lunes, 31 de diciembre de 2012

José Maria Arguedas en el recuerdo (II)

Arguedas, Celia Bustamante y Pepe Portugal
Pepe Portugal

En 1958, una feliz coincidencia permitió un mayor acercamiento entre Arguedas y el escritor puneño cuando Pepe, el hijo mayor de Portugal Catacora y Estela Mendoza Treviños, ingresó a estudiar antropología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y tuvo como profesor a Arguedas, quien iniciaba su labor docente en esa casa de estudios.
En ese año, Arguedas acababa de publicar su libro “Los Ríos Profundos” (1958), por el cual recibió el Premio Nacional de Fomento a la Cultura “Ricardo Palma”. Este libro es quizás su mejor obra literaria y en él, siempre bajo un sello autobiográfico, Arguedas integra las voces de indios y mestizos en una nueva forma de entender el desarrollo cultural y social del Perú bajo tensiones y conflicto, pero con un horizonte de unidad.

Pepe Portugal estudió en San Marcos entre 1958 y 1962, colaborando activamente desde 1959 con el Instituto de Etnología y Arqueología de esa casa de estudios, relacionándose con personajes como Luis E. Valcárcel, Alberto Escobar y Matos Mar y el autodidacta Emilio Choy, entre otros distinguidos intelectuales.
Arguedas menciona a Pepe en varias de sus cartas al investigador norteamericano John Murra y en 1961 lo tiene como Secretario del Instituto, cuando lo dirige reemplazando temporalmente a Matos Mar. Lamentablemente Pepe cayó enfermo de hepatitis y pasó varios meses en cama.  

 “¿Te acuerdas del alumno Portugal?, era el mejor de Etnología, lo habíamos hecho Secretario del Instituto en reemplazo de Rosalía. Se nos ha enfermado seriamente”. (Carta a John Murra, 28 de setiembre 1961) [1].

Con gran afecto el escritor lo visitaba en la casa paterna en la calle Carlos Arrieta en Santa Beatriz, donde la familia vivió entre 1959 y 1962 tras el traslado de Portugal Catacora de Puno a Lima para trabajar en el Ministerio de Educación. En una de esas visitas Arguedas incluso ofreció hacerse cargo de Pepe y de sus estudios posteriores, en una generosa conversación con Portugal Catacora [2].


De este singular y, para quienes conocieron a Pepe Portugal, merecido aprecio por parte del gran escritor, ha quedado la siguiente frase en una de las cartas de Arguedas.


"Hay dos recuerdos que me ennoblecen de mi permanencia en San Marcos: José Portugal y Usted". (Carta a Duccio Bonavia. 25 de Mayo de 1963) [3].

Promoción de Antropología Luis E. Valcarcel a la que perteneció Pepe Portugal
En el centro de la foto Luis E. Valcarcel, sentado al lado izquierdo, Arguedas y sentado a la derecha, Matos Mar

Antropología, literatura y Puno

La experiencia de docente universitario de Arguedas, nos recuerda su importante desarrollo tambien como antropólogo, profesión que estudio en San Marcos graduandose en 1957. Su obra literaria se nutrió de su conocimiento profesional de la cultura andina y a la vez su labor de antropólogo recibió el influjo de la sensibilidad del escritor para entender el mundo andino.

Entre las obras más importantes de Arguedas como antropólogo se encuentra su tesis doctoral “Las Comunidades de España y el Perú” (1968), y su estudio sobre las comunidades del valle del Mantaro, a los que sumó decenas de trabajos sobre lingüística, música, mitos y folklore andino [4]. En particular en su trabajo sobre el Valle del Mantaro encuentra que sus  comunidades son un testimonio de la capacidad de la población indígena para integrarse cuando están libres de la dominación de las haciendas y progresar socialmente bajo una nueva forma de mestizaje. 

 Entre sus trabajos de investigación figura uno inédito, “Las danzas y el cambio social en Puno”, escrito con ocasión de su participación como Jurado en el Tercer Gran Concurso Folklórico celebrado en Puno en febrero de 1967. Este estudio formaba parte de un esfuerzo conjunto de la Casa de la Cultura y la Universidad Nacional Agraria La Molina para recopilar el folklore del altiplano.[5].

Referencias sobre Puno se encuentran también en los artículos escritos con sus recuerdos de su vista a Puno en la época en que vivió en Sicuani, como son el referido al Charango y al Sikuri, "ppusa" en aymara, [6] ; sobre éste último señala.

“Este es hoy un instrumento propio del altiplano; en las otras regiones de la sierra del Perú está desapareciendo...Instrumento ritual y extraño, indio puro, significa fiesta, multitud, procesiones, vísperas de grandes borracheras y llantos; lo tocan soplando a pulmón lleno; el aire alcanza la base de las flautas, rebota y escapa por la boca de las cañas y silba; en los sicuris altos y gruesos suena con una gravedad profunda, en los pequeños y agudos produce un silbido fino y largo; todos juntos, los ppusas en una tropa de bailarines forman una orquesta de viento que oprime y sacude el alma de quien los oye…”. (“Los Sikuris”. La Prensa, Buenos Aires, 28 de marzo de 1943).

