domingo, 19 de mayo de 2013

El Tiula (Zorro)


Al zorro se le conoce por el "tío zorro" que en aymara se dice tiula. Al zorro se le atribuye todos los defectos y vicios morales a diferencia del cóndor al que se le conceden todos los atributos de superioridad moral y social.
 
 Los demás animales saben que el zorro es latoso, mentiroso, farsante, capaz de engañar a sus semejantes y a los demás animales. Por esta razón el zorro es discriminado de todos los ambientes y vive solitario, sin más amigos que sus propias tretas para vivir.
 
Origen del zorro
 
Los campesinos cuentan como una fábulas legendaria que en algún tiempo, el zorro se había hecho acólito del dios Inti y que éste, considerando su aguda inteligencia lo tuvo como uno de sus preferidos.
 
Pero el zorro no pudo ocultar por mucho tiempo su mala conducta. Una noche se comió las gallinas, devoró las ovejitas y engañó a los demás animales con muchas promesas como si él fuera el dios Inti.
 
Inti, al darse cuenta de todo, lo castigó severamente, lo internó en las profundidades de la tierra donde viven los sajras o diablos en medio del fuego central.
 
El zorro pidió perdón al dios Inti y prometió modificar su conducta y que en adelante se comportaría mejor, esta petición la hizo llegar ante la esposa de Inti, la luna Pajsi, y ella compadecida  trato de convencer a su esposo y consiguió que le perdonara.
 
Pero cuando el zorro salió  de las profundidades de la tierra, tenia quemada la piel y el pelambre que cubría su cuerpo. Por eso el zorro parece tener siempre la pelambre chamuscada. 
 
El zorro y el ratón
 

lunes, 6 de mayo de 2013

Encinas y Arguedas (I)

“Maestros andinos que hicieron de la educación una profesión de fe, de consagración al Perú y a su identidad andina, a su desvelo por el niño en situación de riesgo y amenaza, por situar el cimiento de su quehacer en la realidad que tenían que comprender y transformar, por su devoción a las culturas nativas y el ahínco puesto en forjar una patria y un mundo mejor” Danilo Sánchez Lihón


Arguedas, Celia Bustamante y Encinas [1].
Con ocasión de un aniversario más del nacimiento de José Antonio Encinas Franco (30 de mayo de 1886 - 30 de julio de 1958) recordamos su amistad con José María Arguedas Altamirano, quien, en varios aspectos, fue continuador de las ideas educativas iniciadas por el maestro puneño. (Carlos Portugal Mendoza).

El rector y el alumno
En 1930,  José Antonio Encinas escribía desde España a Luis E. Valcárcel:

"Usted sabe cuanto quiero a nuestra tierra y cuanto ansió serle útil. No me quedaría en Europa por todo el oro del mundo. Puedo en forma egoísta aceptar las tentadoras propuestas que aquí me ofrecen y dejar de pensar en el Perú, como otros que viven aquí libres de los innumerables peligros que ofrece la vida incierta de la política. Pero no dejaría por nada poder ser útil al indio, brindar mis alegatos a sus necesidades, ni dejar de velar por él. Este problema y el de la enseñanza en todos sus aspectos serán de necesaria dedicación de mi vida en el Perú" [2].

Y a ello vino cuando volvió en 1931 al Perú luego de seis años de destierro por haberse opuesto a la reelección de Leguía. Encinas regresa y es elegido nada menos que Rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cargo que asume en abril de ese año. En agosto, José María Arguedas Altamirano, con veinte años de edad, ingresa a San Marcos para iniciar sus estudios de Licenciatura en Literatura.

Esa coincidencia terminaría en mayo de 1932, cuando Sánchez Cerro cierra la universidad disgustado por la reforma y modernización universitaria emprendida por Encinas y por las continuas movilizaciones estudiantiles. Al año siguiente, Encinas sería desterrado por el General Oscar Benavides, sucesor de Sánchez Cerro.
Se desconoce si en el corto tiempo en que coincidieron en San Marcos, Encinas y Arguedas hayan tenido alguna relación; pero sin duda no pudo pasar desapercibido para el joven estudiante la recia figura del rector reformista, su límpida trayectoria política, su propuesta educativa y por cierto su postura indigenista, difundida ya en 1930 a través de una carta pública en la cual anticipaba conceptos de su histórico libro “Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú” (1932).
“Si alguna misión tenemos que cumplir en el Perú, como ciudadanos y educadores, es sacar al indio de la dolorosa situación a la que el egoísmo y la incomprensión lo han llevado. Toda la acción de la Escuela, todo nuestro esfuerzo debe concurrir a ello... Conviene sí que, que pongamos en claro lo que entendemos por educar al indio…La educación del indio exige tierra propia. La tierra antes que la Escuela. La Escuela no puede preparar siervos. Su misión es libertar al indio. Esa libertad es antes que todo de orden económico...Esa labor significa fundirse en el indio, sentirse indio y vivir junto a él y asus intereses con una lealtad de apóstol” [3].
En 1937, el destino une nuevamente los nombres de Encinas y Arguedas, cuando éste último cae preso junto con José Antonio Encinas Pando, hijo del maestro puneño y compañero de estudios de Arguedas en San Marcos, quien había retornado a los claustros en 1936. Ambos, junto con otros 15 estudiantes, estuvieron detenidos por protestar ante la presencia en la Casona de San Marcos de un emisario del gobierno fascista de Italia.

