lunes, 4 de agosto de 2014

Poesía Indigenista VI - Dante Nava


Soy un indio fornido de treinta años de acero
forjado sobre el yunque de la meseta andina
en los martillos fúlgidos del relámpago herrero
y en la del sol, entraña de su fragua divina.

El lago Titicaca templó mi cuerpo fiero
en los pañales tibios de su agua cristalina
me amamantó la ubre de un torvo ventisquero
y fue mi cuna blanda la más petrea colina.

Las montañas membrudas educaron mis músculos, 
me dió la tierra mía su roqueña cultura,
alegría las albas y murría los crepúsculos.

Cuando surja mi raza que es la raza más rara
nacerá el super-hombre de progenie más pura
para que sepa el mundo lo que vale el aymara.


Dante Nava (1898-1958)

sábado, 2 de agosto de 2014

Dante Nava Silva - Poesía Indigenista VI

Aurelio Martinez, ¿?, Manuel Domingo Pantigoso, Dante Nava y Mateo Jaika
Foto: "El ultraorbicismo en el pensamiento de G. Churata". Manuel Pantigoso
Carlos Dante Nava Silva (Chorrillos, Lima 8 de abril 1898 - Puno 28 de setiembre 1958) es conocido por su emblemático poema "Orgullo Aymara", publicado por primera vez en 1932 y que en 1972 alcanzó difusión nacional con la versión musical del grupo de rock "El Polen" [1]. 

Sin embargo, poco se sabía de su vida y obra poética hasta que su sobrina Nina publicó en 1990 "Dante nava, el Poeta del Lago" con una valiosa reseña biográfica y más de 200 de sus poemas [2]. 

Sabemos así  que fue hijo del italiano don Luis Nava Fumagalli y de Josefina Silva Salazar, que tuvo 9 hermanos, el más cercano Alfredo, tenor con quien el poeta cantaba en veladas musicales en Puno y Cusco. Asimismo, que llegó a Puno con apenas un año de edad e hizo parte de sus estudios primarios en la Escuela N° 881 de José Antonio Encinas, junto con los hermanos Peralta, Aurelio Martinez y Emilio Armaza.

Aún cuando no culminó la primaria, fue un gran autodidacta, lector voraz de publicaciones que recibía de todo el mundo. Tras haber viajado muy joven a Mollendo y La Paz se dedicó a trabajar en el hotel de la familia en Puno, a la vez que componía versos que solía declamar en cuanto acto publico fuera invitado. Publicó tempranamente su "Baquica Febril" (1921) cuyos sonetos denotan gran sensualidad y erotismo [3]. Allí esta por ejemplo "Alma".
Dante Nava y Aurelio Martinez

"Señor, su carne joven me ha dado todo su calor,
su caricia han saciado mi lascivo placer,
i a pesar que mis labios han dejado de arder,
he sentido que la amo presintiendo el dolor."

Como también su conocido poema "La lavandera":

"Buena lavandera de ojos de venado,
de cutis de bronce de espaciosa frente, 
de cabellos negros, de boca candente,
de pollera roja, de manton rosado.
...
Con el agua alegre de tu risa amena,
i el jabón rosado de tu carne buena,
lava mi alma sucia...¡sucia de dolor!." 

Luego, su producción poética se diversificó con temas más alusivos a la vida y circunstancias del poblador del altiplano, temas ciertamente más cercanos a los del Grupo Orkopata (1926-1930) al que perteneció. Aparecen así sus poemas "Canto a la mujer autoctona", "Balsas del Titikaka", "Icho e Imilla", "El kelluncho", entre otros.  

Los versos que publicó a fines de los años 20 en el "Boletín Titikaka" de Orkopata, denotan más bien erotismo y son formalmente ajenos al vanguardismo que caracterizaba a los otros poetas del grupo. Por ejemplo dice en "Maliquita":

"maría como un cielo puneño en el crepúsculo
estaba vestida
yo hacia volar los jilgueros de mis palabras
su cuerpo se estremecía
como una fiesta cuajada de colores
yo quería vaciar el vino de mis cinco sentidos
sobre el cántaro de sus neuronas" [4] 

En 1941 Dante y Alfredo Nava participan activamente en el recientemente fundado Instituto Americano de Arte de Puno, institución tutelar de la cultura en el altiplano y en cuya revista se publicarían en  los siguientes años varios de los poemas del poeta. En 1956, el Instituto publicó con el nombre de  "Ayam Aru", palabra esencial, una primera antología con versos escogidos por el propio poeta. 

Allí se encuentra "Orgullo Aymara" poema bastante difundida en el altiplano desde que apareció en 1932. Sobre el origen de este famoso poema, el notable poeta José Panigua Nuñez, amigo de Dante Nava, señala que sus estrofas surgieron una madrugada cuando luego de haber tenido que dormir en la calle tras una noche de festejos, el poeta despierta y de cara al Titicaca dice "Soy un indio fornido de 30 años de acero" [ 5].

Forma parte también de la antología "La vejez del Karabotas": 


"Cara de bronce,
"La Canción del Carabotas".
Acuarela de Francisco Montoya Riquelme 

pecho de roca.
Corazón de agua:
anoche inflamó sus ojos
con bocanadas de alcohol
y derritió su voz
como un pedazo de cera
en el fuego del charango

Qué iba desear, tan sólo 
con su poncho de tristeza
sino cantar para ella
para todas!."