 Pero sin duda el artículo más importante sobre Puno es aquel producto de su mencionada participación en la Fiesta de la Candelaria en 1967, “Puno, Otra Capital del Perú”, que sirvió de antecedente para su designación como la Capital Folklórica de América. Dice en este artículo:

 “En ninguna región del Perú y sin duda de América latina pueden encontrarse tan variadas y tantas danzas como en Puno. El hecho tiene aparentemente una explicación clara: coexisten en el altiplano la tradición quechua y aymara, que son diferentes y, durante el periodo colonial y republicano, se formaron en esa gran área, tipos de mestizaje cultural entre los dos núcleos prehispánicos y el occidental, en grados de “mezcla”, más diversa que en otras áreas. Existe, por esa causa, una mayor complejidad y diversidad de tradiciones en la población puneña, y cada estrato, grupo o conjunto, encontró en la danza y el canto la manera más libre de expresar su mundo interior…”. (El Comercio 12 de marzo de 1967) [7].

Con frecuencia se recuerda la obra de Arguedas olvidando que tuvo que  sobreponerse con coraje e indoblegable voluntad a los males nerviosos y la recurrente depresión que lo aquejaban. Por ello, consideramos pertinente citar aquí, lo que escribió unos días después de participar en la festividad de la candelaria en medio de un intenso trabajo:

“…el viaje ha Puno casi me ha aniquilado. Increíble. Recibí toda la voz, la presencia del hombre actual del altiplano y su inmensa fuerza me enardeció y luego me dejo exhausto. Es que llevo demasiados años de intranquilidad. Pero si venzo las dos o tres obsesiones  que todavía me agobian, podre hacer una gran novela, John, una gran novela, a mi vuelta del viaje que debo hacer a Apurímac, Huancavelica y Ayacucho." (Carta a John Murra, 28 de febrero 1967).

Arguedas en Huancayo
Nuevo Encuentro con Arguedas

A diferencia de Arguedas que fue sobre todo literato y antropólogo, Portugal Catacora enfatizó siempre su profesión de educador, más aún, de pedagogo, es decir de quien domina las ciencias educativas y la didáctica. De allí que de los 25 libros que publicó en vida, 17 se refieran a temas eminentemente educativos, muchos de ellos muy especializados como su “Psicopedagogía del Lenguaje”, “Psicopedagogía del Cálculo”, “Didáctica en la escuela Primaria” y los dos tomos de “Desarrollo Humano y Aprendizaje”.  El resto de su producción estuvo dirigida a la recopilación de mitos y leyendas del altiplano, al folklore, la infancia andina y la literatura con cuentos sobre los niños del campo y la ciudad.

Los modernos puntos de vista educativos de Portugal Catacora no se encontraban reñidos con su profundo conocimiento y compromiso con la realidad del indio y del niño indígena. Ya tempranamente, en 1934, había sostenido que:   

El niño indígena emana de una raza dotada de gran fortaleza vital i de mayor longevidad que el miste...Desde el punto de vista psicológico el niño indígena no es de mentalidad inferior. La falta de desarrollo de algunas de sus facultades se debe a su estado social monótono y pobre de reactivos mental. En cambio tiene plenamente desarrollados otras capacidades psíquicas como la atención, la memoria i la voluntad” [8].


Desde el Instituto Experimental de Educación de Puno, que fundó con apoyo del maestro José Antonio Encinas y dirigió entre 1947 y 1957, hizo estudios sobre el uso de las lenguas quechua y aymara en la educación de los niños indígenas. Precisamente este tema lo llevaría a un nuevo momento de encuentro con Arguedas, quien en 1963 le participa de una importante iniciativa para poner sobre el tapete el uso de las lenguas nativas en la educación de los niños indígenas.

Para ello, Arguedas planeaba convocar desde su cargo de Director de la Casa de la Cultura una mesa redonda del más alto nivel que culminaría con recomendaciones para que el Ministerio de Educación, cuya burocracia era renuente al tema, lo aborde seriamente. La idea fue acogida con entusiasmo por Portugal Catacora y significó un nueva oportunidad de encuentro con el gran escritor, en la “Mesa Redonda sobre el Monolingüismo Quechua y Aymara y la Educación en el Perú”, importante antecedente de lo que hoy se conoce como educación intercultural bilingüe.

José Portugal Catacora en 1961, clausurando un cursillo para maestros en Lima.


VER JOSE MARIA ARGUEDAS EN EL RECUERDO PRIMERA PARTE
VER JOSE MARIA EN EL RECUERDOS: TERCERA PARTE


[1] Pepe Portugal es mencionado por Arguedas en otras cartas a John Murra: “Me quedo más solo en el Instituto, felizmente Portugal está dando buenos resultados” (7 de octubre de 1959); “Ahora estoy sólo en el Instituto, porque Martha se fue a Paramonga a hacer un estudio sobre cooperativas. Me acompaña Portugal que es fino e inteligente, pero con quien no he tenido tiempo de establecer vínculos de gran fraternidad…” (16 de noviembre de 1959). "Cartas de Arguedas". John Murra y Mercedes López. PUCP. Lima 1998.
[2] Recordamos, Edgar y Carlos Portugal Mendoza, las visitas de Arguedas a la casa de la familia en la Calle Carlos Arrieta 1384 en Santa Beatriz, Lima. El ofrecimiento de Arguedas me fue referido por mi padre y mi madre me contó que había dicho que quería adoptarlo porque no tenía hijos. En 1962, Pepe Portugal viajó a Francia a seguir estudios de postgrado; retornó en 1964, siendo en los inicios de su vida profesional profesor en San Marcos e investigador en el Instituto de Estudios Peruanos.