La terrible experiencia de la prisión, en la cual estuvo por nueve meses, marcó hondamente a Arguedas quien luego escribiría la novela “El Sexto”. José Antonio Encinas Pando, recordaría años más tarde el trance en que conoció al escritor.  
“Por lo demás, las celdas estaban sobre pobladas, con pisos de cemento…sólo con tazas de toilet, sin lavabos ni catre, aunque con colchones hinchados de pulgas…había tres metros  cuadrados por preso y éramos quince. Allí conocí a José María Arguedas, quien escribiría un libro sobre esta vergonzosa cárcel…” [4].

En el Sexto, Arguedas también tuvo oportunidad de hacer amistad con Leopoldo Cuentas Bedregal, puneño de la provincia de Huancané. Con afecto el escritor lo llamaba  “Suchi”, nombre de un pequeño pez del lago Titicaca [5].
“Cuando vengas leerás una carta que me ha escrito el “Suchi” Cuentas de Puno. Me llegó uno de esos días feos como hoy; y esa carta me curo por  varios días. Es una carta llena de ese idealismo nuestro, de la misma pureza de las tuyas, de esa humana poesía; pero como tienen ternura de serrano, amistad de serrano, más mía, más de mi sangre y mi tierra, me conmovió…El “Suchi” es un gran muchacho…”[6]. 

Arguedas maestro y reencuentro con Encinas en México 
Arguedas en Sicuani (1939)

En 1939 Arguedas inicia su carrera de maestro enseñando las asignaturas de Castellano y Geografía en la secundaria del Colegio Mateo Pumacahua en Sicuani, Cusco. Desarrolla allí una innovadora labor en base a la cultura e  inquietudes de sus alumnos. En los siguientes años y hasta su fallecimiento, prácticamente no dejara de enseñar ya sea en las escuelas secundaria de Lima y en las universidades de San Marcos, la Cantuta y la Agraria. Aunque su faceta de maestro ha sido opacada por su trayectoria como escritor y antropólogo, su preocupación y aporte a los temas educativos  fue permanente y merecen mayor atención que la que ha recibido hasta ahora.  

La experiencia en Sicuani, le permite proponer un "método cultural" para introducir el castellano en la población indígena, reemplazando el "método impositivo" aplicado hasta entonces:

"El niño y el adulto indígena aprenderá a leer en su propia lengua; y esta enseñanza sí será valida y real; porque el alumno llegará a leer en forma verdaderamente absoluta. Leerá y comprenderá lo que lee, porque las palabras de su texto de lectura será su lengua materna. No sólo lograra dominar el mecanismo de la lectura sino que llegará a poseer toda su incomparable virtud de ser alfabeto...el indio hecho alfabeto en su propia lengua...estará en condiciones incomparablemente mejores para aprender el castellano" [7].

Con Encinas fuera del Perú entre 1933 y 1944, debido a sus sucesivos destierros y su trabajo en el Liceo Aguayo de Cuba entre 1939 y 1944, no tuvieron oportunidad de encontrarse, sino hasta que en 1940 ambos participan en el Primer Congreso Indigenista Interamericano realizado en la ciudad de Pátzcuaro en México. Para entonces Encinas ya era un maduro educador y político y Arguedas además de haber empezado a enseñar contaba con sus primeros libros "Agua" y "Canto Kechua".

Sin duda, el encuentro con Encinas fue de gran beneficio para el entonces joven escritor, sobre todo en el marco de un evento donde, con la presencia de lo más graneado del indigenismo latinoamericano, se discutieron propuestas de avanzada para la protección y el desarrollo de la población indígena de América [8].
Al regreso de México, donde estuvo dos meses, Arguedas continuó enseñando en Sicuani hasta 1941. Allí tuvo oportunidad de conocer a los maestros puneños, Victor Cuentas Ampuero, músico autor de “Cholitas Puneñas”, y a Alfredo Macedo Arguedas, autor de obras de teatro [9].
Enrique Encinas Franco
Más tarde Arguedas entablaría una entrañable amistad con Enrique Encinas Franco hermano menor del maestro puneño, quien fue su siquiatra en 1944 [10]. Enrique Encinas (1895-1971) estudió en el extranjero y es considerado el fundador de la neuro patología en el Perú. Si bien se dedicó principalmente a su profesión, en su juventud apoyó junto con José Antonio Encinas las luchas indígenas, como cuando ayudó a escapar de la cárcel al legendario defensor de los indios Ezequiel  Urviola. En Lima alcanzó a participar en la Junta médica que trató a José Carlos Mariátegui. 