Así como, "El canto a la belleza autoctona"

"Soy la virgen del Ande y la vasta altipampa.
La venus de totora que hace crecer el lago. 
Soy el porvenir amplio de mi raza: la aymara.
Si ayer del titicaca brotó Manco Capac y su esposa,
para fundar imperios, mañana de mi vientre,
brotará el hombre nuevo para fundar imperios,
imperios de Justicia...! de Justicia Social."

Dedicado a la administración del hotel familiar, a la cocina y luego a oficios más bien manuales, actividades que el poeta combinó, no siempre de buena manera, con una intensa vida bohemia, siguiendo quizás los pasos de los "poetas malditos" que admiraba. Pero nada lo distrajo de su pasión por la poesía, construyendo, sin proponerselo, una obra que fue reconocida en 1956 con la "Cantuta de Oro" en el concurso organizado por el Instituto Americano de Arte de Puno.  

El premio lo sorprendió. Dijo entonces: 

"Yo soy carpintero, yo soy también herrero, he trabajado con la garlopa y el yunque, se cocinar muy regular tallarines y hago batidos que a todos gustan y solo muy en la intimidad hago mis poesía, es un género de confesión a solas, una manera de conectarme silenciosamente con el mundo, una exigencia irremediable de sacar a flote, a la superficie, ese caudal que fluye dentro de mi y que al salir me produce un alivio mágico indecible. No se porque esto pueda merecer tantos calificativos. Yo no soy sino un carpintero y un herrero. No se si mis poesías broten de esa clase de trabajo manual que tanto me acerca al pueblo y me hace olvidar de mi  mismo" [6].

En 1958, Dante Nava falleció en Puno consternando a su población, acostumbrada a lo largo de casi medio siglo a recibir las primicias de su poesía y ver constantemente su figura en las calles del Puno que nunca dejó. A poco de su fallecimiento, Mario Franco Inojosa, publicó en su homenaje "20 Sonetos de Dante Nava", texto que por muchos años fue la fuente para conocer sus poemas [7].
(Dante Nava) es uno de nuestros
 mejores poetas ... no obstante
 de su origen familiar italiano
 escribe con honda emoción
 mestiza y aun indígena,
 sobre temas terrigenos..."

José Portugal Catacora

José Portugal Catacora recogió en "El Cuento Puneño"  una de las pocas narraciones escritas por el poeta, "El Karabotas". Con gran sencillez, Dante Nava solía acudir, allá por los primeros años de la década del cincuenta, al local del Instituto Experimental de Educación de Puno (hoy IEP 70001), dirigido por el maestro puneño, para participar en las festividades escolares por el "Día del Indio". Se escuchaba entonces, la voz del poeta que llega hasta hoy diciendo "Soy un indio fornido de treinta años de acero...".
El "gringo" Nava y José Portugal Catacora
en la Escuela Experimental de Puno

PUEDE LEERSE POEMAS DE DANTE NAVA EN:

2o sonetos de Dante Nava

Dante Nava (Habla Poetica) 

Dante Nava Charango Perú

NOTAS

[1] "El Polen" banda de fusión rock folk. Ver la versión aqui Orgullo Aymara. En 1985, el grupo "Del Pueblo, del barrio" grabo una nueva versión. De acuerdo a Antonio Sarmiento el poema se publicó por primera vez en la revista cusqueña  “Alma Quechua” en marzo de 1932. 
[2] "Dante Nava, el poeta del lago". Nina Nava Costa de Marco. Lima, 1990.
[3] "Baquica Febril". Carlos Dante Nava. Tipografia Fournier. Puno 1921. 
[4] "Boletín Titikaka" N° 25. 1928. Edición facsimilar de la Universidad San Agustín. Arequipa 2004.
[5] "Había pasado la media noche. A unos cien o doscientos metros de ese lugar, junto a un pozo de agua, se quedó dormido. Se cuenta que al despertar; sin ese malestar corporal que deja toda borrachera. El poeta, sacudió su rubia cabellera, extendió los brazos como abrazando el horizonte, tendió la mirada al azul del Lago Titicaca; que desde el barrio “Orcopata” se divisa perfectamente, y dijo en voz alta “Soy un indio fornido, de treinta años de acero”. En Más de medio siglo de Orgullo Aymara de José Paniagua Nuñez.
[6] En "Dante Nava". Libro "Reportajes con Radar" de Ernesto More. Ediciones Pacha 1960.
[7] "20 Sonetos de Dante Nava". Edición de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas - Puno. Editor Mario Franco Inojosa. Arequipa 1958.

sábado, 26 de julio de 2014

ACADEMIA DE LAS LENGUAS AYMARA Y QUECHUA (1935-1965)