[3] La carta está dirigida a Duccio Bonavia, por esos años joven profesor de San Marcos. "Cartas del Archivo José María Arguedas de la PUCP". Antropológica Año XX Nº 20, Lima 2002.
[4] "Las comunidades de España y Perú". UNMSM 1968. La investigación comparativa fue fruto de una beca de la UNESCO en 1958, encontrando cómo la comunidad campesina peruana, formada a partir de las reducciones de indios del virrey Toledo, había recibido esa influencia en su organización. Este texto fue precedido de su estudio “Evolución de las comunidades indígenas. El valle del Mantaro y la ciudad de Huancayo, un caso de fusión de culturas no comprometida por la acción de las instituciones de origen colonial”. Revista del Museo Nacional Nº 26, 1957.

[5] El Concurso de 1967 fue documentado con fotos y filmaciones, en un esfuerzo por recopilar las danzas y bailes del altiplano. Sin duda todo este material debería ser rescatado por su  gran valor, tanto porque refleja las características de la fiesta en esa época, como porque el trabajo estuvo dirigido por el propio Arguedas. En una carta a John Murra le informó que sólo tenia 32 días para elaborar “Las Danzas y Cambio Social en Puno”, una tarea que sólo Arguedas podía acometer en tan breve tiempo.    
[6] Los artículos “Los Sikuris” y el “Charango” publicados en el diario la Prensa de Buenos Aires en marzo de 1943 y 1940 respectivamente, se encuentran en el libro “Indios, Mestizos y Señores” de José María Arguedas. Editorial Horizonte, 1985. "Los Sikuris" se encuentran en internet en el blog aswan khari del difusor de la cultura puneña Bruno Medina
[7]Puno, la otra capital del Perú”. Diario El Comercio, 12 de marzo de 1967. Sin duda este artículo refleja en parte el corto estudio  “Danzas y cambio social en Puno” de Arguedas. Una interesante comparación entre la fiesta de la candelaria que observó Arguedas el año 1967 y la que se realiza en la actualidad se encuentra en el artículo del intelectual puneño Guillermo Vásquez Cuentas "La otra capital de Arguedas". Asimismo puede verse una descripción de la visita de Arguedas y sus aportes "La otra capital del Perú", de René Calcín Anco.

[8] “Aspecto pedagógico del niño indígena”. Revista El educador Andino. Número 5 y 6. Puno, Agosto 1934.  Señala asimismo, la necesidad de que “el Estado debe legislar…creando granjas escuelas…dotando al indio de propiedad por medio de la venta a fortiori i a plazos de los   latifundistas sin explotar, i obligándolos a constituir entidades colectivas de producción y consumo...obligando a los hacendarios industrializantes a pagar salarios equitativos a los indios…”.

domingo, 30 de diciembre de 2012

2013


Para los moradores nativos del altiplano los picachos representan el tótem de sus antepasados, la personificación del primer tronco familiar del que descienden, convertido en el primer dios tutelar del ayllu o parcialidad.

Pero no solamente hay relación de los picachos y el siquismo religioso de los nativos, lo hay también entre ellos y nuestra mentalidad moral. La perennidad de las cumbres ha contribuido a la formación de nuestro sentido de perseverancia y visión de porvenir. Sus alturas nos han enseñado a tener una moral de elevada filosofía humana. Y su verticalidad nos ha trasmitido el amor a las cosas rectas y por lo recto de las cosas justas.

Visión de porvenir, dignidad superior y sentido de justicia y libertad son heredades morales que el pasado nos ha transmitido a través de la contemplación de los picachos que constituyen el alma de nuestros antepasados hechos piedra indestructible.

José Portugal Catacora (En: La Villa de Acora)

domingo, 16 de diciembre de 2012

Nacimiento aymara

Al amanecer del tercer día de celebración, la Antuca sintió los primeros dolorores del parto. Los padres  y los presentes se alborotaron y fueron en busca de la partera del ayllu, la vieja Pituca que vivía como un ermitaño en una choza solitaria en lo alto del escarpado cerro. La encontraron en la puerta de su destartalada chosita, de paredes de piedra, por cuyos resquicios se filtraba el viento, el frío y hasta la lluvia y el polvo con su techo de totora que por el peso de los años se hundía como el lomo de un caballo viejo. Tenía por todo menaje un fogón hecho de tres piedras junto a él un cuero de oveja deslanado, un thanacu, especie de edredón hecho de ropas viejas, que era su cama. Estaba despiojando su polleras raídas y descoloridas y matando a los bichos con sus dientes.
Cuando requirieron su atención se aprestó con diligencia y partió sin hacerse repetir.
Una vez en la casa de la parturienta, pidió que le proporcionaran una botella de alcohol, abundante coca, un cuchillo filudo, qaito (hilo) torcido a la izquierda, un qara-qara (cuero)  de oveja sin lana y una faja gruesa. Luego ordeno que mataran una gallina y que prepararan un caldo con ella.
A la parturienta le indicó que caminara hasta que sus energías lo permitieran y ésta se sometió pacientemente. Luego la echo sobre la cama de cúbito dorsal a horcajadas, la auscultó y la envolvió con la faja en la parte alta de la cintura como para presionar el descenso del bebé hacia la vagina. Para mitigar el dolor de la enferma bebieron el alcohol ambas, paciente y partera a grandes sorbos de la misma botella. Esta última mascó también grandes proporciones de coca y como alentando la enferma decía.
- ¡Todo va bien! ¡La coca está dulce! ¡La coca está dulce!.
En pocos minutos nació un bebé con el vientre abultado. La partera cogió al niño de los pies, cortó el cordón umbilical con el cuchillo, lo coloco como a un objeto cualquiera en el cuero seco y deslanado dedicando su atencion a la enferma. Y apenas hubo arrojad la placenta, ésta fue enterrada en el lado izquierdo de la puerta por ser varón el recién nacido, en un hoyo que cabo el padre con pico y pala. En seguida volvió a fajar a la parturienta por la cintura, según ella para que el vientre vuelva a su volumen normal Al final dispuso que tomara el caldo de gallina, mientras ella aprovechaba las presas de carne con muy buen apetito.
Recien después de todo, se dedicó a la criatura, le quito la sustancia grasosa que cubre el cuerpo de los recién nacidos, la que guardó cuidadosamente porque se dice que es medicina para ciertos males y baño a la criatura en agua de manzanilla, tibia.
Le proporcionaron gruesos y toscos pedazos de bayeta improvisadas de la ropa usada del padre y de la madre; con los cuales envolvió a la criatura, la fajó por todo lo largo de cuerpo y le puso un chullo o gorro grueso, colocando una belllota de lana negra sobre la coyuntura del occipital y el frontal a fin de que no entre el aire a la cabeza según dijo.
Y como el bebe empezara a llorar, tomó un poco de agua hervida le hechó unas flores de manzanilla y le arrojo un poco de azúcar y mojo el agua azucarada en un trapo y lo puso a la boca como chupón. Y el bebé se tranquilizó.
Que cruel es el mundo pensaría el bebé; pero ni más remedio que empezar a adaptarse a él, ya que el destino le deparará cuántos dolores más, como a toda su estirpe que sufría siglos de esclavitud.
Tomado de "Niños del Altiplano". José Portugal Catacora. Editorial Lima. 1976.