En 1951 Arguedas y Enrique Encinas tuvieron ocasión de viajar juntos al sur del Perú .
“El doctor Monge, Director del Instituto de Altos Estudios de la Universidad San Marcos, nos  encomendó a Enrique Encinas y a mí la misión de ir a Cusco, Arequipa y Puno a invitar a los profesores universitarios y otros estudiosos para una Conferencia Internacional de Antropología…El doctor Enrique Encinas es hermano de José Antonio Encinas y aunque no es tan popular como él su valor es quizás más permanente; está considerado como uno de los más grandes hombres de ciencia que ha dado el Perú; y como persona es una maravilla. He sido muy feliz acompañándolo” [11]  


[1] Foto publicada en “Nosotros los Maestros” de Wilfredo Kapsoli. Derrama Magisterial, Lima, 2011. Probablemente corresponde a su encuentro en el Congreso Indigenista Interamericano, en México en 1940. Encinas estuvo fuera del Perú entre 1933 y 1944. 
[2] Archivo de correspondencia de Luis E. Valcárcel. Biblioteca del Ministerio de Cultura. De acuerdo a la correspondencia entre ambos, su amistad se inicio en 1930 cuando un Encinas "proscrito", como dice en sus carta, solicita desde Europa a Valcárcel su participación para editar una colección de traducciones de peruanistas como Cunow en la Biblioteca de Antropología Peruana.
[3] “A los maestros graduados en la Escuela Normal Superior de Lima”. 1930. En “José Antonio Encinas, el maestro de los maestros peruanos”. José Portugal Catacora, 1986,
[4] Encinas Pando, 1991.
[5] Leopoldo Cuentas Bedregal, abogado y militante aprista, más tarde se asimilaría al Ejercito (Información de José Luis Ayala). Es mencionado en varias cartas de Arguedas de 1940 y 1941 como colaborador en la venta de “Canto Quechua” y “Yawar Fiesta” en el sur del Perú. Pinilla, 1996; Forgues, 1993.  
[6] Carta de Arguedas a José Ortiz Reyes. Pinilla, 1996. 
[7] "Un método para el caso linguistico del indio peruano". 1944. En: "Nosotros los maestros". Derrama Magisterial. Lima, 2011.
[8] El Congreso, realizado del 14 al 24 de abril de 1940, adoptó importantes acuerdos para promover el acceso de la población indígena a la tierra y la educación, el establecimiento de alfabetos de lenguas indígenas, la protección de la cultura indígena y el uso de la lengua indígena en la educación, así como la combinación de educación, salud y promoción productiva para los indigenas. Cabe anotar que en este Congreso el puneño Alfonso Torres Luna, aunque no asistió,  presentó una ponencia sobre la educación del aborigen peruano.
[9] “En 1941 Víctor Cuentas Ampuero (1904-1983) radica en Sicuani, donde hace amistad con José María Arguedas, el poeta Luis Nieto y Alfredo Macedo Arguedas. Ingresa como profesor del Colegio Nacional Pumacahua de Vilcanota. En este pueblo organiza veladas musicales”.  Américo Valencia Chacón. Música Clásica Puneña. Publicación del Gobierno Regional. Puno 2006. En “Pumacahua”, la revista que publica Arguedas en 1940, incluye como ejemplo de poesía quechua, dos huaynos tomados de obras de teatro de Macedo Arguedas.  
[10] “Felizmente un médico joven (Enrique Encinas Franco, 1895-1971), muy amigo de Julia Codesido me dio unos remedios eficaces”. Pinilla, 1999.  
[11] Carta de José María Arguedas a su hermano Arístides del 2 de agosto de 1951. Pinilla, 1999. La conferencia se realizó del 17 al 23 de agosto de 1951, en el mismo mes que el Congreso Internacional de Peruanistas. Ambos organizados por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con ocasión del IV Centenario de su fundación. En aquel viaje, Arguedas conoce a Josafat Roel Pineda. En el Congreso de Peruanistas, José Antonio Encinas presentó su trabajo “Totemismo entre los antiguos peruanos” y Arguedas, “El arte popular religioso y la cultura mestiza en Ayacucho”.
 

viernes, 3 de mayo de 2013

Encinas y Arguedas (II)


Gamaliel Churata y Encinas en La Paz en 1936
Retorno al Perú

En 1936 José Antonio Encinas participa desde su destierro en las elecciones generales en el Perú, ganando un puesto en el Senado. Pero, las elecciones son anuladas y  Encinas es impedido de ingresar al Perú desde Bolivia, donde tiene que quedarse por algunos meses. Se reencuentra entonces en La Paz con Gamaliel Churata, por entonces director del diario "La Calle" y quien fuera su notable discípulo de cuando enseñó en la Escuela N° 881 de Puno.  Unos años más tarde (1939) Encinas estará nuevamente en Bolivia, aún sin poder retornar al Perú, y visitará la legendaria Escuela india de Warisata donde durante varias semanas dictó charlas a los maestros indígenas vertiendo sus novísimos conocimientos pedagógicos  adquiridos en Inglaterra y Francia  [1]