Mural de la Municipalidad Distrital de Acora (Puno)
 Del libro "Historia de la Educación en Puno", de José Portugal Catacora, extraemos la siguiente nota sobre la Academia que fundó Julián Palacíos Ríos en 1935, precediendo a la que se fundó en el Cusco en 1937.
Un selecto grupo de educadores primarios se reunió en 1935, en Puno, bajo la iniciativa del Maestro Julián Palacios para fundar la Academia de la Lengua Aymara. Ya este educador había insinuado crear la primera academia en Lima, en 1914, pero debido a su precaria permanencia no continuó su iniciativa [1].
Los fundadores de la academia que componían aquel grupo fueron Julián Palacios, Francisco Deza Galindo, Anselmo Molleapaza, Asunción Galindo y Nora Luz Díaz de Deza [2]; todos maestros primarios. Julián Palacios era un pozo de sabiduría de cuantos conocieron la cultura indígena; es lamentable que solo haya dejado pequeños opúsculos, los cuales, como la pedagogía de Manco Cápac, el Cancionero bilingüe para niños y el alfabeto en el que tuvo activa participación, los estudiamos en este mismo capítulo.
Francisco Deza, otro pionero de la educación rural que tiene una vasta experiencia en el trato con los sobrevivientes de las culturas antiguas y esperamos que dejará escrita las informaciones de su larga actuación magisterial.
Anselmo Molleapaza, cuzqueño de nacimiento y puneño de corazón, como él solía decir, dominaba las lenguas quechua y aymara y tenía una extraordinaria habilidad para llegar y entrar a la conciencia y al corazón del indio. Murió sin dejar nada escrito.
Asunción Galindo, la educadora por antonomasia de niños campesinos, habría sido menos maestra en la ciudad. Su dominio de la lengua aymara era excepcional.
Nora Luz Díaz de Deza, maestra que le seguía en vocación a Asunción Galindo. Su calidad cultural la elevó hasta las funciones del Ministerio de Educación. Ahora vive retirada del servicio. Ojalá  que con su esposo Juan Francisco Deza dejen algo escrito, no exclusivamente para que las futuras generaciones los conozcan, sino para que conozcan las características de las culturas que pueblan todavía el Altiplano.
Todos los fundadores tuvieron por lengua materna las lenguas nativas aymara unos y quechua otros, pero al final fueron trilingües. Es oportuno expresar que en los pueblos del interior y particularmente en el Altiplano, las lenguas nativas son la lengua que se hablaba en el seno de la familia y el castellano solo en público. De este modo muchos hablábamos hasta los 10 o 12 años solo aymara o quechua.
FUNCIONAMIENTO DE LA ACADEMIA
Fundada la Academia en 1935, en un ambiente honesto de silencio, sin estridencias publicitarias, sus integrantes trabajaron disciplinadamente en ambiente de laboratorio hasta 1939, en que la creación de las brigadas de culturización, de la cual fueron miembros, les abrió la oportunidad de hacer más funcional su labor. En 1942 publican su primer alfabeto, en 1952, tras un periodo de dispersión por las labores de la brigada, se reorganizan. Y en 1960 el Ministerio de Educación reconoce su existencia oficial por R.M. Nº 16052 del mes de octubre.
Primera Etapa. La Academia de las Lenguas Aymara y Quechua de Puno, fue una organización de estudio, a la manera de las primeras universidades de Padua y Boloña. Una congregación de hombres y mujeres, pequeña, pero dedicada al estudio de un aspecto específico del problema indígena, las lenguas maternas.
Uno de sus sobrevivientes, Francisco Deza Galindo cuenta que todos los domingos se reunían con una disciplina y responsabilidad poco comunes. No se posponía, por ninguna causa ningún domingo, ni el horario se retrasaba, ni ninguno faltaba, se servían como incentivo mental un coctel de huevo con jugo de frutas cítricas y luego empezaban a trabajar, desde las nueve de la mañana, hasta las doce del día.
Reunieron toda la bibliografía existente hasta entonces, particularmente las producciones antiguas como las obras de Bertonio o Diego Torres Rubio; estudiaban el problema, sistemática y progresivamente. Esta forma de trabajo de la primera etapa es interrumpió después de cuatro años de labor cuando se crean las Brigadas de Culturización, cuyo personal lo formaron todos.
Segunda etapa. Aunque aparentemente se interrumpieron las labores de la Academia, el hecho de que todos asumieran nuevas y similares funciones, solo cambió el sistema de trabajo de la Academia; pasando del estudio en laboratorio al de trabajo de campo en contacto con el propio elemento vivo, los campesinos [3].
Juan Francisco Deza se detuvo en la comunidad aymara de Qota Cuchu y Anselmo Mollepaza, en la comunidad quechua de Qollana, en las que ambos pusieron en práctica en el proceso de alfabetización el primer alfabeto que elaboraron. Y Asunción Galindo realiza su primera experiencia en la escuela de Ojherani con niños.
Estas comunidades fueron los laboratorios funcionales de investigación, donde se probó la eficacia de gran parte del alfabeto elaborado, incluyéndose nuevas innovaciones especialmente en lo que concierne a la escritura  de las palabras específicamente nativas. Después de esta labor cambian e intercambian correspondencia con los nativos, en los que encuentran una oportunidad más para hacer nuevas rectificaciones, observando la forma como escribían los que habían aprendido a leer y escribir.
Anselmo Molleapaza Coello, con sus alumnos.
Participó en las Brigadas de Culturización Indígena
en Puno y representó a Manco Capac en las primeras
 escenificaciones de la salida del Lago Titicaca.
Y finalmente, observaron cómo los naturales leían las directivas que, en su lengua repartían desde la brigada, sobre temas de trabajo agropecuario, salud y civismo, encontrando los síntomas inequívocos de la eficacia del alfabeto preparado.
En 1944, Deza es nombrado Jefe de la Colonia de Vilque Chico y el personal de la brigada se dispersa entrando la Academia en un estado de inevitable receso.
Tercera etapa. Después la Academia, se reorganizó en 1952 con el fin de seguir estudiando y perfeccionando el tema que los preocupaba. En esta tercera etapa se incrementa su personal con Eustaquio Aweranqa Rodríguez, Alberto Paniagua Daniells, Estanislao Arce, José Patrón, José Portugal Catacora y otros más; pero perdió en mucho su tónica inicial.
En esta etapa la labor se redujo a revisar los instrumentos preparados y publicados. En este periodo se logró el reconocimiento oficial de la Academia por Resolución Ministerial expedida en el mes de octubre de 1960, con la denominación de “Academia de las Lenguas Aymara y Quechua de Puno”.
Si bien esta última etapa la academia tuvo un funcionamiento irregular, en cambio ella ha tenido la virtud de crear una mística por el problema y una actitud ejemplar por el sistema de trabajo.
VALORACION PEDAGOGICA
Su carácter pionero. Podemos calificar sin reservas de pionera la labor realizada y la existencia misma de la Academia de las Lenguas Aborígenes de Puno. Si la iniciativa nació en Lima en 1914 por inspiración de la misma persona que la fundó veinte años más tarde, la Academia de Puno tuvo una gestación anterior a la del Cuzco, que se fundó posteriormente.
La Academia del Cuzco tuvo filiales. La de Lima fue filial del Cuzco, pero la de Puno, por las razones que exponemos no fue filial del Cuzco, no solo por la cuestión cronológica, sino porque la Academia de Puno estudió dos lenguas la Aymara y el Quechua, estableciendo  afinidades básicas y principios fonéticos comunes, aunque es de suponer que el Aymara es una lengua de una cultura anterior al mismo Quechua, la cual el Imperio Inca la mantuvo reducida al Collasuyo. Las toponimias del área andina hasta el Ecuador y Colombia en el norte y de Chile y Argentina en el sur, ofrecen expresiones testigo que sustentan esto. Por ejemplo, Ambato es españolización  de  amoato en el Ecuador  y Maury es el nombre de una variedad de peces en el lago Titicaca y así se llama un río en el sur.
Identificación con el castellano. La convivencia cultural de aborígenes y españoles durante cuatro siglos y medio ha producido inevitablemente un modo de expresarse en el que entra el vocabulario nativo y español en forma indiferenciada. Algunas voces han sido catalogadas como americanos o como peruanismos por Juan de Arona primero y últimamente por Martha Hildebrandt.
Este fenómeno de mezcla o combinación de vocabulario en el habla del hombre peruano, debe considerarse como base de disposición para pronunciar palabras nativas castellanas por el órgano vocal correspondiente. Por esta razón simple y comprensible a la vista, es que el alfabeto de las lenguas aborígenes debe ser lo más similar posible al del castellano y en la realización de este tipo de alfabeto ha acertado en forma indiscutible la Academia de Puno. El alfabeto que hemos comentado llena esta condición, diferenciándose en soloen doce fonemas que son inevitables de emplear para las palabras fuertes y guturales propia de las lenguas nativas.
Facilidad de su aprendizaje. Diríamos mejor, facilidad de su uso debido a que la lengua que se desea aprender incluye el  empleo de sonidos de otra lengua ya conocida. En este caso el castellano, que es la conocida en su escritura y las lenguas nativas cuya escritura no ha sido conocida, dígase porque no la tuvo o dejó de emplearse por falta de funcionalidad, ya que como hemos indicado en otros capítulos, existen síntomas de su existencia como el verbo qelqaña  que literalmente significa escribir, repetimos, en este caso se facilita enormemente el aprendizaje y uso de la nueva lengua.
Si consideramos un alfabeto que por ser muy científico con W y la supresión de dos vocales, llevaremos a las lenguas nativas a un terreno difícil de aprender, cometiendo de este modo un atentado de lesa cultura de nuestra patria profunda. De manera que desde el punto de vista pedagógico es favorable aceptar el alfabeto elaborado por la Academia de Puno e impracticable lo que los lingüistas y algunos seguidores de éstos proponen.
José Patrón Manrique, José Portugal Catacora, Francisco Deza Galindo
Alberto Paniagua, en una actividad en Lima.
Además, hay que preguntarse qué interesa más, la ciencia o el hombre. Si es la redención del hombre lo que buscamos, hay que dar preferencia al problema humano, ya que las ciencias con el criterio de su sentido universalista se han desarrollado en forma muy abstracta.
Finalmente, no podemos olvidar que el castellano es la lengua común de los peruanos, en el que está impresa la cultura, en sus múltiples manifestaciones, lo cual determina que mientras el quechua y el aymara no tengan su alfabeto no habrá una literatura para la difusión del saber en sus múltiples manifestaciones y eso no podemos permitirlo. Hay que conducir a los campesinos al campo de la captación de la ciencia, el arte, y la filosofía, para realizar su liberación plena.