sábado, 15 de diciembre de 2012

José María Arguedas en el recuerdo (I)

arguedas
Arguedas, Celia Bustamante (su primera esposa) y profesor y alumnos del Colegio Pumacahua (Sicuani).
Foto: "Apuntes Inéditos. Celia y Alicia Bustamante en la Vida de JMA" 

El año 2011 se cumplió el centenario del nacimiento del gran escritor del Perú profundo José María Arguedas (Andahuaylas 18 de enero de 1911- Lima, 2 de diciembre de 1969) y del maestro y escritor del altiplano José Portugal Catacora (Acora 13 de febrero de 1911- Lima 21 de marzo de 1998). El año de nacimiento no es la única coincidencia entre ambos personajes, cuyas vidas guardan particulares similitudes y una preocupación común por la cultura y la educación indígena. En esta reseña presentamos algunas de esas coincidencias y la referencia a los momentos en que sus vidas se encontraron.

La Madre Ausente y el Acercamiento al Mundo Indígena
La perdida de la madre a temprana edad es una tragedia común que Arguedas y Portugal Catacora compartieron y que marcó sus vidas. Según su propia versión, Arguedas es separado de su madre apenas a los 2 años y medio [1]; Portugal Catacora, la pierde a los 6 años víctima de una epidemia de tifus que casi termina también con su vida.
Para Arguedas, ese doloroso suceso y la consiguiente vida traumática con su madrastra, fueron fuente de los trastornos que lo acompañaron a lo largo de toda su vida, pero también motivo para que se refugiará en el cariño de los indios que atendían la casa paterna y se identifique con su cultura milenaria, aprendiendo el quechua a temprana y conviviendo con ellos, especialmente cuando a los diez años de edad se escapa a la hacienda Viseca (Andahuaylas) y pasa allí dos años.
En el caso de Portugal Catacora, la pérdida de su madre, Eusebia, sería mitigada por la compañía y cariño de sus cinco hermanos, en especial de Teodosia su hermana mayor. A pesar de todo, el trauma lo llevarían a sufrir las depresiones que lo afectaron en su edad adulta.
A diferencia de Arguedas, su acercamiento al mundo indígena, aymara en este caso, sería más natural y amable. Su madre, descendiente de una familia aymara de larga tradición en Acora, Puno [2], le enseño el aymara y le dio oportunidad de conocer desde niño a los parientes y amigos indígenas de la familia. Si bien las familias mestizas e indígenas vivían en barrios separados en el pueblo, los niños compartían un mundo común, como lo recordaba Portugal Catacora, jugando en la bóveda de la vieja Iglesia de la Concepción y en las frescas aguas del estanque cercano al pueblo.      

Maestros y Escritores

Portugal Catacora inició en 1930, a los 19 años, su carrera de maestro en la Escuela de Varones de ciudad Ayaviri (Melgar, Puno), luego de graduarse como preceptor en la Normal Anexa al Colegio San Carlos de Puno, donde había ingresado con apenas quinto año de primaria. En Ayaviri, desplegaría una intensa actividad sindical y cultural, junto con la poetisa Mercedes Bueno Morales. 


josé portugal
Portugal Catacora (izquierda) con maestros y niños
En 1936 regresa a Puno donde enseña en la primaria del Colegio San Carlos, para luego ser Jefe de las Brigadas de Alfabetización y participar, junto con los grandes maestros puneños de la época, en la fundación y desarrollo de los Núcleos Escolares Campesinos (1947), impulsados por  Perú y Bolivia bajo el gobierno progresista de Bustamante y Rivero y su ministro Luis E. Valcarcel.
En 1947, con el apoyo del maestro José Antonio Encinas, por entonces Senador, funda el Instituto Experimental de Educación de Puno, hoy Institución Educativa Publica "José Portugal Catacora", donde desarrollaría un ensayo de educación basado en el nivel de madurez de aprendizaje de los niños, muy diferente a la educación masificante basada en la edad y la cantidad de conocimientos de los niños.
 José María Arguedas, una vez concluidos sus estudios de Licenciado en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde tuvo oportunidad de conocer a José Antonio Encinas (Ver Encinas y Arguedas) y luego de una intensa experiencia política y cultural, se estrena como profesor en 1939, a los 28 años, enseñando en la Secundaria del Colegio Mateo Pumachahua, en Sicuani, Cusco. Allí dicta clases de Castellano y Geografía, y desarrolla una entusiasta y vital experiencia educativa. Gracias a un ensayo presentado al Ministerio de Educación, regresa a Lima en 1941 para participar en la reforma de los programas de estudios secundarios, aunque por breve tiempo, volviendo a la enseñanza en 1942.