No será sino hasta 1944 que Encinas logra retornar al Perú, tras culminar sus labores en el  Liceo Aguayo de Cuba. Su recepción es apoteósica en Lima y sobre todo en Puno, que una vez más lo elige Senador en las elecciones generales de 1945, ganadas por Bustamante y Rivero. El golpe de estado de Odría en 1948 interrumpe el régimen democrático, pero debido a la oposición, se realizan nuevas elecciones en 1950, siendo Encinas elegido nuevamente Senador, bajo el gobierno constitucional de Odría, régimen al cuál combate desde el parlamento.  

Su dedicación a la política, impide a Encinas dedicarse a la educación, aún cuando siguió brindando clases en el Colegió Dalton, fundado con sus hermanas en 1933. Realiza entonces una suerte de magisterio político con cada una de sus  intervenciones en el Congreso, todas ellas plenas de conocimiento y juicio ético, siempre en defensa del niño y el indio.

Como parlamentario, destacan sus palabras a favor del establecimiento de una oficina de asuntos indígenas, primero, y luego de un ministerio dedicado a la protección y progreso de los indígenas, la educación laica, la gratuidad de la enseñanza secundaria, el sueldo, la salud y la preparación de los maestros, el progreso de la educación en general y en particular de las escuela rural. Son memorables las ocasiones en que levanta su voz de protesta frente a la represión de los movimientos indígenas y de los trabajadores [2].    

De su experiencia parlamentaria, se contaba la siguiente anécdota:

"Durante el segundo período de su condición de Senador de la República, un día que se debatía el problema de la Educación, alguien con la mordacidad que algunos políticos usan cuando ya les falta razones para seguir discutiendo, aludió que el maestro era comunista.

Entonces el maestro Encinas se empinó sobre sus pies como un monumento y respondió:

- Si defender los derechos del niño, del maestro y de la educación, constituye ser comunista, yo soy más que comunista" .

En realidad, el maestro no perteneció a ningún partido; era un libre pensador que defendía su posición... [3] (Anécdotas del Maestro Encinas).

En 1947, desde su puesto en el Senado, auspició la creación del Instituto Experimental de Educación de Puno, importante experiencia educativa a cargo de su paisano y discípulo José Portugal Catacora,  en cuyo diseño participó Encinas aportando sus actualizados conocimientos educativos [4].
 
En 1949 Encinas participa en el II Congreso Indigenista Interamericano realizado en el Cusco, como parte de la delegación oficial del Perú [5]. En ese año fue Director del Instituto Indigenista Peruano, creado en 1948. Aunque no presidió el Congreso, tuvo una participación destacada que continuaría luego desde su participación en el Comité Directivo del Instituto, el cual vuelve a presidir entre 1957 y 1958. 

Reencuentros con Arguedas

Dada la prolongada ausencia de Encinas en el país, su amistad con Arguedas seguramente fructificó epistolarmente y con el intercambio de sus libros. Su hermana Aurora Encinas, recordaba que el maestro puneño tenía libros autografiados de Arguedas y otros autores en su biblioteca.
J.A. Encinas y su hijo.
Residiendo encinas desde 1944 en el Perú, los encuentros entre ambos se multiplicaron, al igual que con el hijo de Encinas. Arguedas los menciona a ambos en una carta al doctor Julius Karl que lo trató a principios de los cincuenta. La carta, de 1955, también da cuenta de la delicada situación de la salud del maestro de los maestros peruanos:

“La víspera del viaje del Dr. José Antonio Encinas, hijo, conversé con él algunas horas, pues fue mi compañero de estudios en la Universidad: Me habló con gran admiración y gratitud acerca de Usted; consideraba el haber salvado Ud. a su padre, el Senador y admirado maestro peruano José Antonio Encinas, como una proeza médica excepcional. Además, realizó Ud. la especie de prodigio de que el hombre más escéptico con respecto a la medicina, como era el Dr. Encinas, no solo crea en ella sino que confiese que deba su vida a la ciencia médica. Salvar a un hombre de más de 60 años, de neumonía doble, infarto cardíaco, siendo el paciente diabético, es realmente una hazaña médica”[6]. 
En 1957, una carta de Encinas respondiendo el saludo de Arguedas con motivo de su cumpleaños, muestra claramente el aprecio mutuo entre ambos.

Señor
José María Arguedas

Muy querido amigo y colega:
Las  líneas escritas por usted y dedicadas a mi persona con motivo de mis bodas de oro magisteriales me han emocionado sobremanera porque sé de quién vienen, de usted que como yo se mantiene sobre la línea recta de un periodo de la vida humana en que es fácil resbalarse para no adquirir jamás la posición vertical .
Por todo ello, porque somos hermanos en esta manera de saber vivir con dignidad le agradezco aquellas líneas que las guardare entre lo mejor que tengo en mi biblioteca,
De usted su atento y seguro servidor,
JA Encinas [7].

