 


Primeros estudios y trabajos

Martín, Daniel I y José
Pepe, Olga y Héctor
Martín Portugal Catacora empezó sus  estudios de primaria en Acora y los terminó en Puno, pues en el pueblo sólo se podía estudiar hasta tercero de primaria. Luego, adolescente aún, ingresó a trabajar como rodeante de ganado en la hacienda en la cual trabajaba don Encarnación Catacora. Al quedarse sin trabajo, con apenas 14 años, Martín salió de Acora a buscar empleo en Puno, pasando luego a Lima y al Callao, donde, con el apoyo de su hermano Daniel II, ingresó a trabajar en la empresa cervecera Pilsen Callao. Pero no pudo laborar mucho  tiempo allí, pues fue levado y enrolado en el servicio militar obligatorio de la época [2].

La vida militar le dio entonces la disciplina y el carácter que lo distinguieron a lo largo de su vida. Estando por reengancharse y dedicarse de lleno a la vida militar, un hecho fortuito se lo impidió al perder el tren Callao –Lima cuando iba del puerto a la ciudad para presentar su solicitud de reenganche en el Ejercito. 

Llamado entonces por don Eusebio, el padre de los Portugal Catacora, volvió a Puno y Acora. En la ciudad del lago gracias a su amigo Pinazo aprendió a manejar automóvil y aprobó el examen que lo convirtió en uno de los primeros chauffers, como se decía en la época, en Puno, lo cual fue motivo de varios días de festejos por don Eusebio. 

La casa de los Portugal Catacora en Acora. Al fondo
"El Andinista" (Pintura de Arturo Peñaranda Portugal)
Empezó así a trabajar en la ruta de Puno a Ilave, ingresando luego a trabajar para doña Carlota Gallegos viuda de Martinez, importante dama que había heredado el comercio de su esposo. Luego, trabajó en el lastrado de la carretera de Puno a Ilave, pudiendo entonces comprarse un auto de transporte de personas y carga, al cual le puso el nombre de "El Andinista" y con el que trabajo por varios años, siendo uno de los vehículos pioneros de la ruta Puno Arequipa. 

En 1934 se casó con  Zoraida Martínez, con quien tuvo a su primera hija, Olga Zoraida. Lamentablemente falleció su esposa, por lo que luego de algunos años vuelve en 1939 a Puno, casándose con Hortencia Nuñez.

En la Primera Brigada de Culturización Indígena

En esa época ingresa a trabajar en las Brigada de Culturización Indígena, manejando la movilidad con la cual recorrían distintos lugares del departamento de Puno y del Cusco. La Brigada estaba dirigida por el maestro Julián Palacios Ríos, e integrada también por Francisco Deza Galindo y Anselmo Molleapaza, siendo una importante experiencia educativa realizada en Puno entre los años 1939-1945. 

En el libro "Historia de la Educación en Puno", José Portugal Catacora reseña el perfil de su hermano Martín Portugal Catacora, en el capítulo dedicado a las Brigadas de Culturización, las cuales más allá de las directivas abstractas o intencionalmente superficiales que se impartían desde Lima, tuvieron en Puno un genuino interés por la "redención del indio". 

Martín Portugal Catacora en la Primera Brigada de
Culturización Indígena 
"Martín Portugal Catacora. Nacido en el pueblo aymara de Acora, de extracción chola, apenas llegó a estudiar la escuela primaria en su pueblo natal y Puno, debido a la pobreza de sus padres. Viajó a la capital y allí aprendió el mecanismo del manejo de automóviles. De manera que fue tomado  como chofer de la Primera Brigada con obligación de manejar el equipo de máquinas que formaban los altoparlantes. Pero cautivado  por la actuación de los demás miembros no se limitó a su tarea específica, se convirtió en un miembro más que actuaba sobre las masas campesinas con el mismo interés que inspiraba a todos; pues tomaba parte activa en el desarrollo de los programas de acción educativa.
Hay un rasgo que lo distinguió en su participación y es su excepcional concepto del valor del tiempo, distinguiéndose por su cumplimiento del horario de trabajo y de los viajes, con una exactitud sajona, poco frecuente entre los hombres de nuestro medio que viven y actúan con la hora peruana que bien reluce el síntoma más fehaciente de nuestro subdesarrollo" [3].

