JOSÉ MARÍA ARGUEDAS Y LA FIESTA DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA
Carlos Portugal Mendoza
Es
conocida y recordada la presencia de José María Arguedas en la fiesta de la
Virgen de la Candelaria en 1967; menos conocidas son la circunstancias de
aquella visita y su relación con la que sería su última obra literaria “El
zorro de arriba y el zorro de abajo”, aspectos que traemos a la memoria en
homenaje a quien contribuyó de manera importante a la difusión de la fiesta de
la “Mamita Candelaria”, hoy en proceso de ser declarada “Patrimonio Inmaterial
de la Humanidad”.
Arguedas en Puno
El 2 de
febrero de 1967, Arguedas arribó a Puno para integrarse al Jurado del III
Concurso en Homenaje a la Virgen de la Candelaria, compuesto por Josafat Roel
Pineda, Mildred Merino de Zela y los puneños David Frisancho Pineda, Alberto
Cuentas Zavala y Víctor Villar Chamorro.
Ciertamente no era la primera vez que visitaba Puno, pues había llegado
antes, en 1939, cuando era profesor secundario en la cercana ciudad de Sicuani.
En aquella ocasión la belleza del lago lo deslumbró.
“El lago es mucho mejor de todo lo que nos han dicho; todavía me
dura la emoción que sentí la primera tarde que vi llegar las balsas; hasta la
última célula de mi cuerpo conservó la imagen de las balsas llegando al
muelle…El día que ustedes vean el lago no podrán olvidarlo nunca. Es una
belleza que domina y ya nada queda en el espíritu más que su imagen; hace
levantar todo lo bello que hay en uno” [1].
Desde esa
primera visita tomó contacto con el folklore puneño, escribiendo en los años
cuarenta sendos artículos sobre “El Charango” y “Los Sicuri” en el Diario “La
Prensa” de Buenos Aires. Pero, nada de lo que conocía lo preparó para el
espectáculo y el profundo significado de la fiesta de la Virgen de la Candelaria
que vio en la fiesta de 1967 y que reflejó en su artículo “La otra capital del
Perú”.
“En ninguna región del Perú y sin duda de América latina pueden
encontrarse tan variadas y tantas danzas como en Puno. El hecho tiene
aparentemente una explicación clara: coexisten en el altiplano la tradición
quechua y aymara, que son diferentes y, durante el periodo colonial y
republicano, se formaron en esa gran área, tipos de mestizaje cultural entre
los dos núcleos prehispánicos y el occidental, en grados de “mezcla”, más
diversa que en otras áreas… La danza y el canto fueron y son no son solamente el único
lenguaje permitido a la población sojuzgada, sino que además están sustentados en una tradición milenaria. Esas
formas de arte fueron en la antigüedad el lenguaje predilecto de la multitud.
Por eso el desfile de las danzas puneñas en las calles y Plaza de Armas de Puno
fue el espectáculo más impresionante y cargado de significado que vi nunca”
[2].
Pero,
Arguedas no llegó en 1967 sólo para ser parte del Jurado del Concurso.
Como investigador de folklore de la
Universidad Nacional Agraria La Molina, aprovechó su visita para realizar una
amplia recopilación del folklore puneño con un equipo de la “Casa de la
Cultura” compuesto por Josafat Roel Pineda y los fotógrafos Abraham Guillen, Jaime Guardia y
un camarógrafo francés.
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Llamerada. Puno 1967. Foto de Abraham Guillén. Tomado de Archivo CDDA de la Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas |
Durante
diez días Arguedas realizó en Puno entrevistas y grabaciones sobre las
diferentes danzas y visitó también algunas zonas rurales como Capachica. Parte
de ese valioso material se encuentra en los archivos del Museo de la Cultura
Peruana y de la Escuela de Folklore José María Arguedas.
Con lo
visto en la Fiesta de la Virgen de la Candelaria, escribió un muy corto informe
para la Universidad Nacional Agraria La Molina titulado “Las Danzas y el Cambio
Social en Puno”. Allí dejó constancia del origen andino de la fiesta y de cómo
los diferentes grupos danzantes reflejan las diferencias culturales y sociales.
"A la fiesta del 2 de febrero acudían
grupos de bailarines integrados por indios de la zona rural y algunos conjuntos
de Sicuris formados por mestizos de tres barrios de la ciudad. Con la
intervención del Instituto Americano de Arte se organizó un desfile de esos
conjuntos en la Plaza de Armas…. La formación de nuevos conjuntos que al
representar a los barrios comprometían el prestigio de cada barrio aumentó
rápidamente el grupo de danzarines de la ciudad, es decir, de conjuntos
formados por mestizos…Se inició y desarrolló un estado de competencia, de
tensión entre los grupos de mestizos y el de los señores” [3].