También puede ver el Alfabeto de la Academia.

Notas: 
[1] En 1914 cuando Julián Palacios Ríos era alumno de la Escuela Normal de Lima fundó la Academia Quechua Aymara en ese centro de estudios, pero no prosperó. Ese mismo año Francisco Chukiwanka Ayulo con el apoyo de Julian Palacios en lo que corresponde al aymara publicó en el N° 5 de la revista "La Escuela Moderna" el Syentifico Qeshwa Aymara Alfabeto o Alfabeto Inka de 37 letras, con 5 vocales y 17 consonantes comunes al castellano, aymara y quechua;cinco vocales fuertemente espiradas y 10 consonantes propias sólo del quechua y aymara, quedando suprimidas las H,C,V,X y Z. (Francisco Deza Galinco, "Gramática de la Lengua Aymara".1992.)
[2] Francisco Deza Galindo, incluye en el grupo fundador tambien a la maestra Maximiana Molina Galindo. Asimismo señala que inicialmente iban a trabajar con el Alfabeto Inka, pero decidieron hacer un alfabeto fonético.  
[3] En 1939 Julian Palacios, Deza y Molleapasa fueron nombrados en la Primera Brigada de Culturización Indígena en Puno. En 1940, la Brigada se publicó la Cartilla de Divulgación del Alfabeto Quechua Aymara de 32 signos. Ese mismo año la Brigada fundó la escuela de Ojerani encargando su conducción a la maestra Asunción Galindo.  

viernes, 25 de julio de 2014

Alfabeto Aymara Quechua Castellano

El problema del estudio de una lengua hay que concebirlo desde los puntos de vista del alfabeto, la gramática, el diccionario y la literatura, a lo que habría que agregar la técnica o las técnicas del aprendizaje y de su enseñanza desde el punto de vista educativo.