Con las brigadas Martín Portugal Catacora recorrió el departamento de Puno y parte del Cusco. Separado de su segunda esposa vivió en Puno con su hija Olga Zoraida y su hermana Teodosia y Mercedes, hija de está. En 1950 se casó con Florencia Torres León, maestra, con quien tuvo a sus hijos Ana María, Cristina, Marco, Consuelo y Eliana.  

En la Escuela de Bellas Artes y el Ministerio de Educación

Cuando en 1954 se formó la Escuela Regional de Bellas Artes de Puno, hoy Escuela Superior de Formación Artística ESFA trabajó allí como Secretario Tesorero en el primer equipo de ese centro de estudios que más tarde se convertiría en el Instituto de Educación Superior de Arte de Puno [4]. 

En 1961 se trasladó a Lima para trabajar en el Ministerio de Educación en la sección administrativa del ministerio, donde laboró 18 años, jubilándose en el año 1979. 

Viviendo Martín, José y Daniel II Portugal Catacora en el mismo barrio de San Eugenio, en Lince, los tres hermanos compartieron las viscisitudes de la jubilación, mientras los otros tres hermanos Mariano, Teodosía y Daniel I, permanecieron en la ciudad de Puno. 

En la lápida de la tumba de Germána Catacora, madre de todos ellos, el dibujo de un árbol con sus seis raíces une para siempre, como en vida estuvieron unidos, a los seis hermanos Portugal Catacora, ascendientes de una vasta familia originaria de Acora, Puno.


NOTAS

[1] Extractos de la autobiografía inédita de José Portugal Catacora. Ver también Germana Catacora
[2] La información y fotos que se consignan en esta nota ha sido proporcionados por Olga Portugal Martinez y Ana María Portugal Torres, hijas de Martín Portugal Catacora.
[3] "Historia de la Educación en Puno". José Portugal Catacora. Universidad Nacional del Altiplano. 2013.
[4] Ibid.

martes, 24 de febrero de 2015

Educación Intercultural: Ojherani 1940

Escuela de Experimentación Pedagógica de Ojherani (circa 1945)
En 1940 los maestros y maestras de Puno experimentaron por primera vez científicamente el aprendizaje de la lectura y escritura en aymara. Fue en la Escuela de Ojherani, cercana a la ciudad de Puno, conducida por las maestras Asunción Galindo y Luz Díaz de Deza. En 1945 la escuela fue reconocida como Escuela de Experimentación Pedagógica, de esos años proviene la histórica foto que muestra al Maestro Julián Palacio Ríos, Asunción Galindo y José Portugal Catacora (no identificamos a las otras personas).

Portugal Catacora, recuerda el día en que tras varios años de trabajo, el experimento conducido por la Brigada de Culturización Indígena, a cargo de Julián Palacios Ríos, demostró la eficacia y pertinencia de la educación bilingüe.

"Cierto día de 1940, ciento y tanto maestros que nos encontramos reunidos en la ciudad de Puno visitamos el trabajo que realizaban las dos maestras en Ojherani y observamos la experiencia en la utilización de la lengua nativa para el aprendizaje de lectura y escritura con niños aymaras. 

En aquella oportunidad nos fue grato constatar, no precisamente el resultado técnico pedagógico del experimento, sino otro, más profundo, más humano. Y es que los niños aprendían con alegría, ellos sentían evidente satisfacción de poder comprender lo que leían más aún de poder escribir en la lengua con la que nacieron.  Era indiscutible que el experimento dio resultados positivos y quedaba descorrido el velo de dudas y discusiones que cubrían la posibilidad de que los niños indios leyeran en su propia lengua". José Portugal Catacora, en "Historia de la Educación en Puno".

sábado, 3 de enero de 2015

Historia de la Educación en Puno versión pirata

Con sorpresa y sentimientos encontrados recibimos una copia pirata del libro "Historia de la Educación en Puno", editado por la Universidad Nacional del Altiplano, de José Portugal Catacora. Sin duda la copia revela la demanda por el libro, pero este tipo de publicaciones con fines lucrativos deben hacerse de manera formal y solicitando las autorizaciones correspondientes. 

No es la primera vez que esto ocurre. Años atrás tuvimos en nuestras manos una copia pirata de "El Cuento Puneño" que incluso tuvo inscripción en la Biblioteca Nacional del Perú. 