La fiesta de la Candelaria y la última novela
de Arguedas
La
participación de Arguedas en la fiesta, influyó de manera especial en el
proyecto de libro que venía trabajando sobre Chimbote, “El Gran Pez” que
reformulado se convertiría en “El zorro de arriba y el zorro de abajo”. El
encuentro con la fiesta de la Candelaria, a la vez que le provocó un
extraordinario entusiasmo, lo afectó emocionalmente.
“Yo había trazado ya una línea general
de mi nueva novela, pero el viaje a Puno me ha casi aniquilado. Increíble.
Recibí todo la voz, la presencia del hombre actual del altiplano y su inmensa
fuerza me enardeció y me dejó como exhausto. Es que llevo demasiados años de
intranquilidad. Pero si venzo las 2 o 3 obsesiones que todavía me agobian, haré
una gran novela” [4].
El
contradictorio efecto emocional de la participación de Arguedas en la fiesta de
la Candelaria, también se encuentra reflejado en otra de sus cartas:
"Hoy
estoy nuevamente luchando desigualmente; espero imponerme, me auxilia la gran
vida que recibí de los pescadores de Chimbote y las clases populares de Puno;
pero esa gran vida contrasta ahora con la aparente fragilidad de mi castigada
naturaleza" [5]
De
acuerdo a la correspondencia de Arguedas, “El Gran Pez” se proponía reflejar
los cambios sociales y culturales que la gran industria anchovetera provocaba
en los puertos de la costa como Supe y Chimbote, donde llegaban los migrantes
andinos. El plan cambia conforme Arguedas va profundizando el conocimiento de Chimbote
y particularmente luego de su visita a Puno, tanto porque actualiza el vigor de
su visión andina como por la crisis que le provoca el esfuerzo emocional
desplegado en su encuentro con la gran festividad.
“Había
empezado a escribir una novela hace tres años, o algo más. La formidable y casi
mortal experiencia de mi encuentro con Sybila, el descubrimiento del
inenarrable puerto pesquero de Chimbote, el contacto vivo con algunos pueblos
de la sierra, hicieron que cancelara el proyecto de esa novela. Hace unos dos
meses pude lograr, creo, el trazo nuevo definitivo, la concepción general nueva
del libro” [6].
Y esa nueva concepción general es la versión
definitiva de “El zorro de arriba y zorro de abajo”, libro en el que combina el
diario de su ruta hacia el suicidio, la narración del complejo mundo de
Chimbote y el dialogo de los zorros de la mitología andina; zorros que aportan
la razón andina, utópica, en la interpretación esperanzadora del complejo
“hervidero del Perú de nuestros días” que se reflejaba en la realidad de
Chimbote.
En la novela se encuentran también personajes
puneños de especial simbolismo, como el patrón de lancha de Yunguyo y los danzantes del Ayarachi que viajan con el gringo Maxwell quien se
mimetiza con los aymaras.
En la
pelea contra la muerte que libraba Arguedas, la visita de Puno tuvo un costo
emocional alto, pero a la vez fortaleció su mirada andina y mítica sobre la
realidad, aspectos que se reflejaron en la que quiso que fuera su última
novela, convencido, equivocadamente, que ya la del revólver era la “única chispa
que podía encender”. Pero la bala que lo
mató, no hizo mella en su extraordinaria trayectoria de escritor y amauta
andino.
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NOTAS
[1] Carta
del 9 de Enero de 1939 en “El Río y el Mar. Correspondencia JM Arguedas / E.A.
Westphalen”. Fondo de Cultura Económica. 2011.
[2] “La
otra capital del Perú”. Diario El Comercio. 12 de noviembre de 1967.
[3] “Las Danzas y el Cambio
Social en Puno”. Informe mecanografiado. Universidad Nacional Agraria La
Molina. 1967.
[4] Carta a John Murra del 20 de febrero de 1967. En “Las
cartas de Arguedas”. Pontificia Universidad Católica del Perú. 1996.
[5] Carta a Ortiz Rescaniere del 14 de
marzo de 1967. En “Recuerdos de una amistad”. José
María Arguedas. PUCP. 1996.
[6] Carta a Marcelo Viñar. Citado
por Sybila Arredondo en “El zorro de arriba y el zorro de abajo”. Edición
Crítica. Ediciones UNESCO. 1996.
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