José María Arguedas y el padre Lira, reconocido quechuologo, en el Cusco
Arguedas en Puno

Es durante su estancia en Sicuani, que Arguedas tiene oportunidad de llegar por primera vez a Puno en 1939. La visión del lago lo impresiona:    
“El lago es mucho mejor de todo lo que nos han dicho; todavía me dura la emoción que sentí la primera tarde que vi llegar las balsas; hasta la última célula de mi cuerpo conservó la imagen de las balsas llegando al muelle…El día que ustedes vean el lago no podrán olvidarlo nunca. Es una belleza que domina y ya nada queda en el espíritu más que su imagen; hace levantar todo lo bello que hay en uno”. Carta Emilio Adolfo Westphalen, 9 de enero 1939. [3].

En su visita a Puno en 1939, que se repetiría al año siguiente, tiene oportunidad de visitar el Colegio San Carlos de Puno y conocer a su Director, el doctor Vizcarra [4]. En ese año, Portugal Catacora enseñaba en la sección primaria del Colegio, pero no sería esa la ocasión en que se encontrarían.
Para entonces Arguedas ya había empezado su importante carrera literaria, publicando en 1935 su primer libro “Agua”, con el cual ganó el segundo premio de la Revista Americana de Buenos Aires. Se trata de un conjunto de historias de las comunidades y los hacendados en Andahuaylas, en las cuales se hace evidente ya su calidad literaria y ensaya una manera para introducir el quechua en la redacción castellana.

Las motivaciones para escribir "Agua" son reveladas por el propio Arguedas:

 “Yo comencé a escribir cuando leí las primeras narraciones sobre los indios; los describían de una forma tan falsa escritores a quienes yo respeto…Yo tenía una convicción absolutamente instintiva de que el poder del Perú estaba no solamente entre la gente de las grandes ciudades, sino que sobre todo estaba en el campo…En estos relatos estaba tan desfigurado el indio y tan meloso y tonto el paisaje y tan extraño que dije: No, yo tengo que escribir tal cual es, porque yo lo he gozado, yo lo he sufrido” Primer Encuentro de Narradores Peruanos. Arequipa, 1965 [5].
Por su parte Portugal Catacora, publicó en 1937 “Niños del Kollao” bajo el aliento de Emilio Vásquez, uno de los miembros del Grupo Orkopata. El libro reunía un conjunto de anécdotas infantiles provenientes de su experiencia docente con niños mestizos e indios. Si bien es considerado uno de los primeros textos de literatura infantil en nuestro país, lo cierto es que fue escrito para defender al niño, tal como lo señalaría años mas tarde.
“Nuestro libro ha sido catalogado entre los de la literatura infantil y por eso algunos de sus capítulos circulan en selecciones dedicadas a los niños como aquel que hiciera nuestro inolvidable Sebastián Salazar Bondy…pero los relatos que contiene no fueron escritos para el niño, sino para defenderlo. Si los expertos lo aceptaran, podemos llamar cuentos pedagógico a los dramas escolares que forman las páginas de Niños del Kollao” Portugal Catacora, 1970 [6].

Luego de Sicuani, Arguedas se traslada en 1941 a Lima para trabajar en el Ministerio de Educación y luego continuó su labor como maestro enseñando en los colegios Guadalupe, Alfonso Ugarte y Mariano Melgar. En 1949 inicia sus estudios de antropología en el Instituto de Etnología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Realizaría numerosas publicaciones en revistas y periódicos haciendo conocer y defendiendo al mundo andino; publicaría sus librosYawar Fiesta” (1941) y “Diamantes y Pedernales” (1958), con los que definiría más su carrera de literato y profundo conocedor de la cultura andina.
Portugal Catacora, desde Puno escribió libros principalmente de corte educativo, tanto propuestas como “La Escuela Andina del Porvenir” (1945) como sendos estudios como su “Psicopedagogía del Lenguaje” (1949). Asimismo, textos dedicados a los niños, como “Puno Tierra de Leyenda” (1952) y “Mi Tirallo” (1954) convencido de la importancia de poner a su alcance, los mitos y leyendas del altiplano para aprovechar su mensaje educativo y fortalecer una identidad andina.

Encuentro en Lima 
“A su muy distinguido amigo, el señor José María Arguedas, como atento homenaje a su elevada calidad espiritual" José Portugal Catacora.

Así reza la dedicatoria con la que Portugal Catacora entregó a Arguedas su libro “Puno Tierra de Leyenda” en 1953, el cual pasó a formar parte de su biblioteca personal  [7]. Ambos se habían conocido en 1950, cuando el maestro puneño visitaba Lima y pronunció una conferencia sobre la experiencia que realizaba en el Instituto Experimental de Educación de Puno.