Todo esto no tiene nada que ver con las impresiones que realizan asociaciones de maestros en Puno y otros lugares del Perú con fines educativos y culturales de obras de José Portugal Catacora, como ocurrió con "Una Escuela por Niveles de Madurez en el Perú". A ellos más bien nuestro reconocimiento.   

jueves, 28 de agosto de 2014

Nueva Escuela para una Nueva Nación

Continuando con la colección "Pensamiento Educativo Peruano", la Derrama Magisterial ha publicado el tomo X Nueva Escuela para una Nueva Nación 1919-1932, escrito por el reconocido sociólogo Osmar Gonzales. El libro aborda un período crucial para las ideas educativas en el Perú, pues se trata del momento en que José Antonio Encinas, José Carlos Mariátegui y Víctor Andrés Belaunde desplegaron su pensamiento sobre  la educación nacional y la educación de la población indígena.

Al tratar la influencia de las ideas de Encinas en experiencias posteriores, Osmar Gonzales hace referencia al Instituto Experimental de Educación de Puno fundado por José Portugal Catacora: 

"Posteriormente, uno de sus coterráneos, el maestro José Portugal Catacora, inspirado por las ideas centrales de Encinas, fundó en junio de 1947 el Instituto Experimental de Educación de Puno (ahora bajo el nombre de Institución Educativa 70001, del Barrio Huajsapata), que estableció un sistema de organización escolar por niveles del aprendizaje y ya no por años. Su interés fue lograr la formación integral de los educando. Asimismo, fue autor de un libro en el que formula y sustenta sus principios pedagógicos: "Una Escuela por Niveles de madurez del aprendizaje" (1990). La experimentación en la enseñanza de Portugal Catacora guarda una similitud con la de Encinas y su Escuela Nueva, y el mismo se encargó de rendir homenaje al maestro en su libro "José Antonio Encinas, el maestro de los maestros peruanos" (1988)" [1].

Efectivamente el modelo pedagógico del Instituto Experimental de Puno, se inspiró en las propuestas pedagógicas de José Antonio Encinas, expresadas en su conocido libro "Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú", pero también en las modernísimas ideas que recogió en su larga deportación, especialmente cuando se desempeñó entre 1939 y 1944  en el Liceo Aguayo de Cuba como Jefe del Departamento de Psicopedagogía. 

A solicitud de Portugal Catacora, Encinas, quien desde su puesto como senador había auspiciado la creación del Instituto, participó también en la elaboración de su Plan Pedagógico, capacitó a sus primeros profesores y mantuvo comunicación con Portugal Catacora para seguir los avances del Instituto. Sobre éste,  Encinas dijo: "[Esta] Escuela pretende renovar el ambiente escolar hasta hoy circunscrita a la elemental tarea de enseñar, bien o mal, las asignaturas consignadas en el Plan de Estudios. Se trata ahora de dar a la escuela el contenido científico como consecuencia  de la serie de experiencias verificadas tanto sobre la naturaleza del niño cuanto acerca de las necesidades didácticas, sociales y económicas en que se desenvuelve cualquier institución educativa" [2]. 

A lo largo de los diez años que estuvo a cargo de la Dirección del Instituto, Portugal Catacora produjo siete sendos estudios que sustentaban las avanzadas ideas pedagógicas que allí se desarrollaron, como Psicopedagogía del Lenguaje (1949,1952) y Psicopedagogía de los Números (1955), así como textos de lectura para niños, como es el caso de Mi Tirallo (1952), libro pionero en este tipo de publicaciones. 

En 1957, llamado por el Ministro Jorge Basadre vino a Lima para ocupar una Dirección en el Ministerio de Educación. El Instituto continuó su funcionamiento, transformándose en la Institución Educativa Pública N° 70001, la misma que desde el 2013 de denomina IEP 70001 "José Portugal Catacora". 

Haciendo honor a José Antonio Encinas y Jose Portugal Catacora, fundadores de dicho centro de estudio, sus actuales maestros y maestras prosiguen la labor en favor de los niños de Puno.

En las siguientes entradas puede verse más sobre la experiencia del Instituto:

Fundación del Instituto

Encinas...una anécdota

El Instituto en sus primeros años...