La mención de “colega” en la carta alude tanto a la dedicación de ambos a la educación, como también a la antropología, pues Encinas, en uno de sus destierros, obtuvo una maestría en la Facultad de Arqueología y Antropología de Cambridge (1928).
Influencia de Encinas

La relación y el aprecio mutuo entre Encinas y Arguedas tuvieron, desde luego, como base una profunda coincidencia en temas educativos y su compromiso con los pueblos quechua y aymara y su cultura. Encinas y su “escuela nueva” influyó en todos aquellos que en la primera mitad del siglo pasado buscaban una nueva y mejor forma de educar, colocando al niño en el centro del proceso educativo bajo los principios pedagógicos de la actividad, la libertad, la individualidad y la colectividad [8].

Siendo así, el conocimiento del niño, era esencial para su educación. Por ello decía Encinas:
El niño es el ser más incomprendido y el más conculcado de todos los tiempos. Todos los males que sufre la sociedad actual son consecuencia de nuestra incapacidad para comprender a los niños. Hay que prepararse para comprenderlos…Una lección sobre métodos para el maestro que no conoce al niño, resulta tan inútil como una lección de terapéutica para un médico que jamás ha visto un enfermo”[9].

Otro aspecto central en el ideario de Encinas es el rol del maestro y la escuela en el cambio de la educación y la transformación de la sociedad. Dice así en su famosa frase:

El más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el de maestro de escuela…cuando el maestro dé su parte, deje la rutina y se transforme en líder social, entonces el magisterio habrá sobrepasado en importancia cualquier actividad humana[10].

En varios textos, Encinas señala el rol fundamental de la escuela en el cambio social,  presentando un matiz respecto al punto de vista del socialismo de entonces: 

"A la interpretación literal de la doctrina pedagógica marxista que la educación debe estar estrechamente ligada a la producción material, sigue otra de mayor radio de acción, o sea la de convertir a la escuela en una fuente inagotable de acción social" [11].

En esta línea, para Encinas, la Escuela en las zonas rurales deben ser dinamizadora del cambio, integrando la acción productiva, cultural y educativa.

"La escuela (rural) antes de organizarse pedagógicamente...debe organizarse socialmente, creando en la aldea grupos de trabajo para mejor la agricultura, la crianza de animales domésticos, la arquitectura y la higiene pública y privada, el deporte, la música, la danza... A medida que cada una de estas actividades vaya funcionando, y con ocasión de cada una de ellas, el indio insensiblemente, sin mayor esfuerzo ira aprendiendo a leer, a escribir y contar, como la más sencilla de las tareas" [12].

La idea de la escuela rural como un esfuerzo multisectorial, será retomado por José Portugal en su Escuela Andina del Porvenir, prologada por el mismo Encinas. 
   
Otra idea importante aportada por Encinas, es  el necesario acercamiento de los niños del medio rural y urbano a la cultura indígena, en lo que como ha hecho notar López, constituye un avance en lo que hoy se llama interculturalidad. Reclama así, que la escuela forme:  

"una generación, que sintiéndose unida al indio por tradiciones de raza e historia, conviviera con sus necesidades y con sus ambiciones. No debía ser una mera generación indiófila, destinada a defender al indio a tenderle la mano por un espíritu de piedad. Nada de eso. La generación así educada fundiría sus sentimientos con el indio" [13].

Estas y otras ideas son claramente identificables en la propuesta educativa que pone en práctica Arguedas en sus clases en Sicuani a principios de los cuarenta, y que más tarde recomienda a los nuevos maestros. 
“Un maestro no puede formar a sus niños, no puede ponerse en comunicación íntima, cariñosa con ellos, si no conoce lo más aproximadamente cómo es su espíritu…si el conocimiento mismo de la materia que uno va a enseñar es muy importante, en segundo lugar es importantísimo conocer el modo de ser las personas a quienes les vamos a enseñar…el folklore nos puede servir de manera quizás mejor que ninguna otra fuente, mejor que ningún otro instrumento del ser humano, para llegar a la intimidad de los niños, y de los padres de familia y del pueblo en el cual el maestro debe ser un educador, un modelo de conducta de todos, grandes y chico ...

...somos un país que constituye todavía una mezcla que todavía o acaba de definirse. Nosotros los maestros somos los que debemos impulsar esta definición y a esta integración de creencias. Cuando todo el Perú tenga más o menos una sola creencia por lo menos una de la cual compartamos, seremos patriotas..." [14].
Desde luego Arguedas tiene otras contribuciones educativas particulares como la educación bilingüe, el uso educativo del folklore, la enseñanza de la asignatura del castellano o la reforma de la educación secundaria.