La Academia de las Lenguas Nativas de Puno empezó por el estudio del alfabeto, por que indudablemente es la primera cuestión básica, sin el cual no es posible llegar a su utilización. Los demás problemas los tocó subsidiariamente como el vocabulario y la guía didáctica e implícitamente la gramática.
El alfabeto
El alfabeto elaborado por la academia consta de cuarenta signos gráficos y acústicos. A continuación se presentan los cuarenta signos, con ejemplos iniciales de palabras aymara y castellano, así como quechua y castellano.
Para seguir leyendo presione Más Información:

jueves, 24 de julio de 2014

Encinas y Arguedas

José Antonio Encinas y José María Arguedas cultivaron una gran amistad y un común ideal por la educación andina. En la foto, juntos en un homenaje a la URSS en 1944, años de la segunda guerra mundial. Los invitamos a leer la historia de su encuentro en: Encinas y Arguedas.

Homenaje a la URSS en Radio Nacional. De izquierda a derecha: Ovidio García
Rossell, Enrique Barrantes Castro, María Luisa Oquendo, Jose María Arguedas
Luis Eneique Galván, Jorge Basadre, Jorge del Prado. 7 de mayo 1944.
Foto Matilde Nuñez, en "Diseñando el Perú". CILSE 1991.

lunes, 16 de junio de 2014

La Escuela luego de la Guerra del Pacífico


Parque Pino (Puno)
Del libro "Historia de la Educación en Puno" de José Portugal Catacora presentamos extractos del capítulo sobre la escuela puneña luego de la guerra con Chile, al que hemos añadido fotos y notas. 

Es poco conocida la participación de los patriotas puneños en este conflicto, aunque la segunda plaza principal de la ciudad de Puno lleva el nombre del Dr. Manuel Pino (15-12-1927 - 15-01-1881), insigne hombre de leyes quien participó y murió en la batalla de Miraflores en la defensa de Lima. Un importante trabajo del Dr. Nuñez Mendiguri ha rescatado el aporte de Puno en suministros a las lineas de defensa del Perú en el sur y en especial su contribución con numerosos hombres y mujeres, la gran mayoría campesinos quechuas y aymaras, a las fuerzas patriotas [1].