Notas:
[1] Nueva Escuela para una Nueva Nación 1919-1932. Osmar Gonzales.  Derrama Magisterial. Lima 2014. Página 43.
[2] Artículo de José Antonio Encinas, incluído en Una Escuela por Niveles de Madurez en el Perú. Lima, 1990.

viernes, 25 de julio de 2014

Alfabeto Aymara Quechua Castellano

El problema del estudio de una lengua hay que concebirlo desde los puntos de vista del alfabeto, la gramática, el diccionario y la literatura, a lo que habría que agregar la técnica o las técnicas del aprendizaje y de su enseñanza desde el punto de vista educativo.

La Academia de las Lenguas Nativas de Puno empezó por el estudio del alfabeto, por que indudablemente es la primera cuestión básica, sin el cual no es posible llegar a su utilización. Los demás problemas los tocó subsidiariamente como el vocabulario y la guía didáctica e implícitamente la gramática.
El alfabeto
El alfabeto elaborado por la academia consta de cuarenta signos gráficos y acústicos. A continuación se presentan los cuarenta signos, con ejemplos iniciales de palabras aymara y castellano, así como quechua y castellano.
Para seguir leyendo presione Más Información:

lunes, 16 de junio de 2014

La Escuela luego de la Guerra del Pacífico


Parque Pino (Puno)
Del libro "Historia de la Educación en Puno" de José Portugal Catacora presentamos extractos del capítulo sobre la escuela puneña luego de la guerra con Chile, al que hemos añadido fotos y notas. 

Es poco conocida la participación de los patriotas puneños en este conflicto, aunque la segunda plaza principal de la ciudad de Puno lleva el nombre del Dr. Manuel Pino (15-12-1927 - 15-01-1881), insigne hombre de leyes quien participó y murió en la batalla de Miraflores en la defensa de Lima. Un importante trabajo del Dr. Nuñez Mendiguri ha rescatado el aporte de Puno en suministros a las lineas de defensa del Perú en el sur y en especial su contribución con numerosos hombres y mujeres, la gran mayoría campesinos quechuas y aymaras, a las fuerzas patriotas [1].