Estela ejemplar de Encinas

No podemos terminar este texto sin referirnos a la influencia que tuvieron en el ideario de Encinas los movimientos indígenas de Puno y las ideas que desarrollaron los intelectuales y maestros indigenistas puneños, como Francisco Chuquiwanca Ayulo (1877-1957), Telésforo Catacora (1880-1906), Manual Z. Camacho (1871- s.i.)  y Julián Palacios Ríos (1887-1971) y los que siguieron a éstos. Incentivados por las luchas que libraban los indígenas en demanda de escuelas en el campo para poder educarse y enfrentar  el abuso de los gamonales, los maestros puneños de las primeras décadas del siglo XX se lanzaron a imaginar y promover la fundación de un tipo nuevo de escuelas a partir de la cultura y de las reivindicaciones de la población indígena [15]. 

Los estudios profesionales en Lima y el extranjero dieron a Encinas la formación pedagógica, pero el alma de sus ideas sobre la función social de la escuela y el maestro provienen de su compromiso con la lucha social, cultural y educativa que se desplegó en el altiplano y en la que Encinas participó desde su adolescencia. En ese contexto, la escuela no podía ser sólo un medio de instrucción, ni el maestro un simple preceptor, como tampoco era posible educar sin entender al niño y su complejo cultural. Aspectos que, creemos, siguen siendo el meollo del problema de la educación en el Perú.

En la madrugada del 30 de julio de 1958, José Antonio Encinas falleció a los 72 años. Obligado a vivir por más de 16 años fuera de su país, no tuvo la oportunidad de aplicar todos sus conocimientos en su patria. Su estela intelectual y moral sigue siendo  un aporte imprescindible para el desarrollo de la nueva educación en nuestro país. Como señala José Portugal Catacora:
    
“El caso del maestro Encinas es único en el Perú Republicano, pues no ha habido antes y todavía no hay otro caso de maestro de su estatura moral de su fuerza espiritual, de su actitud vertical y generosa. Pasarán muchos años hasta que nazca en nuestra patria un maestro de la calidad humana y paradigmática del maestro Encinas. Todo cuanto ha dejado escrito puede ser suficiente base para una reforma profunda e integral del problema educativo en el Perú[16].


[1] "Gesta y fotografía: Warista en imágenes" Carlos Salazar Mostajo. 2005. En el libro se presenta una foto de Encinas en Warisata datada en 1939. Elizardo Pérez, uno de los fundadores de la experiencia de escuela indígena recuerda la presencia de Encinas en su libro "Warisata Mía": “También estuvo en Warisata, José Antonio Encinas, ex Rector de la Universidad de San Marcos de Lima, pedagogo y escritor de prestigio internacional. Este hombre, sabio e ilustre, convivió con nosotros varias semanas y dictó un curso a nuestros profesores,... Encinas continuó su amistad con nosotros por mucho tiempo y fue uno de los que luchó por Warisata y por Bolivia en el Primer Congreso Interamericano Indigenista, reunido en Pátzcuaro en 1940. Esta actitud, por provenir de un hombre tan sabio como recto, es de la más grande importancia para nosotros". Warisata funcionó propiamente como escuela indígena entre 1931 y 1940.
[2] Parte de las intervenciones parlamentarias de Encinas como diputado por Puno (1919-1924) han sido publicadas recientemente por el Congreso de la República  "Por la Libertad de Pensamiento: Discursos de José Antonio Encinas". Un valiosísimo texto para conocer su pensamiento. Ya antes, el mismo Congreso publicó algunas de sus intervenciones en su segundo período de parlamentario (1945-1948).
[3] “José Antonio Encinas. El maestro de los maestros peruanos”. José Portugal Catacora. Lima,1986.
[4] El Instituto ensayó un novedoso sistema educativo basado no en la cantidad de conocimientos de los alumnos, sino en el desarrollo de su madurez integral. Dicho sistema respondía sistemáticamente a los propósitos planteados más intuitivamente por Encinas en su experiencia en la Escuela N° 881 de Puno entre 1907 y 1911, y se benefició de los conocimientos que adquirió desde entonces.
[5] Un aporte del II Congreso fue la definición del Indio, al cual en el Congreso anterior solo se caracterizaba como débil y pobre: "El indio es el descendiente de los pueblos y naciones precolombinas que tienen la misma conciencia de su condición humana, asimismo considerada por propios y extraños, en sus sistema de trabajo, en su lengua y en su tradición, aunque éstas hayan sufrido modificaciones por contactos extraños (...). Lo indio es la expresión de una conciencia social vinculada con los sistemas de trabajo y la economía, con el idioma propio y con la tradición nacional respectiva de los pueblos o naciones aborígenes" (Revista Perú Indígena. 1949).
[6] Carta de José María Arguedas al doctor Julius Karl del 14 de octubre de 1955. María del Carmen Pinilla. En Diario El Comercio, Lima, 2013.
[7]"Carta del 27 de Junio 1957". En:“Apuntes Inéditos. Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas”. María del Carmen Pinilla. Lima 2007.
[8]  “Historia de la Educación en Puno”. Portugal Catacora, s.f.
[9] “Un Ensayo de Escuela Nueva”. Encinas, 1932.
[10] Ibid.
[11] "Algunas consideraciones sobre la educación del indio". Revista "Amauta N°32".Lima, 1932.
[12] “Un Ensayo de Escuela Nueva”. Encinas, 1932.