“Las vacaciones de 1950, como todos los años, las pasaba en Lima. Y en una de esas tardes ofrecí una de mis primeras disertaciones acerca del experimento pedagógico que venía realizando en Puno…Al término de mi disertación varios maestros del público me felicitaron y luego algunos me invitaron a comer…recuerdo que entre ellos estaba José María Arguedas y Antonio Arenas…desde aquella noche fuimos amigos con Antonio Arenas, como con José María Arguedas, amistad que se acrecentó con el tiempo…” José Portugal Catacora, autobiografía [8]. 
Ese año de 1950, Arguedas se desempeñaba como Jefe de la sección de Folklore, Bellas Artes y Despacho del Ministerio de Educación, ministerio en cual Antonio Arenas, natural de Puno, era funcionario y en donde llegaría a ser Viceministro en el segundo gobierno de Belaunde.

En los siguientes años, salvo la entrega de “Puno, Tierra de Leyenda” en 1953, no son conocidos otros encuentros entre Arguedas y Portugal Catacora, pues éste residía en Puno y sólo venía a Lima en los veranos.   
La situación cambio cuando en 1957, Portugal Catacora, que había realizado un viaje de estudios por México, Puerto Rico y Estados Unidos becado por la UNESCO, es llamado por el Ministro de Educación Jorge Basadre para venir a trabajar a Lima impartiendo orientaciones pedagógicas a los maestros de todo el Perú [9], tarea que se vio limitada, como lo recuerda en su autobiografía, por la vorágine burocrática y política del Ministerio.

Instalado en Lima, Portugal Catacora tiene en los siguientes años oportunidad para sostener algunos encuentros con Arguedas, especialmente con la mediación de Francisco Izquierdo Ríos, amigo de ambos, coautor con Arguedas de “Cuentos, Leyendas y Mitos del Perú” (1947) y autor del prólogo de la “Antología del Cuento Puneño” (1955) del maestro puneño.

JOSE MARIA ARGUEDAS EN EL RECUERDO (SEGUNDA PARTE)



[1] En los últimos años se viene señalando que más bien Arguedas habría sido separado de su madre, Juanita Tejada, domestica de la casa paterna, y criado por la esposa de su padre Victoria Altamirano Navarro, hasta que esta fallece dejándolo de dos años y medio. La información tiene punto de partida en las "Memorias" de Luis E. Valcarcel, donde el historiador señala que Arguedas era hijo ilegitimo.  Ver el artículo de Danilo Sanchez Lihón, Arguedas Apu Tutelar.

 [2] Su madre, Eusebia Catacora era descendiente de los curacas Catacora que desde antes de la llegada de los españoles habían gobernado Acora, una de las cabeceras del reyno Lupaqa (Ayala, 2010: José Portugal Catacora). Aún cuando luego de la conquista habían perdido sus privilegios, la población local mantenía una especial consideración a los descendientes de sus antiguos gobernantes. Portugal Catacora, recordaba que cuando acompañaba a su madre vendiendo mercadería por los pueblos cercanos a Acora, ella era recibida con variadas atenciones y que cuando falleció de tifus, numerosos indios llegaron al pueblo y ante la negativa del cura para velarla en la Iglesia San Pedro, abrieron sus puertas a viva fuerza para despedirla cristianamente.
[3]El Río y el Mar. Correspondencia José María Arguedas – Emilio Adolfo Westphalen”. Fondo de Cultura Económica. Lima, 2011.

[4] "Conocí al Director del Colegio de Puno; el Colegio tienen más de 800 alumnos; y su director, un Dr. Vizcarra, después de que oyó decir a Moisés, que Diaz había gobernado 34 años México...él contó después una historia del tiempo del general Castilla "que gobernó l Perú 45 años". No quiso quedarse atrás...". Moises Sáenz fue embajador de México en el Perú y amigo de intelectuales como Arguedas, a quien de acuerdo a esta referencia habría acompañado a Puno.Carta de Arguedas a Emilio Westphalen. Ibid.  El Director Julio Francisco Viscarra, proveniente de Mollendo, condujo San Carlos entre 1938 y 1944, caracterizándose por imponer una severa disciplina, junto con el sub director, el capital Nicolás Santa Gadea.
[5] “Primer Encuentro de Narradores Peruanos - Arequipa, 1965”. En: Revista Peruana de Cultura. Casa de la Cultura, Lima diciembre de 1970.

[6] “Prologo a una segunda edición de Niños del Kollao”. Lima, 1970.Texto inédito.
[7] “Puno Tierra de Leyenda”. Editorial Laykakota. Puno, 1952. Ficha: 985.262 P78. Colección Arguedas en la Biblioteca Nacional.  Dedicatoria manuscrita.

[8]Autobiografía de Portugal Catacora”. Inédito. Esta misma anécdota se encuentra en la biografía de Antonio Arenas “Maestros Peruanos del Siglo XX”. José Portugal Catacora. Lima, 1999.
[9] Basadre recuerda esto en el prólogo que escribió para el libro de Emilio Vasquez "La Rebelión de Juan Bustamante: " Ignoro porque circusntancias, la vida ha hecho que desde la juventud, me haya sentido muy cerca de los puneños...Cometí ingenuamente el error de traer a Lima al Ministerio de Educación a José Portugal Catacora, porque estimaba su obra como maestro de una escuela experimental y porque albergaba la ilusión, que resulto vana entonces, pese a la voluntad nuestra, de que en aquel monstruo de cemento y de papeles, se forjaran verdaderas orientaciones pedagógicas...".

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Jorge Huirse Reyes

Por ADOLFO HUIRSE CAIRO
20 años, dos decenios, se han cumplido desde aquel 11 de diciembre de 1992 en que partió a la eternidad el gran músico, pianista, compositor, arreglista y director de orquesta puneño y peruano, Jorge Huirse.