La educación en general del país, en sus tres niveles, renació sobre los escombros de la guerra con Chile. Carente de recursos materiales, sin embargo estuvo impulsado por una fuerza espiritual más fuerte que la fuerza que proviene de la energía material.
En locales destartalados, sin muebles y sin ningún elemento didáctico para niños, volvió a trabajar la escuela peruana como yerba sobre el campo eriazo.
En Puno la escuela surgió igual que las demás. Dos maestros personificaron a los educadores que le dieron vida a estas es­cuelas: don José María Miranda [2] y don Eduardo Pacheco. Si hubo al­guie
Libro del Dr. Mario Edmundo
Nuñez Mendiguri (2012)
n más, no dejo huellas como éstos.
La práctica del chauvinismo
Es indudable que la filosofía de la escuela de post-gue­rra del Pacifico fue chauvinista. Acaso fue la única vez en la historia que se utilizó el chauvinismo como instrumento educativo para formar el espíritu patriótico. Pero se redujo a menos de un cuarto de siglo.
Pues el Perú fue, es y será siempre un pueblo pacifis­ta, ya que por este espíritu los conflictos que, por razón de límites, hemos tenido con nuestros vecinos de los cuatro lados, siempre hemos arreglado, cediendo materialmente, es decir, sacrificándonos.
El chauvinismo se practicó en las escuelas de Puno en una forma emocionalmente perseverante. Cada día, al ingresar a las aulas, después de entonar el himno patrio con fervor, se re­petia con énfasis "Tacna, Arica y Tarapacá, del Perú son. Viva el Perú, muera Chile."
Durante los años que siguieron a la terminación de la guerra miles de voces infantiles han repetido esta frase y a e­llos se redujo el chauvinismo que se torno, poco a poco en algo mecánico hasta que se diluyo en la nada andando los tiempos.
Los planes de estudios
Si bien la elaboración de los programas estaban librados a la concepción libre de quienes conducían los planteles educaciona­les, el contenido de ellos no incluía nada especial que reflejase el chauvinismo de que hablamos; pues dichos planes de estudios no contenían cursos que sirviesen de instrumento al espíritu chauvinista.
Los educadores de aquella época conocían poco o nada de pedagogía; por tanto, la enseñanza era muy rutinaria. Los niños estudiaban la mayor parte de libros, como la gramática de Salazar, la historia de Caivano o la psico­logía de Jaime Balmes, en forma mecánica, memorizando páginas y páginas con puntos y comas, muchas veces sin entenderlo.
Hemos oído a nuestros padres repetir páginas de la historia de Tomas Caivano y todavía hemos conocido algunos textos como aquello de “lecciones de cosas" que eran un texto que contenía la mayor parte de las Ciencias Naturales concebidas en forma global.
Interesante obra sobre los aymaras
en el plebiscito por el retorno de Tacna
y Arica al Perú en 1921 .
Si bien aquellos maestros enseñaban en forma poco didáctica, en cambio, creemos con seguridad que eran educadores por intuición. Aunque su concepción era puramente formal y moral, cuidaban del comportamiento de los niños, las buenas maneras y costumbres, la higiene personal y el cumplimiento de la hora, con verdadero celo hasta rayar en imponer fuertes castigos a los niños de conducta "mala ó regular". En el aspecto cultural cuidaban que el niño sepa leer y escribir y las cuatro operaciones matemáticas más que los otros conocimientos.
Por ejemplo, cuidaban que los niños leyeran el “mosaico” porque en aquellos tiempos no se usaba la máquina de escribir y era más práctico que la escuela enseñara a leer las numerosas clases de letras con que la gente escribía.
Podemos afirmar sin temor a dudas que aquellos maestros, eran más educadores que nosotros en esta época, pues eso significa el cuidado de la conducta. Lo único que habría que reprocharles es el uso del castigo. Pues en esto había formas diversas de imponerlo desde la palmeta, hasta los cuartos lle­nos de calaveras.
Maestros Miranda  y Pacheco
Desde 1884 en que se reabrieron las escuelas hasta 1904 en que Juan Manuel Polar, como ministro de José Pardo, sistematizó la organización y funcionamiento de los planteles educativos, pasaron posiblemente varios maestros por las escuelas de Puno, pero la memoria social conserva mejores recuerdos de la acción de dos maestros y no de todos, porque esos dos maestros impusieron el signo de su personalidad en su obra educativa. Estos fueron Don José María Miranda y don Eduardo Pacheco.
José María Miranda  nació en Puno, era miembro descendiente de una de las familias de mayor raigambre puneña y, por tanto, insuflado del más acendrado cariño por la tierra y por la patria; dos senti­mientos que demostró plenamente en su vida posterior.
En su primera juventud fue testigo presencial de la cruel y despiadada invasión chilena al Perú. La remembranza de los ultrajes que sufrió en carne propia engendró en su espíritu un indisimulable odio por Chile, que afloró con sentimiento sincero en la orientación que dio a la escuela cuando le tocó la suerte de ser maestro. Muy Joven asumió la dirección de la única escuela popular que existía en Puno; al reabrirse esta después de la guerra del 79, le toca en suerte reconstruir la escuela destruida por los chilenos. Sobre los escombros de la guerra abrió su escuela en 1884, sin local y sin muebles, pero con esfuerzo denodado volcó todo su empeño y la escuela insurgió y los niños puneños acudieron a sus aulas y sus enseñanzas.
Su mayor preocupación fue preparar a los nuevos puneños y peruanos para rescatar Tarapacá, Tacna y Arica, que se nos despojaron injustamente. Aunque en todos los planteles se repitieron, posiblemente fue él quien acuño aquellas expresiones para hacer vibrar el patriotismo de las generaciones que educaba: "Tacna, Arica y Tarapacá del Perú siempre serán. Viva el Perú. ¡Muera...Chile!
Cuando más tarde fue elegido diputado por Puno, en el parlamento insistió en su idealismo, desde el punto de vista político. Pero la política internacional y la presencia mediadora de los Estados Unidos, se sobrepuso a la política de Miranda.
Hoy, ya nadie piensa en el rescate, aunque la descon­fianza en la actitud de Chile, renace en todo momento; parece que el destino de los pueblos de América, especialmente del sector Andino, cambiará y los ideales de Bolívar acaso se tornen en realidad.
De Eduardo Pacheco se sabe poco o nada de su nacimiento y su niñez. Lo único que se sabe de él es que fue un maestro a carta cabal. Desde muy joven se inició, en la escuela de Miranda y de él heredo el patriotismo chauvinista con que insufló su labor.
Cuando Miranda fue elegido diputado, Pacheco tuvo su propia escuela y por sus manos discurrió la vida infantil de de­cenas de generaciones.
Le llegada de Encinas a Puno y el auge que tomó la Es­cuela 881 bajo su dirección absorbió a la niñez puneña y Pacheco tuvo que cerrar su escuela, pasando a ocupar un auxiliarato en el plantel 881, donde aún hemos tenido la suerte de conocerlo [3].
Pacheco y Miranda, le dieron la misma tónica chauvinista a la escuela peruana de post-guerra en Puno, pero Pacheco era más docente que Miranda. La prueba está en que Miranda resbala hacia la política que siempre desnaturaliza al maestro, los bue­nos maestros que llegaron al parlamento, salvo Encinas, siempre distorsionaron su personalidad por lo menos en el consenso social. En cambio Pacheco siguió en su puesto de lucha, como los antiguos espartanos hasta caer sobre el escudo.
Las escuelas de Miranda y Pacheco exigen unas páginas en la historia de la educación de Puno y del Perú. Con este criterio emocional juzgamos la obra de la es­cuela de post-guerra del pacífico, dirigidos por estos dos edu­cadores guiados por el mismo idealismo.
Miranda y Pacheco fueron dos héroes civiles porque so­bre los escombros de la guerra levantaron una escuela, la sostu­vieron y le dieron prestigio y prestancia.
Hubo en la vida y la obra mucho de sacrificio y hasta de heroísmo. Pues, educaron en tiempos en que el erario nacional no contaba con un centavo, pero las nuevas generaciones exigían a gritos educación. Como en su niñez asieron la leche con amor, sin plata, pero con gran espíritu humano y nacionalista.