La educación en general del país, en sus tres niveles, renació sobre los escombros de la guerra con Chile. Carente de recursos materiales, sin embargo estuvo impulsado por una fuerza espiritual más fuerte que la fuerza que proviene de la energía material.
En locales destartalados, sin muebles y sin ningún elemento didáctico para niños, volvió a trabajar la escuela peruana como yerba sobre el campo eriazo.
En Puno la escuela surgió igual que las demás. Dos maestros personificaron a los educadores que le dieron vida a estas es­cuelas: don José María Miranda [2] y don Eduardo Pacheco. Si hubo al­guie
Libro del Dr. Mario Edmundo
Nuñez Mendiguri (2012)
n más, no dejo huellas como éstos.
La práctica del chauvinismo
Es indudable que la filosofía de la escuela de post-gue­rra del Pacifico fue chauvinista. Acaso fue la única vez en la historia que se utilizó el chauvinismo como instrumento educativo para formar el espíritu patriótico. Pero se redujo a menos de un cuarto de siglo.
Pues el Perú fue, es y será siempre un pueblo pacifis­ta, ya que por este espíritu los conflictos que, por razón de límites, hemos tenido con nuestros vecinos de los cuatro lados, siempre hemos arreglado, cediendo materialmente, es decir, sacrificándonos.
El chauvinismo se practicó en las escuelas de Puno en una forma emocionalmente perseverante. Cada día, al ingresar a las aulas, después de entonar el himno patrio con fervor, se re­petia con énfasis "Tacna, Arica y Tarapacá, del Perú son. Viva el Perú, muera Chile."
Durante los años que siguieron a la terminación de la guerra miles de voces infantiles han repetido esta frase y a e­llos se redujo el chauvinismo que se torno, poco a poco en algo mecánico hasta que se diluyo en la nada andando los tiempos.
Los planes de estudios
Si bien la elaboración de los programas estaban librados a la concepción libre de quienes conducían los planteles educaciona­les, el contenido de ellos no incluía nada especial que reflejase el chauvinismo de que hablamos; pues dichos planes de estudios no contenían cursos que sirviesen de instrumento al espíritu chauvinista.
Los educadores de aquella época conocían poco o nada de pedagogía; por tanto, la enseñanza era muy rutinaria. Los niños estudiaban la mayor parte de libros, como la gramática de Salazar, la historia de Caivano o la psico­logía de Jaime Balmes, en forma mecánica, memorizando páginas y páginas con puntos y comas, muchas veces sin entenderlo.
Hemos oído a nuestros padres repetir páginas de la historia de Tomas Caivano y todavía hemos conocido algunos textos como aquello de “lecciones de cosas" que eran un texto que contenía la mayor parte de las Ciencias Naturales concebidas en forma global.
Interesante obra sobre los aymaras
en el plebiscito por el retorno de Tacna
y Arica al Perú en 1921 .
Si bien aquellos maestros enseñaban en forma poco didáctica, en cambio, creemos con seguridad que eran educadores por intuición. Aunque su concepción era puramente formal y moral, cuidaban del comportamiento de los niños, las buenas maneras y costumbres, la higiene personal y el cumplimiento de la hora, con verdadero celo hasta rayar en imponer fuertes castigos a los niños de conducta "mala ó regular". En el aspecto cultural cuidaban que el niño sepa leer y escribir y las cuatro operaciones matemáticas más que los otros conocimientos.
Por ejemplo, cuidaban que los niños leyeran el “mosaico” porque en aquellos tiempos no se usaba la máquina de escribir y era más práctico que la escuela enseñara a leer las numerosas clases de letras con que la gente escribía.
Podemos afirmar sin temor a dudas que aquellos maestros, eran más educadores que nosotros en esta época, pues eso significa el cuidado de la conducta. Lo único que habría que reprocharles es el uso del castigo. Pues en esto había formas diversas de imponerlo desde la palmeta, hasta los cuartos lle­nos de calaveras.
Maestros Miranda  y Pacheco
Desde 1884 en que se reabrieron las escuelas hasta 1904 en que Juan Manuel Polar, como ministro de José Pardo, sistematizó la organización y funcionamiento de los planteles educativos, pasaron posiblemente varios maestros por las escuelas de Puno, pero la memoria social conserva mejores recuerdos de la acción de dos maestros y no de todos, porque esos dos maestros impusieron el signo de su personalidad en su obra educativa. Estos fueron Don José María Miranda y don Eduardo Pacheco.
José María Miranda  nació en Puno, era miembro descendiente de una de las familias de mayor raigambre puneña y, por tanto, insuflado del más acendrado cariño por la tierra y por la patria; dos senti­mientos que demostró plenamente en su vida posterior.
En su primera juventud fue testigo presencial de la cruel y despiadada invasión chilena al Perú. La remembranza de los ultrajes que sufrió en carne propia engendró en su espíritu un indisimulable odio por Chile, que afloró con sentimiento sincero en la orientación que dio a la escuela cuando le tocó la suerte de ser maestro. Muy Joven asumió la dirección de la única escuela popular que existía en Puno; al reabrirse esta después de la guerra del 79, le toca en suerte reconstruir la escuela destruida por los chilenos. Sobre los escombros de la guerra abrió su escuela en 1884, sin local y sin muebles, pero con esfuerzo denodado volcó todo su empeño y la escuela insurgió y los niños puneños acudieron a sus aulas y sus enseñanzas.
Su mayor preocupación fue preparar a los nuevos puneños y peruanos para rescatar Tarapacá, Tacna y Arica, que se nos despojaron injustamente. Aunque en todos los planteles se repitieron, posiblemente fue él quien acuño aquellas expresiones para hacer vibrar el patriotismo de las generaciones que educaba: "Tacna, Arica y Tarapacá del Perú siempre serán. Viva el Perú. ¡Muera...Chile!
Cuando más tarde fue elegido diputado por Puno, en el parlamento insistió en su idealismo, desde el punto de vista político. Pero la política internacional y la presencia mediadora de los Estados Unidos, se sobrepuso a la política de Miranda.
Hoy, ya nadie piensa en el rescate, aunque la descon­fianza en la actitud de Chile, renace en todo momento; parece que el destino de los pueblos de América, especialmente del sector Andino, cambiará y los ideales de Bolívar acaso se tornen en realidad.
De Eduardo Pacheco se sabe poco o nada de su nacimiento y su niñez. Lo único que se sabe de él es que fue un maestro a carta cabal. Desde muy joven se inició, en la escuela de Miranda y de él heredo el patriotismo chauvinista con que insufló su labor.
Cuando Miranda fue elegido diputado, Pacheco tuvo su propia escuela y por sus manos discurrió la vida infantil de de­cenas de generaciones.
Le llegada de Encinas a Puno y el auge que tomó la Es­cuela 881 bajo su dirección absorbió a la niñez puneña y Pacheco tuvo que cerrar su escuela, pasando a ocupar un auxiliarato en el plantel 881, donde aún hemos tenido la suerte de conocerlo [3].
Pacheco y Miranda, le dieron la misma tónica chauvinista a la escuela peruana de post-guerra en Puno, pero Pacheco era más docente que Miranda. La prueba está en que Miranda resbala hacia la política que siempre desnaturaliza al maestro, los bue­nos maestros que llegaron al parlamento, salvo Encinas, siempre distorsionaron su personalidad por lo menos en el consenso social. En cambio Pacheco siguió en su puesto de lucha, como los antiguos espartanos hasta caer sobre el escudo.
Las escuelas de Miranda y Pacheco exigen unas páginas en la historia de la educación de Puno y del Perú. Con este criterio emocional juzgamos la obra de la es­cuela de post-guerra del pacífico, dirigidos por estos dos edu­cadores guiados por el mismo idealismo.
Miranda y Pacheco fueron dos héroes civiles porque so­bre los escombros de la guerra levantaron una escuela, la sostu­vieron y le dieron prestigio y prestancia.
Hubo en la vida y la obra mucho de sacrificio y hasta de heroísmo. Pues, educaron en tiempos en que el erario nacional no contaba con un centavo, pero las nuevas generaciones exigían a gritos educación. Como en su niñez asieron la leche con amor, sin plata, pero con gran espíritu humano y nacionalista.