[13] Ibid.
[14] "El cuento folklórico como base para el estudio de la cultura". En "Nosotros los maestros". Derrama Magisterial.2011.
[15] Estos esfuerzos de alguna manera se convirtieron en política pública con la creación de los Núcleos Educativos Campesinos, en 1946, bajo el gobierno de Bustamante y Rivero. Cabe destacar que si bien Encinas respaldó este esfuerzo desde el parlamento y que los mismos recogen parte de sus planteamientos, el diseño estuvo a cargo de un equipo del Ministerio de Educación, cuyo ministro era Luis E. Valcárcel, conformado por maestros puneños presididos por el notable indigenista Julián Palacios Ríos. Ver: "En los Núcleos Escolares Campesinos". Entre 1943 y 1947 Arguedas se encontraba fuera del Ministerio de Educación, dedicado a la docencia en colegios nacionales de Lima. Regresa en 1947 a trabajar en la Sección de Educación Artística y Extensión Cultural.  
[16] "José Antonio Encinas: el maestro de los maestros peruanos". José Portugal Catacora. Concytec. Lima, 1986.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Acora, en su aniversario

Yanaque, Acora. Foto de Claude Remacle
"Al rayar la aurora de un nuevo siglo para la existencia política de Acora, como distrito de la provincia del cercado de Puno, saludamos a las generaciones acoreñas de ayer, de hoy i de mañana, con fervorosa emoción terrígena.

A los de ayer, con el respeto que merecen quienes nos precedieron en la tarea de la vida i se marcharon rumbo al infinito, dejándonos ejemplares huellas de su existencia.

A los de hoy, con nuestra palabra admonitiva, para que se ausculten las conciencias ciudadanas con severo análisis de justicia, para que se rectifiquen los errores con entereza i para que se reafirmen las virtudes con honestidad.

I a los de mañana, con cariñosa concitación, para que superen la vida espiritual i material de nuestro pueblo, con esfuerzo, con generosidad i con dignidad".
José Portugal Catacora
(De su libro inédito Monografía de Acora)
 
Con motivo del 159 aniversario (2 de mayo de 19854) de la creación del distrito de Acora, les invitamos a leer:
 


jueves, 18 de abril de 2013

Alasitas y el equeqo


"En algunos pueblos de nuestro país, existe una cos­tumbre muy original que se llama "alasitas" y que en ayma­ra quiere decir: cómprame. Las "alasitas- son ferias pequeñas que tienen lugar en cualquier época del año, pero comúnmente en el mes de mayo.

Las "alasitas" son muy esperadas por los niños y preparadas con anticipación por los mayores. Los industriales elaboran cosas en miniatura, como aparatos, instrumentos y utensilios diversos. Los artesanos trabajan vestidos, sombreros, calzados, muebles pequeñitos. Los comerciantes envasan el azúcar, el arroz, la harina y otros productos en taleguitas. I los hacendados hacen construir caseríos de fincas que tienen instalados cercados, con ganado de diferentes especies de la región, hechos de arcilla, por alfareros.
Hasta hace algunos años se compraba y se vendía con botones. En algunos lugares fabricaban monedas de plo­mo en láminas muy delgadas.
 
"Las Alasitas", en "Mi Tirallo" José Portugal Catacora 1953.

 
"En la Feria de las Alasitas, entre los objetos de artesanía en miniatura destaca un personaje regordete de yeso de unos 10 a 20 centimetros de tamaño y que constituye un elemento mágico ligado a la fortuna y felicidad. Esta significación parece que se conservó desde la época prehispánica. En efecto, el padre Joseph de Arriaga, visitador religioso católico que tuvo por misión primordial el desarraigo de la idolatría de los pobladores prehispánicos...hace referencia a que en época pretérita de tales pueblos hubo un "idolillo" considerado hijo bastardo de Wiracocha...al que se le tenía como protector de la fortuna, por lo que se ofrendaban productos del solsticio de verano para obtener su protección.
 
Ludovico Bertonio, en su Vocabulario de la Lengua Aymara dice: Ekeko, 1. Thunupa, nombre de quién los indios cuentan muchas fábulas y aun en este tempo las tienen por verdaderas...aunque confunde el ekeko con el Thunupa que son distintas deidades aymaras.

Don Sebastian de Segurola y Machain, Gobernador Intende de la la Paz, despues de debelar el levantamiento campesino encabezado por Túpac Catari, en acción de gracias a la Virgen de la Paz...ordenó que en la fiesta dedicada a la Virgen, 24 de Enero, se efectuará el mercado de miniaturas y dijes...Los indios más listos que el gobernador, se aprovecharon de la licencia para homenajear a la figura legendaria del eqeqo, en cambio representaron como una caricatura a Segurola, desde el momento en que el muñeco tenia mucha semejanza con él.
 