NOTAS

[1]  En un libro muy bien documentado, Nuñez Mendiguri señala el aporte económico y material de los hacendados de Puno y de la población en general. En especial destacan sus referencias al aporte de las mujeres que organizaron en muchos pueblos talleres de producción de uniformes entregados gratuitamente.  "Un rol muy importante de las mujeres durante la guerra fue el de las mal llamadas rabonas, mujeres que acompañaron a las tropas...estas mujeres quechuas y aymaras que descalzas siguieron el desplazamiento de la tropa durante las batallas de Tarapaca, siguiendo al batallón Zepita N° 1 y más tarde al batallón Victoria N° 15 en Arica y Tacna, también estuvieron en la batalla del Alto de la Alianza". (Nuñez Mendiguiri, Puno 1912).

[2] José Maria Miranda fue maestro de José Antonio Encinas quien lo menciona y reseña su labor en "Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú".

[2] Pacheco fue profesor de José Portugal Catacora cuando éste terminaba la primaria en 1926 y cuenta esta anécdota en el libro: "Un día me asomé a la puerta de la clase del maestro Pacheco, los niños, en un griterío de más de cincuenta voces, le pedían ¡cuento! ¡cuento!.  Y el maestro, no sé si porque se le agotó el repertorio o por que debían hacer otra labor, se desgañitaba gritando su negativa, sin lograr poner el orden. Tímidamente entré y le dije, yo puedo contarles cuentos, señor...Les conté unos de esos cuentos largos que nunca terminan y los niños estuvieron calladitos...Desde aquella tarde frecuentemente iba a contar cuentos a los niños del maestro Pacheco, quien cierto día me toco por el hombro y me dijo: El que sabe contar cuentos a los niños puede ser un buen maestro; porque no te dedicas a ser maestro, más tarde. La insinuación del maestro fue indudablemente profética".

lunes, 30 de diciembre de 2013

Historia de la Educación en Puno

Librería internet: Libros Peruanos
Historia de la Educación en Puno”. José Portugal Catacora. Universidad Nacional del Altiplano. 446 páginas. Puno, 2013.

La obra reúne un conjunto de 28 experiencias educativas realizadas en el altiplano, empezando con la de Manco Cápac y Mama Ocllo que habría fundado la educación espontánea presente en las comunidades quechuas y aymaras, pasando por la formación de la escuela de la posguerra del pacífico y las numerosas  experiencias educativas que se desarrollaron en el siglo XX, entre las que destacan el ensayo de Escuela Nueva del Maestro José Antonio Encinas y los Núcleos Escolares Campesinos, hasta llegar a la experiencia del Instituto Experimental de Puno realizada entre 1947 y 1957.
Considerando el vasto proceso educativo que vivió Puno, muchas otras valiosas experiencias pedagógicas no han sido recogidas en el libro, principalmente por insuficiente información, pero las incluidas permiten  contar con un amplio panorama pocas veces tratado en conjunto. 