NOTAS

[1]  En un libro muy bien documentado, Nuñez Mendiguri señala el aporte económico y material de los hacendados de Puno y de la población en general. En especial destacan sus referencias al aporte de las mujeres que organizaron en muchos pueblos talleres de producción de uniformes entregados gratuitamente.  "Un rol muy importante de las mujeres durante la guerra fue el de las mal llamadas rabonas, mujeres que acompañaron a las tropas...estas mujeres quechuas y aymaras que descalzas siguieron el desplazamiento de la tropa durante las batallas de Tarapaca, siguiendo al batallón Zepita N° 1 y más tarde al batallón Victoria N° 15 en Arica y Tacna, también estuvieron en la batalla del Alto de la Alianza". (Nuñez Mendiguiri, Puno 1912).

[2] José Maria Miranda fue maestro de José Antonio Encinas quien lo menciona y reseña su labor en "Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú".

[2] Pacheco fue profesor de José Portugal Catacora cuando éste terminaba la primaria en 1926 y cuenta esta anécdota en el libro: "Un día me asomé a la puerta de la clase del maestro Pacheco, los niños, en un griterío de más de cincuenta voces, le pedían ¡cuento! ¡cuento!.  Y el maestro, no sé si porque se le agotó el repertorio o por que debían hacer otra labor, se desgañitaba gritando su negativa, sin lograr poner el orden. Tímidamente entré y le dije, yo puedo contarles cuentos, señor...Les conté unos de esos cuentos largos que nunca terminan y los niños estuvieron calladitos...Desde aquella tarde frecuentemente iba a contar cuentos a los niños del maestro Pacheco, quien cierto día me toco por el hombro y me dijo: El que sabe contar cuentos a los niños puede ser un buen maestro; porque no te dedicas a ser maestro, más tarde. La insinuación del maestro fue indudablemente profética".

domingo, 4 de mayo de 2014

Niños del Altiplano

CAZA DEL LIBRO

A Luis Xxxx con especial distinción intelectual. Lima 1979. J. Portugal, así reza la dedicatoria de mi más reciente pesca submarina: Niños del Altiplano de José Portugal Catacora, un educador puneño, discípulo de José Antonio Encinas, autor de varios textos para estudiantes en los que rescata prácticas sociales tradicionales, flora, fauna, magia de la meseta con el lago más alto. Relatos étnicos es la nomenclatura con la que especifica el género en el subtítulo.

Lo hallé entre rumas empolvadas. Siempre lo mejor en remate. Entre sus páginas avizoraba la promesa… palabras, prácticas, conceptos del mundo aymara que desconocía: chijma, lari, qepi, huichuña… que quizás se encuentren en desuso por significar retraso para algunos muchos. Narra las costumbres y el sentir altiplánico desde el enamoramiento, la concepción, el nacimiento… con naturalidad.

Puedo imaginar a partir de los retazos. Por los demás títulos desperdigados… revistas de etnografía, geografías de Puno, compendios históricos del sur peruano… imagino la biblioteca de Luis Xxxx, violentada por los descendientes y peseteada al borde del Rímac… Así, una de las esquirlas, una pieza arqueológica, llega a mis manos y se abre toda una puerta.

No sabía nada de Portugal Catacora. Hoy, día del libro, tomo el suyo y cuento su trayecto hasta mí sin resistirse; este objeto anticuado y eterno es la llave. No conozco mucho de la incansable gesta del profesor Portugal por legar a sus estudiantes un hilo hacia sus orígenes, hacia la construcción de su identidad, hacia la justa medida de las maravillas que el ser humano puede lograr más arriba de los 4000 metros, allí “donde los hombres blancos creen que los “indios” viven como bestias".


(Tomado del post de madrepora . Venciendo el tiempo "Niños del Altiplano" (1979) sigue cumpliendo su propósito de hacer conocer y apreciar el rico mundo de los niños aymara. El cuento que se cita al final del post se puede leer en Idilio Pastoril )

sábado, 3 de mayo de 2014

Remembranzas de Acora


Acora en los años cuarenta del siglo XX (Foto del albúm de Martín Portugal Catacora)
En 1954 José Portugal Catacora escribió su libro inédito "La Villa de Acora", en cuyo prólogo dice "Este libro ha sido inspirado por esas fuerzas internas que nos unen a la tierra en que nacimos. Y sus paginas han sido escritas con la actitud mística con que nuestros yatiris, los magos del Ande, ofrendan a la tierra libros de oro y plata con hojas de coca. Nosotros hemos hecho un libro solamente con hojas de papel, pero en sus páginas hemos puesto todo el oro y la plata que brotan del corazón y del cerebro como devota ofrenda a la tierra nativa"

En el 160 aniversario de la creación política de Acora como distrito de la Provincia de Puno, publicamos esta remenbranza extraída de "La Villa de Acora", que se suma a los textos de dicho libro incluídos en este blog en la página ACORA con la historia y leyendas de este antiguo pueblo, corazón de la cultura aymara en el altiplano.

La carretera panamericana atraviesa el altiplano peruano, en su tramo Puno-Desaguadero,como una gigantesca sierpe que se desenvuelve plizando pampas y praderas, quebradas y colina, que circundan el lado occidental del milenario Titicaca. A la vera de esta majestuosa autovía abierta por los nervudos brazos del indio de las punas se levantan numerosos poblados a manera de nidos de cóndores. Uno de estos centros poblados es Acora situado a 3,941 metros sobre el nivel del mar y a 35 kilómetros de la ciudad de Puno.