Veinte años ha que la música peruana se vio privada del exquisito manejo instrumental que ese magnífico zurdo nacido a orillas del Titicaca, le prodigó hasta niveles aún no repetidos. Y hoy existe la necesidad de evocar al gran artista, al incomprendido luchador por los derechos de autor en el Perú, y al evocarlo, resaltar para el merecido recuerdo la dimensión histórica que le tocó cumplir en su rutilante paso por el mundo de la música nacional.

 De Jorge Huirse hay que hablar sobre su trascendencia como músico polifacético, superdotado, intuitivo, lúcido, y de la profunda huella que ha dejado en la música nacional, criolla y andina.

Evocación que no deja de ser el reclamo para hacer más vigente su contribución al pentagrama peruano.

 En 1940 y en uso de una modesta beca otorgada por el gobierno de entonces, Jorge partió a Buenos Aires, entonces la puerta grande del arte en América, donde consolidó su formación musical dirigiéndola esencialmente a la instrumentación, al manejo orquestal y a la composición.

De Jorge Huirse algunos críticos han dicho que encaja en el criterio de un músico, compositor e instrumentista dotado de gran talento y formidable formación técnica.

Reconocido en Buenos Aires, Jorge dio la gran batalla por la música peruana, e hizo que grandes instrumentistas italianos y argentinos acometieran a gran orquesta el duro reto del ritmo andino y lo aquilataran como lo que es: exquisito, de variedad y riqueza inmensas.
En materia de música criolla elevó a espacios sublimes y llevó al disco a gran orquesta o simplemente con el acompañamiento de su piano y su conjunto ‘Ritmo Criollo’, a Jesús Vásquez, entonces una chiquilla de diáfana e irrepetible voz, a los Trovadores del Perú, Los Morochucos, Luis Abanto Morales, etc., y logró que cantantes de tango se enfrentaran al vals peruano con resultados inolvidables.


De resultas de la cruzada peruanista, infinidad de discos de carbón de 78 rpm inundaron Lima, desde cuyos surcos sonoros emergieron las canciones que acunarían la emoción de varias generaciones.
 
No hay que olvidarlo: fue Jorge Huirse quien, orquesta y piano a mano en los años 40/50, le puso profundidad musical y orquestal al vals, la polca, el festejo, la marinera y el huayno.
 
Así también se vistieron de virtuosa armonía y etiqueta instrumental las canciones de Felipe Pinglo, Felipe Coronel Rueda, Eduardo Marquez Talledo, Laureano Martínez Smart, Daniel Alomia Robles, Carlos Saco, Salvador Oda, Chabuca Granda, Luis Abelardo Núñez, Francisco Reyes Pinglo, Serafina Quinteras y ese baúl de bellezas que fue la Guardia Vieja. Igual ocurrió con la música de su padre, don Rosendo Huirse, y de la propia suya.
 
Y cuando la TV no había llegado aún y la radio estaba en todo su esplendor, la entonces potente y próspera Radio Victoria lo contrató para que volviera al Perú poniéndole bajo su mando una orquesta con 30 instrumentistas, todos músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional. A su vuelta, en 1961 –César Miró lo esperó en la escalinata del avión cantándole su vals ‘Todos vuelven’- grabó para Virrey el insuperable larga duración ‘Machupicchu’. Luego dirigiría la Orquesta Sinfónica de Breña, la Orquesta de Cámara Sono Radio y la Orquesta de Cámara de la Guardia Republicana hoy convertida en Orquesta Sinfónica de la Policía Nacional.
 
En Lima, su tenaz lucha enarbolando los derechos de autor le desencadenaron el odio y la ojeriza de las disqueras y los canales de TV que lo marginaron.
 
A 20 años de su partida, gloria y recuerdo entrañable a su versátil pianística, a su talento instrumentador y su genio creador. Pero también gloria y recuerdo íntimo y hondo al artista que de la mano llevó a la fama y el conocimiento universal los exquisitos ritmos de nuestro Perú.
Porque así también se hace patria, gloria eterna a Jorge Huirse!

martes, 11 de diciembre de 2012

Rosa Cerna Guardia

Imagen tomada de http://www.facebook.com/Rosa.Cerna.Guardia

El niño no es una botella que hay que llenar,
sino un fuego que es preciso encender
.
Montaigne

Rosa Cerna Guardía, escribió numerosos libros para niños y niñas, como su inolvidable "Los días de Carbón" (1968). Escritora, poetisa, periodista y sobre todo maestra, falleció el pasado 10 de diciembre. Sus libros siguen encendiendo el fuego.
 
La pluma de Danilo Sanchez Lihón la recuerda en un sentido artículo "Madeja de Oro, ovillo de luna" .

lunes, 3 de diciembre de 2012

Homenaje a Augusto Portugal Vidangos

 
La Escuela Nacional Superior de Folklore "José María Arguedas" y el Centro Cultural de la Universidad Tecnológica del Perú, presentaron el pasado 19 de noviembre un espectáculo musical en homenaje a la obra artística del maestro Augusto Portugal Vidangos (Acora 1º/Set/1914 - Lima 3/Julio/2005) .

Premio Radio Nacional 1951
El espectáculo estuvo a cargo de los estudiantes artistas del VIII Ciclo del "Programa Académico de Artista Profesional" de la Escuela Nacional de Folklore, de la especialidad de música, quienes presentaron hermosas adaptaciones musicales basadas en obras y arreglos del maestro Portugal Vidangos quien desarrolló una larga y prolífica carrera de músico, docente, compositor, director de coros, bandas y estudiantinas y dirigiera la agrupación musical "Cuerdas del Lago".