"Presencia de Puno en la Cultura Popular" Enrique Cuentas Ormachea 1995.
 

"El eqeqo es una creación indígena, pero el personaje que representa es español. Su epidermis de tiza arrebolada por la altura y su nariz ibérica denuncian su verdadera casta. El comerciante ambulante o mercachifle, tratamundos por excelencia paa quien la sierra no tenía secretos, especie de judío errate del Ande, llegó a ser eqeqo con el tiempo.
...
El eqeqo, dios ambulante de la buena surte, del amor, de la abundancia, multiplica las ofrendas que le hacen. Personaje mágico de la árida estepa qollavina forma parte de su vida, pertenece al aire y sus caminos y es el transfondo humano de su nostalgia y su añoranza mientras el qolla sea sólo una cancion y protesta lanazada en los pentagramas del viento".
 
"Los Dioses de la Lluvia". Alfonsina Barrionuevo
 

Nota: Al parecer el equeqo es heredero de un personaje o dios que era considerado de buena fortuna desde los tiempos prehispánicios, personaje jorobado y deforme, relacionado al rayo, que se encontró en las ruinas de Tiahauanaco y que también figura en un prendedor incaico. Con los años este personaje fue sustituido por la figura del comerciante español, turco o judío que recorría el altiplano. Hoy, de la mano de los migrantes del altiplano, su figura ha llegado a Lima y todo el país como símbolo de suerte y felicidad, venciendo así al tiempo.

lunes, 15 de abril de 2013

Raúl Bueno Iturry

Del libro "Maestros Puneños del Siglo XX", extraemos esta reseña sobre Raúl Bueno Iturry (padre del reconocido crítico literario Raúl Bueno Chavez), entrañable amigo de José Portugal Catacora; participó en los Núcleos Escolares Campesinos y dirigió en Arequipa el Instituto Experimental de Educación N° 13 con el sistema de educación por niveles de madurez en el aprendizaje. 
 
A la izquierda, de pie: Raúl Bueno, José Portugal Catacora y Alberto Paniagua 
Con Raúl Bueno, somos como hermanos, hemos compartido labores desde las aulas de la Escuela Normal Anexa al Colegio Nacional San Carlos; allí como estudiantes editamos el primer Boletín de la Escuela Normal (1).
 

Nació en Pomata en 1908. Sus padres fueron Isaac Francisco Bueno Vizcarra y su madre Eleuteria Iturry. Recibió su educación primaria en el Centro Escolar 984 de Pomata y la secundaria en el Colegio San Ambrosio de Puno y el Colegio Nacional de la Independencia Americana de Arequipa.
 
Sus estudios profesionales los realizó en la Sección Normal de san Carlos y, más tarde, en la sección vespertina y vocacional de Arequipa, así como en el Departamento de Teatro Nacional Escolar de la Dirección Artística y Extensión Cultural del Ministerio de Educación en Lima. Por tanto, posee títulos de normalista elemental, normalista de segundo grado y profesor especializado en teatro escolar.
 
Inició su labor docente como profesor principal de la escuela 821 de Llaquepa, cerca de Pomata, donde organizó el jardín, el huerto y las chacras escolares. Pasó luego a ser auxiliar de la Escuela 984 de Pomata, donde dramatizó la proclamación de la independencia en 1933. Luego fue trasladado, en 1935, a la Escuela 891 en Juli, capital de la provincia de Chucuito, donde fue auxiliar y tuvo que trabajar al aire libre por falta de aulas.
 
Buscando superación docente, en 1937, salió de sus lares nativos para ocupar un auxiliarato en la Sección Primaria del Colegio Nacional San Luis Gonzaga de Chuquibamba, La Unión, Arequipa. Pero en 1938 fue trasladado al Centro Escolar 958 de la ciudad de Arequipa.
 
En 1948 volvió a Puno para asumir la Coordinación General de los Núcleos Escolares Campesinos, cargo que desempeñó con dedicación y reconocimiento de maestros y de la población campesina de Puno. En el desarrollo de su función dio importancia a la construcción de locales escolares, caminos de penetración a las escuelas centrales de los núcleos, de silos sanitarios y logró la dotación de grupos electrógenos y movilidad para los niños campesinos.
 
En esta situación, su inquietud reconocida por el Ministerio de Educación, hizo que asistiera al II Congreso Indigenista Interamericano del Cusco, en 1948, donde actuó como relator. En 1950, asumió la Inspección de Educación del Primer Sector Escolar de Arequipa, donde hizo una efectiva campaña para la construcción de locales escolares y cumplió con acierto sus funciones administrativas.
 
Raúl Bueno, al extremo izquierdo, con maestros de Arequipa y José Portugal Catacora