Para los ojos del viajero que se dirige hacia la frontera con Bolivia, al cruzar el pueblo de Chucuito, emergen sobre la pendiente de una colina situada a la derecha del camino carretero y limitando una dilatada pampa, las torres de los templos que anuncian la presencia de una población de prosapia colonial. Y para quienes se dirigen desde los pueblos de la frontera hacia la capital del departamento, apenas se han cruzado los linderos de Ilave, aparece Acora como un conjunto de casas de techos grises y de paredes rojas o blancas esparcidas a la caida de una colina de grandes proporciones, a manera de un pueblo indio. Sólo visto del lado oriental, desde la inmensa pampa que rodea a la colina que lo protege, se observa su auténtica calidad de pueblo mestizo, mezcla de lo indio y lo español, en que se puede apreciar fácilmente las épocas de su evolución histórica.
Plaza de Acora en la actualidad: Iglesia San Juan

El primitivo pueblo de nativos queda al pie de la colina en Olleria o en Tancani; yendo más lejos Quellojani y Chunchulaya hacia el sur o en Chusamarca y Chamchilla, hacia el norte. Es que los nativos peruanos levantaron sus viviendas al pie de cerros, apus totem tutelares protegidos por el familiar de estos elementos que representaban la encarnación de sus antepasados hechos dioses. En cambio, el pueblo que edificaron los españoles se ubica sobre la pendiente de la colina, porque ellos levantaban sus tiendas de conquista siempre en las partes altas, con criterio de dominio, con finalidad estratégica para defenderse. Por eso Acora, como Chucuito, Juli y Pomata, que adquirieron influencia colonial, se ubican sobre colinas pétreas en su fase que parte desde la conquista.


Ahora, sí lo indio aparece a los costados y lo español en la parte alta de la colina, el pueblo devenido de la conjunción de ambas esencias raciales, se edifica en la parte baja de la colina.


La carretera panamericana cruza el pueblo por el corazón mismo del barrio bajo, por la plaza del barrio cholo, el barrio nuevo. Este barrio denota a las claras la lucha por sobrevivir y renovarse con su plaza pavimentada con cemento y en cuyo centro se yergue una artística pila de piedra.

En el frente norte se encuentra el templo de San Juan de sillar blanco con techo de calamina. Hacia el oeste se levanta la casa municipal con dos pisos y rodeada de casas de nueva edificación, hacia el sur esta la casa de los Arroyo con dos pisos, casa que tiene tradición histórica y familiar. Y hacia la parte oriental se hallan casas de paja y calamina.

Dos calles empedradas de regular inclinación conducen desde la plaza hacia la parte de arriba o barrio viejo. Subiendo por una de ellas se llega a la Plaza de San Pedro donde se levanta el templo de proporciones catedralicias. Hacia el sur se mantiene pulcramente conservada una casa pajiza de dos pisos, la casa de los Peñaranda otra casa de tradición histórica. Y en los frentes restantes solo quedan paredes de antiguos caserones que a juzgar por las proporciones de sus restos se advierte que fueron edificaciones de importancia.


Subiendo de esta plaza al cerro por una calle pendiente que aún conserva su antiguo empedrado, se llega varias cuadras arriba a la plazoleta triangular sobre la que apenas quedan muros derruidos de una pequeña iglesia, que existió en los primeros tiempos de la Acora conquistada.
Paredones de la casa de los cacique Catacora
Foto: J.L. Ayala, "Juan Basilio Catacora" 2009.

Por la otra calle que se desprende de la plaza San Juan, recorriendo siempre calles en pendiente, pero mejor empedradas, se llega a la plazoleta de la Inquisición, de forma rectangular donde se levantaba la picota para los herejes juzgados por el Santo Oficio. En un ángulo de esta plaza quedan unos paredones de la famosa casa de los Catacora, los caciques fundadores de Acora.  

Por una calle que se desprende de uno de los ángulos de la plazoleta hacia el sur se llega a otra plaza de forma rectangular de considerable extensión en cuyo extremo sur se halla un arco colonial, transponiendolo se encuentra el templo de la Concepción, hoy sólo en paredes que soportan una cúpula de piedra. 

Sobre la plaza queda aún casas, entre las cuales se encuentra la famosa casa del Colliuyo de los Vásquez en cuyo interior existe un árbol de ccolli que a juzgar por el extraordinario grosor del tronco y del follaje tupido y de grandes proporciones, es un árbol centenario.


Ahondando la observación del barrio viejo, presenta casas con portadas de piedra labrada y una que otras inscripciones nobiliarias cuyos interiores son patios amplios, rodeados de plantas de jardinería que le dan aspecto señorial. Algunas viejas paredes presentan cimientos de casas solariegas y vestigios de arquerías de las cuales se dice son restos de claustros de conventos jesuitas o dominicos. En cambio en el barrio nuevo, las casas presentan sencillas portadas, pequeños patios y una arquitectura simple.
Iglesia "La Concepción" en el camino principal desde Puno,
construido sobre el Qapaq Ñanm. Ya no existe.

Haciendo síntesis, la población de Acora debió ocupar en los tiempos de su mejor florecimiento hasta 400 hectáreas, aun más debió ser tan populosa que llegó a tener cuatro templos, tres plazas y dos plazoletas, amén de convento y hospital. 

Cada ciudad posee varios lugares de esparcimiento, son lugares para los paseantes y las citas amorosas. Acora cuenta también con esta categoría de lugares: Huacuypaja, con su pastizal perfumado de trébol y grama, Pacca.amaya con sus peñolerias lustradas por el tiempo en los barrios altos, y Chuchiri con su manantial cristalino y su arroyo rumoroso y Ancco Cruz con su cruz blanca situada a la vera del camino.