Un momento importante de la carrera de Augusto Portugal fue cuando en 1951, al frente de la Estudiantina Puno, ganó el concurso Nacional de Estudiantinas de Radio Nacional del Perú, con el tema "Ramis".

Durante el homenaje se presentaron así composiciones de Augusto Portugal como "Pandillero N° 1" y "Ramis" y arreglos musicales hechos por él de conocidos autores puneños como "Para tí" de Augusto Masías, "Tomasa" de Jorge Huirse, "Vicuñita" de Andres Dávila, "Carnaval de Arapa" de Castor Vera.
 
El Director de la "Programa Académico del Artista", Alberto Sanchez Pereda, recordó la importancia del músico puneño y entregó un diploma especial a Esther Portugal, viuda del homenajeado, quien con sentidas palabras agradecio el evento.  
 
En opinión del estudioso Javier Salas Ávila, el maestro Augusto Portugal Vidangos insertó en el panorama de la música puneña de las estudiantinas un desarrollo musical en el cual se destacan las técnicas del contrapunto y la armonía, elevando la calidad de la musica festiva en el altiplano.
 
Los invitamos a ver parte de la ceremonia y la interpretación de Ciudad del Lago, del músico puneño Jorge Huirse , con la conocida introducción de Augusto Portugal Vidangos.
 
 
Homenaje a Augusto Portugal Catacora - 19 de noviembre 2012

jueves, 29 de noviembre de 2012

El Folklore

Presentamos aquí extractos de un esclarecedor texto de Ernesto More (Puno 1903- Lima 1980), poeta, escritor y político,  sobre el folclore, escrito como prólogo del libro de José Portugal Catacora "Danzas y Bailes del Altiplano" (1981).

Vallejo y Ernesto More

El folklore, la artesanía y el turismo han sido actividades que hasta hace poco, se realizaban espontáneamente. En los dos primeros intervenía casi en un ciento por ciento, el sentido de creación del pueblo. En menor proporción, la naturaleza. En el turismo influye en porcentaje considerable, la naturaleza. La belleza, las peculiaridades del paisaje. Como complementos de esa belleza, refuerzan el atractivo del turismo la obra del hombre del pasado, en la arquitectura, en las artes, en la artesanía y en el folklore, en sus diversas modalidades: música, danza, costumbres, alimentación, etc. El folklore y la artesanía, creaciones espontáneas de los pueblos, han nacido, por esa su característica esencial, asimismo, han seguido desarrollándose legítimamente, al margen del proceso capitalista, ese reino de Midas que transforma en oro todo lo que toca deshumanizándolo.
 
Pero la espontaneidad, ignorante de la propaganda, del réclame mantenía esas actividades surgentes, en estado de aislamiento para usos locales, en gran parte para celebrar con entusiasmo, con fervor panteísta o religioso, la unión del hombre con la tierra, cuando éste cumple el acto supremo de arrancar aquella el fruto de su esfuerzos en la faena agrícola, o cuando el hombre, para agradecer a la tierra el regalo vital y constante que le asegura la existencia, se confunde, en cumplimiento de una ley inevitable, con el polvo.

El folklore y la artesanía así nacidos, transmitiéndose de una generación a otra, desinteresadamente, venían a constituir esa misterios argamasa que da unidad, en el fluir del tiempo, a la vida y obra del hombre, formando lo que llamamos la nación y la patria. Por eso es que muchos, así como son opuestos a que modifiquen el himno o la bandera tratan de mantener intangibles esos símbolos. 
 
Un hombre no es idéntico a sí mismo, durante toda su vida. Se modifica en tanto que vive, somática y espiritualnente; pero el cambio que se produce en él, por ser orgánico, no atenta contra su personalidad, que sigue siendo la misma. Y siendo el folklore obra del hombre como ente colectivo, esta sujeto, con mayor razón, a mutaciones que no alteran el mensaje que porta en su seno.
 
Pero todo esto varía en cuanto el folklore comienza a sentir la influencia del capitalismo; en cuanto el folklore, que nace, se desenvuelve y vive espontánea y desinteresadamente, se convierte en mercadería, y todos los que en él participan se esfuerzan por transformar la maravilla que existe en el mensaje imponderable, en algo palpable y contante. Entonces, ese folklore, sometido a la acción de una fuerza interesada sufre modificaciones que equivalen a otras tantas heridas de muerte.

Por lo general, la gente se interesa por el folklore con un sentido puramente recreativo. Por medio de él, se siente incorporado a la sociedad del terruño mismo, o devuelta a sus años juveniles o de infancia. Pero los menos advierten que el folklore, al ensamblar las fuerzas espirituales de un pueblo  mejor de lo que puede hacerlo la bandera o el himno, constituye la fortaleza invisible de la patria, la mejor defensa contra los intentos de dominación de una nación o de intereses extraños. Porque de nada sirve un fusil en manos de quien carece de sentimiento y de emoción de patria, que no los dan el conocimiento de las fronteras ni de la geografía de su país.
 
Bailando su huayno natal, el joven se está preparado mejor para esa defensa que haciendo ejercicios militares. Hay instantes de jolgorio que representan para toda a vida la tierra, la familia, la amada y el entorno inicial del hombre. Por eso, hacer conocer el valor del folklore a través de sus infinitas peculiaridades, es obra bella, humana y patriótica.
 
Ernesto More