El libro combina el recuento histórico con el ensayo y el testimonio, siguiendo a la descripción de cada experiencia educativa una valoración pedagógica que añade un valor especial, pues las apreciaciones de Portugal Catacora son las de un educador seguidor de las ideas de Encinas, quien precisamente auspició el establecimiento del Instituto Experimental de Puno, cuyo Director fue el autor.
En muchos casos el relato de las experiencias recopiladas incluyen referencias a la propia participación del autor, quién fue un activo protagonista de los sucesos educativos en Puno en las décadas del treinta y el cincuenta del siglo XX.
Resulta especialmente valiosa la incorporación de breves biografías de quienes condujeron o intervinieron en los casos estudiados, lo cual hace más vivo el esbozo histórico y convierte al libro en un homenaje a quienes, superando innumerables problemas y vicisitudes, protagonizaron tan trascendentales procesos educativos.
Debido a la limitada bibliografía existente al momento de la elaboración del libro, el autor optó por emplear principalmente información propia, extraída de sus archivos y especialmente de su memoria y de la de quienes participaron en las experiencias. Para los casos más antiguos, la fuente fue la tradición oral. Por ello el libro original no contiene referencias bibliográficas, salvo algunos libros que, en lo posible, han sido identificados y consignadas en una bibliografía post  scriptum.
 “Historia de la Educación en Puno” fue elaborado por su autor a lo largo de doce años, empezando en 1969 y culminando algunos de sus capítulos en el año 1980. Su redacción se vio interrumpida en diversas ocasiones por problemas de salud y por la elaboración de otros textos, pues en ese mismo período publicó “Los padres, los niños y la vida” (1974), “Niños del Altiplano” (1976),  “Estrategia para guiar el aprendizaje” (1980) y escribió numerosos artículos en diarios de Lima.

Por ello, el libro fue redactado en diversos momentos y no alcanzó tener una versión corregida exhaustivamente para su publicación. Para la  presente edición se han realizado las correcciones indispensables, optado por respetar, en todo lo posible, el manuscrito original a fin de presentar lo más fielmente el pensamiento del autor, quien quiso legar a las nuevas generaciones un balance de la educación puneña y el reto de emular los trascendentales esfuerzos y la creatividad que desplegaron los maestros y maestras protagonistas de la historia de la educación en Puno.

INDICE DE LA OBRA
I. La Educación Social de Manco Cápac y Mama Ocllo / II. La Escuela de Post guerra del 79: 1884-1900 /     III. La Escuela de Perfección: 1900-1902 / IV La Legendaria Escuela de Utahui-Laya: 1903-1905 / V. Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú: 1907-1911 / VI. La Escuela de la Mamita Iglesias: 1909-1913 / VII. La Misión Adventista del Lago Titicaca: 1912 / VIII. La Universidad Libre de Orqopata: 1923-1932 / IX. La primera Escuela Normal Rural: 1926-1937 / X. La Escuela Rural de Pacastiti: 1926-1936 / XI. La Escuela Ambulante de las Pampas de Ilave: 1929 / XII. La Escuela de la Congregación Salesiana: 1929-1974 / XIII. El Movimiento Educativo Rijchari: 1935 / XIV. Un Ensayo de Aprendizaje por grupos: 1935 / XV. La Academia de las Lenguas Aymara y Quechua: 1935-1965 / XVI. La Primera Brigada de Culturización: 1939-1945 / XVII. La Escuela Experimental de Ojherani: 1944-1951 / XVIII. Un Curso pionero de capacitación: 1942. / XIX. La Campaña de Alfabetización en Puno: 1943-1945 / XX. La Colonia Indígena de Trabajo Colectivo de Vilquechico: 1943-1948 / XXI. Un Curso de Perfeccionamiento Docente: 1943-1944 / XXII. Un Ensayo de Programa Acelerado: 1944 / XXIII. La Escuela Andina de Enfermeras: 1944-1947 / XXIV. La Escuela Regional de Bellas Artes: 1955 / XXV. La Reforma de la Educación Nacional: 1943 / XXVI. El Ensayo Bilingüe de Qamaqachi:  1946 / XXVII. Los Núcleos Escolares Campesinos:  1947 / XXVIII. Una Escuela por Niveles de Madurez en el Perú:  1947-1956.